Pervivir desde la identidad cultural

Pervivir desde la identidad cultural.
Una propuesta de empoderamiento diferencial desde el papel de las mujeres indígenas Nasa en contexto de ciudad

Survive From The Cultural Identity.

A proposal for differential empowerment from the role of indigenous Nasa women in a city context

Johana Ciro Calderón
IUESAL - Instituto Universitario de Estudios Sociales de América Latina
johanacirocalderon@gmail.com

Antonio Martínez Puche
Universidad de Alicante
antonio.martinez@ua.es

 

Recibido: 15/04/2018

Aceptado: 22/05/2018

Ciro Calderón, Johana; Martínez Puche, Antonio, 2018. Pervivir desde la identidad cultural. Una propuesta de empoderamiento diferencial desde el papel de las mujeres indígenas Nasa en contexto de ciudadCulturas. Revista de Gestión Cultural, 5(1), 72-92. doi https://doi.org/10.4995/cs.2018.9974

 

 

Resumen

Este artículo presenta una reflexión desde las experiencias de las mujeres indígenas del sur de Colombia, para aportar al diálogo y promover el entendimiento entre las diferentes miradas de los feminismos en construcción, surgidos de las comunidades de mujeres de América Latina, en especial el feminismo descolonial y el feminismo comunitario.

Este aporte se deriva del trabajo doctoral titulado Metodología de Empoderamiento Diferencial desde la identidad cultural y el desarrollo local de las mujeres indígenas Nasa del Municipio de Santiago de Cali, Colombia, que propone y desarrolla una metodología para el empoderamiento de las mujeres de esta comunidad, inscrita en los postulados de las epistemologías del sur y, en consecuencia, surgida desde y para las mujeres indígenas Nasa del sur de Colombia.

¿Cuáles son las bases conceptuales de esta estrategia de empoderamiento? ¿Cuáles son sus consonancias con los feminismos en construcción en América Latina? ¿Cuál es la propuesta metodológica de esta investigación? ¿De dónde parte y hacia dónde se dirige? Estas son las preguntas a las que se dará respuesta en el desarrollo de este artículo.

 

Palabras clave: Identidad cultural; Empoderamiento; Feminismos; Indígenas; Comunidad; Descolonial

 

Abstract

This article presents a reflection from the experiences of the south native women of Colombia, to contribute to the dialogue and promote the understanding among the different gazes of the feminisms under construction, arisen of the communities of women of Latin America, especially the descolonial feminism  and the community feminism.

This contribution derives from the doctoral work  titled Methodology of  Differential empowerment from the cultural identity and the local development of the Nasa native women  of the Municipality of Santiago of Cali, Colombia, that proposes and develops a methodology for the empowerment of the women of this community, inscribed in the postulates of the south epistemologies and, in consequence, arisen for the Nasa native women from the south of Colombia.

Which are the conceptual bases of this strategy of empowerment? Which are these consonances with the feminisms under construction in Latin America? Which is the methodological proposal of this investigation? Where does it go from and where is it going to? These are the questions that will be answered in the development of this article.

Keywords: cultural identity; empowerment; feminisms; native; community; de-colonial

 

INTRODUCCIÓN

Allí donde las mujeres tienen educación y poder, las economías son más productivas y sólidas. Allí donde las mujeres están plenamente representadas, las sociedades son más pacíficas y estables”. Ban Ki – Moon, Secretario General de la ONU.

Este artículo es producto del trabajo de investigación que durante cuatro años se realizó junto a las mujeres del cabildo indígena Nasa del municipio de Santiago de Cali y sus órganos de representación, el Cabildo Indígena Nasa de la ciudad de Cali, en Colombia.

Durante este tiempo, y en particular durante los últimos 22 meses, se realizó la  exploración del vasto universo de sentidos de este pueblo indígena; en la recuperación, a través de un ejercicio de recuperación la memoria histórica, del rol ancestral de sus mujeres, en la evocación de valientes representantes que como La Cacica Gaitana, reivindicaron desde siglos atrás el accionar político de la mujer indígena Nasa; explorando sus capacidades y limitaciones de cara al mantenimiento y fortalecimiento de la comunidad.

En el artículo se mostrará, en primer lugar, la genealogía de las luchas femeninas de esta comunidad, como precedente anclado a la memoria y en virtud del cual se teje su presente y su futuro, a la par que se sugiere, a través del tejido argumentativo, una caracterización del sistema de opresiones que ha determinado la subordinación de la mujer indígena Nasa dentro de su comunidad.

Es en el contexto de este conflicto, que surge entre las luchas de la mujer indígena Nasa y las opresiones de la que ha sido sujeta, que se plantea una estrategia de empoderamiento, que toma sus fundamentos de un pasado en el que ellas se han reivindicado en su rol de cuidadoras y preservadoras de la comunidad,  pasado desde el cual se proyectan a un futuro que les dé autonomía sobre sus cuerpos, sobre sus decisiones económicas y políticas, y sobre sus formas de participación dentro y fuera de su comunidad.

Esta estrategia, como se verá, puede ser leída en la misma clave de interpretación del feminismo descolonial y del feminismo comunitario, pues existen múltiples consonancias entre el presente trabajo y estos feminismos nacidos en América Latina. Es por esta razón que esta investigación quiere darse a conocer y asumirse como un altavoz más a la lucha de los colectivos de las mujeres de la región por la construcción de un pensamiento propio.

Esta metodología de Empoderamiento Diferencial se concibe como un organismo vivo, en continuo crecimiento y retroalimentación, como un árbol en el que cada parte tiene algo que proponer a las comunidades en el camino de reconocer y superar las opresiones que atraviesan.

Las raíces, que dan sustento, dan cuenta del pasado, ellas representan la posibilidad de estar anclados al presente, de recoger los nutrientes que la madre tierra ofrece para poder crecer y sostener nuestro tronco y ramas en el espacio. Por eso, para empezar a tejer una propuesta de empoderamiento, tendremos que empezar por preguntar ¿Quiénes fueron las mujeres ancestrales?

El tronco, que sostiene y que es el vehículo de ascenso hacia la luz, representa el presente, el aquí y el ahora que se ancla al pasado y desde el cual se proyecta el futuro. Por eso, para reconocer las opresiones y luchar desde condiciones materiales actuales por un buen vivir se debe preguntar ¿Quiénes han sido?, hoy, aquí y ahora.

Y las ramas y hojas, a través de las cuales el árbol busca la luz y condensa la energía necesaria para asegurar su pervivencia en el tiempo, así como la de su descendencia, son el futuro, el lugar de la posibilidad de inicio de un nuevo ciclo, pues al desprenderse del árbol y volver a la tierra, retroalimentan y dan continuidad a éste proceso que puede pensarse, en su totalidad, como una espiral: una línea en movimiento que se proyecta al espacio desde un centro y que a la vez permanece girando alrededor de su punto de origen.

Por eso, para imaginar un mañana, tendremos que preguntar ¿Qué quieren ser? ¿Cuáles son las ideas, proyectos y expectativas que quieren lanzar al espacio para que en el mañana sean el arraigo de la comunidad, de los hijas e hijos?

1. Fundamentos teóricos del Empoderamiento Diferencial

La conceptualización amplia que está a la base del Empoderamiento Diferencial es la de los debates de desarrollo en torno a las perspectivas del Sur Global y del Norte Global. Para el desarrollo de este trabajo investigativo se ha adoptado la perspectiva del Sur Global, que propone las ideas del Buen Vivir y de los Derechos de la Naturaleza “como una oportunidad para la construcción colectiva de una nueva forma de vivir” (Acosta 2010, p. 7).

En una mirada más detallada a los fundamentos conceptuales de este trabajo, se hace necesario destacar que a los postulados del Sur Global se articula el concepto de justicia epistémica. Una propuesta epistemológica basada en la singularidad de las comunidades indígenas que De Sousa (2009) define como:

La búsqueda de conocimientos y de criterios de validez que otorguen visibilidad y credibilidad a las prácticas cognitivas de las clases, de los pueblos y de los grupos sociales que han sido históricamente victimizados, explotados y oprimidos, por el colonialismo y el capitalismo globales. (p. 12)

Sus dos premisas fundamentales son:

1. La comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo. Esto significa, en paralelo, que la transformación progresista del mundo puede ocurrir por caminos no previstos por el pensamiento occidental, incluso por el pensamiento crítico occidental (sin excluir el Marxismo).   

2. La diversidad del mundo es infinita, una diversidad que incluye modos muy distintos de ser, pensar y sentir, de concebir el tiempo, la relación entre seres humanos y entre humanos y no humanos, de mirar el pasado y el futuro, de organizar colectivamente la vida, la producción de bienes y servicios y el ocio. Esta inmensidad de alternativas de vida, de convivencia y de interacción con el mundo queda en gran medida desperdiciada porque las teorías y conceptos desarrollados en el Norte Global y en uso en todo el mundo académico, no identifican tales alternativas y, cuando lo hacen, no las valoran en cuanto contribuciones válidas para construir una sociedad mejor (De Sousa 2011, p. 35).

Ideas muy similares subyacen a algunos de los postulados fundamentales del feminismo descolonial, pues como señala Yuderkys Espinosa en la entrevista de Francesca Casafina (2016):

Te diría que es una apuesta fundamental del feminismo descolonial la de descentrar esta producción de verdad que viene de la forma clásica que ha sido justamente impuesta por el programa moderno. Hay que reconocer la multiplicidad de saberes y de conocimientos que están más allá de los campos hegemónicos vistos como únicos campos de producción de saber. Por eso las feministas descoloniales queremos asestar un duro golpe a la colonialidad del saber y abrir el campo para reconocer y dar estatus válido a esos otros conocimientos sobre el mundo y sobre sí, que provienen de espacios no académicos o definidos desde las reglas del método científico occidental de producción de conocimientos de manera de contribuir a la recuperación de todos esos otros saberes desechados por la modernidad y por las instituciones de la modernidad en el tiempo contemporáneo. (p. 195)

De estos fundamentos teóricos se desprende que el trabajo de reflexión-acción que propone el Empoderamiento Diferencial implique el reconocimiento de la forma particular en que se ha vivido y sufrido (y se vive y se sufre) el sistema de opresiones en el cual desarrolla su existencia la mujer indígena Nasa, representado en la interseccionalidad de las desigualdades que sufre de forma cotidiana, en tanto género, pertenencia étnica y clase (entendida esta como el empobrecimiento al cual ha sido sometida). Es en este entender el mundo desde y para sí mismas, desde el propio dolor, las propias necesidades y las categorías identificables en la propia cultura, que surge esta propuesta para el desarrollo local de las mujeres indígenas de la comunidad indígena Nasa, asentadas en la ciudad de Cali, Colombia.

Debe entenderse pues, que la propuesta de Empoderamiento Diferencial se estructura a partir de un ejercicio de justicia epistémica y se articula coherentemente con las propuestas del feminismo descolonial surgido de las reflexiones de las mujeres latinoamericanas.

2. La mujer indígena Nasa: ¿Quiénes fueron las mujeres ancestrales?

Una preocupación transversal a todas las propuestas teóricas que trabajan por mantenerse al margen de la academia hegemónica es que los pueblos, colectivos y comunidades no occidentales creen sus propios conocimientos a partir de lo que saben de sí mismos, en ausencia de una mirada adoctrinadora venida de afuera, un saber creado desde una mirada que nace de sí mismos y se dirige hacia sí mismos, es decir, como fruto de un proceso reflexivo.

Pero este saber acerca de sí mismos no es exclusivamente del presente, ni una descripción del mundo en el que se vive hoy, aquí y ahora, sino que tiene como punto de partida el saber ancestral, que es legado de los  antepasados y que se instaura en cada ser humano en la marca de su ombligo: ese recordatorio material, grabado en el cuerpo, que recuerda que otras vidas, otros esfuerzos vitales y otras luchas antecedieron, da cuenta de la pregunta ¿quiénes fueron las ancestras? ¿Cuáles es su legado? ¿Cuál es la fuerza que reside en la memoria colectiva de la comunidad?

Para el feminismo comunitario la memoria es uno de los cinco campos de acción, junto con el cuerpo, el espacio, el tiempo y el movimiento, desde los que se teje la acción política y organizativa de las comunidades, como lo señala Julieta Paredes (2008):     

Entendemos esta categoría como las raíces de las cuales venimos, que son únicas, son propias de aquí, es toda esa fuerza y energía que construye nuestra identidad desde antes de nacer. Es la memoria la que nos enlaza con las antepasadas, es esa forma de la   vida que se ha dado en estas tierras que es irrepetible [...] podemos parecernos a otras pero hay cosas que son únicas, la memoria, entonces, nos va a llevar con sabiduría a hallar eso único y eso parecido. (p. 16)

Para la estrategia de Empoderamiento Diferencial que se presenta, la memoria es también un componente fundamental, pues constituye el punto de partida desde el cual las mujeres indígenas Nasa vuelcan la mirada hacia sí mismas, se reconocen en las luchas de sus antepasadas y se sienten ancladas al mundo a través de las raíces que ellas les dejaron en el mundo, en consonancia con esta idea del feminismo comunitario:

La memoria nos habla de dónde venimos, qué problemas, qué luchas se dieron en medio, cómo así́ las mujeres estamos donde estamos, nos habla de cómo antes también hubo mujeres rebeldes. Nos permite recoger a mujeres de nuestras comunidades en sus resistencias antipatriarcales y nos permite reconocer a las que hoy todavía están en las comunidades y valorarlas, algunas de ellas ancianitas, valorar sus aportes a nuestras luchas como mujeres. (Paredes 2008, p. 17).

La respuesta a la pregunta ¿quiénes fueron las mujeres ancestrales? es el aliento inicial a partir del cual la mujer indígena Nasa se reconoce como sujeta de lucha. Y es que las mujeres indígenas Nasa, ya desde los tiempos de la conquista, tuvieron un papel determinante como guerreras en la defensa de la vida de su pueblo y en la defensa de su territorio, tal es el caso de la Cacica Gaitana, quien con el apoyo de otras cacicas como Angelina Guyumus y más de 600.000 guerreros actuó en defensa de su pueblo frente a las masacres de los españoles, apenas 50 años después del “descubrimiento” (invasión) de América (López, 2008). Su legado es del todo fundamental para comprender la genealogía de las luchas de las mujeres indígenas Nasa.

Y fueron también las mujeres Nasa quienes en los años 70 empuñaron los bastones para la recuperación de sus tierras, luchas que se condensaron en la creación, del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), la organización indígena que se ha consolidado como la más fuerte del país desde su creación en 1971.

Desde entonces las mujeres indígenas Nasa han logrado escalar en los cargos de dirección y coordinación, y en 2007 por primera vez una mujer fue elegida como Consejera Mayor. Se trata de Aida Quilcué, quien en 2008 lideró la 'Minga de resistencia' que se tomó́ la vía Panamericana de la ciudad de Popayán hasta Cali, entre los departamentos del Cauca y del Valle del Cauca, y que con el apoyo de 45.000 indígenas se movilizó durante varias semanas hacia la capital del país, para exigir el cumplimiento de los acuerdos hechos por el Gobierno Nacional con los pueblos indígenas del Cauca.

Lo anterior, desde la perspectiva de la lucha política, pero también desde tiempos ancestrales las mujeres de la comunidad indígena Nasa se consideran a sí mismas como defensoras de la vida dentro de su territorio, así como de todo lo contenido en él: los animales, las plantas, el agua, el aire, la tierra, los sitios sagrados, los lugares en los que se ejercen las labores de cuidado, principalmente la casa, así como aquellos en los que se ejercen los derechos políticos, el arriba, el abajo y el en medio. Se entiende pues el territorio como aquel espacio contenedor de vida, en el mismo sentido en el que se concibe el espacio en los desarrollos teóricos del feminismo comunitario de Bolivia:

Para nuestras culturas, el espacio no es solo la extensión horizontal del suelo, tiene también otra extensión que es hacia arriba y hacia abajo. La lectura nuestra del espacio comprende estos dos sentidos, uno horizontal y otro vertical, como DOS ENVOLVENTES que tratan de abrazar e incluir todo lo que propicie la vida y que además nos dan las dimensiones respecto a donde se localiza la comunidad, desde donde nos hablan ellas y ellos y desde donde estamos hablando nosotras con la comunidad. (Paredes, 2008, p. 14)

Pero de la mano de esta genealogía de saberes, conquistas y reivindicaciones femeninas del pueblo Nasa, corre también una larga historia de opresiones, similares a las que han enfrentado durante muchos siglos millones de mujeres en todo el mundo. Ellas se han enfrentado históricamente a un sistema de opresiones que las discrimina por su género, posición socioeconómica y pertenencia étnica.

Estas distintas opresiones, que desde el punto de vista del feminismo descolonial deben ser vistas en su interseccionalidad y, en consecuencia, analizadas en la forma particular y acaso única en que influyen sobre la existencia de quienes las sufren, han sido determinantes para mantener un sistema de dominación patriarcal que ha colonizado la esfera social, económica, cultural y política de la mujer indígena Nasa. Como lo señala Yuderkys Espinosa:

Nosotras hacemos una revisión y reactualización de la mirada interseccional e intentamos avanzar más allá́ de eso en términos no solamente de pensar en una necesidad de articulación de género, raza, clase, sexualidad como cuestiones fundamentales de la opresión sino además de denunciar que todavía hace falta un cambio más en el sentido de construir una interpretación que permita superar la fragmentación de la opresión. ¿Qué sería la fragmentación de la opresión? Es la mirada categorial mediante la cual seguimos pensando en sistemas de opresión separados entre sí́ y que se articularían en una nueva sujeta particular, la sujeta interseccional, o sea la mujer indígena, negra, lesbiana, discapacitada, etc. (Casafina 2016, p. 192)

Es a partir del reconocimiento de este pasado de lucha de este sistema de opresiones que las limita en el desarrollo de múltiples esferas de sus vidas que se avanza en la estrategia de Empoderamiento Diferencial hacia la pregunta ¿Quiénes han sido?, hoy, aquí y ahora.

3. ¿Quiénes han sido hoy, aquí y ahora?: reconociendo la opresión

De forma intuitiva la noción de empoderamiento sugiere una toma de control sobre situaciones que en el pasado han determinado de forma negativa. Supone también, antes de entrar a operar activamente en el sujeto que quiere empoderarse, una toma conciencia de esta situación desfavorable.

Una vez allí situadas, en una especie de plano cartesiano de opresiones, y en posesión de unas ciertas coordenadas vitales que ayuden a entender el lugar que ocupa hoy y ahora en el mundo, tener la capacidad de preguntar si se quiere este lugar a uno mejor o, cuando menos, diferente. La sola posibilidad de imaginar este movimiento constituye ya un paso en dicha toma de control.

Esta concepción del propio lugar en el mundo, como un par de coordenadas en un plano cartesiano, en el que uno de los ejes representa el tiempo y otro el espacio es nada más ni nada menos que una representación, hegemónica si se quiere, del movimiento, de la posibilidad de ir de un punto a otro a voluntad.

Como se mencionó anteriormente, para el feminismo comunitario, tiempo, espacio y movimiento son tres de los cinco campos a través de los que se teje la acción política y organizativa de las comunidades (además del cuerpo y de la memoria). El movimiento, como es entendido en este desarrollo teórico, es signo inequívoco de vida.

El movimiento es una de las propiedades de la vida que se garantiza a sí misma la subsistencia, construyendo organización y propuestas sociales. El movimiento nos permite construir un cuerpo social, un cuerpo común que lucha por vivir y vivir bien. Si algo tiene vida se mueve, si algo se mueve tiene vida   

Esta categoría política nos va a permitir apropiarnos de los sueños y responsabilizarnos de nuestras acciones políticas como mujeres. Es la calidad de la vida que queremos. (Paredes 2008, p.15)

Así pues, el empoderamiento, desde esta perspectiva intuitiva, supone un proceso reflexivo alrededor de la posibilidad de moverse de un punto a otro, así como asumirse responsable de dicho movimiento y capaz de imaginar los múltiples puntos de ese plano cartesiano en los que se podría estar.

Ya desde una perspectiva teórica, la noción de empoderamiento que fundamenta esta investigación aparece en diferentes experiencias de los movimientos sociales de América Latina y emerge recientemente, en toda su dimensión y relevancia política, en los debates de desarrollo:  “se refiere al proceso de reflexión crítica y la toma de conciencia necesaria, con el fin de organizar la acción política y transformar relaciones desiguales de poder” (Cuadra y Montenegro, 2002, p. 1), es un proceso de reflexión crítica, de toma de conciencia de sus propios derechos, de sus capacidades e intereses, y de las relaciones desiguales de poder que viven las personas y los grupos sociales, así como al posterior fortalecimiento de sus capacidades, confianza, visión y protagonismo, para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven, e incluso, la organización política para transformar dichas relaciones.

Esta noción de empoderamiento debe pensarse de la mano con la de autonomía, definida como:

La capacidad y libertad de decidir, de dar la propia opinión y de actuar. (Se refiere a las relaciones previamente basadas en la subordinación, la opresión y la dominación). Y la     auténtica posibilidad para una mujer de definirse a sí misma, por sí misma y no como un apéndice de otros -sean estos el Estado, la iglesia, los partidos políticos o cualquier organización que reglamente la vida de las mujeres sin tomar en consideración su calidad de individuas y personas- ni como una función despersonalizada de la familia y la comunidad. (Delgado 2012, p. 12).

La autonomía y el empoderamiento pueden pensarse como procesos que ocurren en paralelo: mientras que la autonomía ocurre en el espacio individual, el empoderamiento aparece como la condensación de ésta, representada en acciones capaces de impactar la vida política de las comunidades. De acá que para propiciar procesos de empoderamiento es necesario trabajar en la construcción de la autonomía de las mujeres en distintos niveles: física, en la toma de decisiones, económica, cultural y espiritual.

En el desarrollo de esta investigación cada uno de estos aspectos de la autonomía (que explicaremos brevemente a continuación) fue evaluado a través de una serie de preguntas, en relación a cada una de estas categorías, en la llamada Encuesta de Caracterización Piloto en Emprendimiento, desarrollada con un grupo de mujeres del Cabildo indígena Nasa de Santiago de Cali, como se muestra a continuación:

  1. Autonomíasica, referida al respeto a los derechos reproductivos de las mujeres y a la no violencia de género, dimensión que el feminismo comunitario define como el campo de acción cuerpo:

Nuestros cuerpos son el lugar donde las relaciones de poder van a querer marcarnos de por vida, pero también nuestros cuerpos son el lugar de la libertad y no de la represión. (Paredes 2008, p. 12)

Preguntas de la encuesta

  1. ¿Quién hace las tareas en el hogar?
  2. ¿Quién toma las decisiones en su casa?
  3. ¿Qué tan fácil es para usted acceder a los servicios de salud, educación y capacitación para el trabajo, brindados por el Estado?

2. Autonomía en la toma de decisiones, , referida a la presencia de las mujeres en los distintos niveles de los poderes del Estado, y a las medidas orientadas a promover su participación plena y en igualdad de condiciones, categoría que en el feminismo comunitario es análoga al campo de acción movimiento: “El movimiento en otra de sus posibilidades ubica a la comunidad respecto a las relaciones de poder y las posibilidades de hacer realidad sus decisiones, hilos que con tácticas y estrategias las mujeres de la comunidad van enlazando”, (Paredes 2008, p.12).

  1. ¿Cómo toma sus decisiones frente a sus votos en elecciones públicas?
  2. ¿Qué considera usted que es participar en política?
  3. ¿Cuál es su forma de participación en los espacios políticos de la organización de su comunidad?

 

3. Autonomía económica, es decir la capacidad de las mujeres de generar ingresos y recursos propios, a partir del acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres, que en el feminismo comunitario se entiende desde el campo de acción tiempo:                                    

Las concepciones de los tiempos en el Patriarcado han planteado que lo que ocupa al hombre, o sea el tiempo del hombre, como más valorado, haga lo que haga el hombre, difícilmente para la sociedad, él está perdiendo su tiempo. Los tiempos de las mujeres, en vez, son tomados como trabajo de segunda, no tan importantes y por eso se paga menos y fácilmente salen expresiones como: las mujeres no hacen nada, las mujeres pierden su tiempo. (Paredes 2008, p.15)

  1. ¿A nombre de quién están escrituradas las propiedades?
  2. Porcentaje de mujeres que cuentan con servicios públicos y sociales
  3. ¿Cuál es su ocupación principal?
  4. ¿En qué temas ha recibido formación?

 

4. Autonomía cultural y espiritual, referida a la capacidad de promover su identidad, sin temor a ser rechazadas por la misma, categoría que encuentra consonancia en el feminismo comunitario en los campos de acción de cuerpo y memoria:              

Como mujeres, lo primero que queremos evidenciar es que nuestros cuerpos son sexuados, esto está́ a la base del concepto mismo de nuestros cuerpos, sobre esta base después ya vienen las otras diferencias y diversidades, como los colores de piel, estatura, grosor etc. Se comprende aquí́ las características que hacen a las distintas razas, etnias y pueblos de la humanidad. Nuestros cuerpos tienen la piel como el límite individual y levantamos fronteras cuando así́ lo decidimos por ejemplo ante la violencia el racismo o la discriminación. (Paredes, 2008, p. 12)

La memoria nos cuenta de los saberes de nuestras abuelas y tatarabuelas valiosos aportes técnicos, biotecnológicos y científicos que ellas hicieron a nuestros pueblos y a la humanidad. Saberes en las construcciones de las casas, la seguridad alimentaria, la alimentación sana, la confección de las ropas, la educación y crianza de las wawas, la música, la poesía. En fin, toda la riqueza de conocimientos de nuestras ancestras que hoy tenemos que recuperar y por nuestra parte también producir otros conocimientos para el futuro feliz de nuestros pueblos. (Paredes 2008, p.17)

  1. ¿Cómo considera que debe ser la educación propia como pueblos indígena Nasa?
  2. ¿Cuál religión practica?
  3. ¿Cuáles prácticas de medicina tradicional utiliza? (partera, sobandero, yerbatero, médico tradicional, ritual limpieza o baños, otro
  4. ¿Cuánto tiempo hace desde la última vez que utilizó la medicina tradicional?
  5.  ¿De los siguientes productos ¿cuáles hacen parte de su dieta de manera regular?

 

Algunos de los hallazgos más llamativos de esta etapa de la investigación referidos al reconocimiento del sistema de opresiones que atraviesan a la mujer indígena Nasa son:

  1. Baja autonomía física, pues no pueden ir con facilidad de un lado a otro, con un consecuente riesgo de aislamiento.
  2. Son responsables en su mayoría de las tareas del hogar, sobre todo las relacionadas con la alimentación y la limpieza.
  3. Bajo nivel de ingresos, con la consecuente incapacidad para asumir posibles costos asociados a su recreación o a procesos formativos.
  4. Baja o nula capacidad de endeudamiento para acceso a créditos.
  5. Poca información y formación sobre la existencia, uso y acceso a fuentes de financiación locales, nacionales e internacionales para grupos en situación de vulnerabilidad.
  6. Un alto porcentaje de las encuestadas considera que su opinión no es suficientemente valorada.
  7. La falta de educación y la falta de tiempo son referidos como los principales obstáculos para participar de forma activa en política.
  8. Bajo nivel de información sobre política y sobre los principios de las organizaciones a las cuales pertenecen.
  9. Baja prevalencia en la dieta de alimentos característicos de la cultura Nasa.

A partir del reconocimiento de este aquí y ahora la estrategia de empoderamiento se traslada al plano de la capacidad de imaginar y soñar nuevas posibilidades vitales a través de las preguntas ¿Qué se quiere ser? ¿Qué se quiere que sean sus hijas?        

4. ¿Qué se quiere ser? ¿Qué se quiere que sean las hijas?

Después de saber cuál es el propio lugar en el mundo, es posible considerar el lugar hacia el que se quiere mover, paso que comporta no solo imaginar lo que se quiere ser en ese lugar futuro, como el árbol que proyecta sus ramas hacia arriba en busca de la luz, sino además planear acciones que permitan ese movimiento y que lo conviertan en acciones en pos de algo deseable.   

Para la puesta en marcha de la estrategia de empoderamiento, sintetizada en un conjunto de acciones, se usaron algunas metodologías de innovación social desarrolladas a través de los siguientes ejercicios:

1. Taller piloto de formación en emprendimiento para el empoderamiento económico (combinación de clases magistrales y trabajo grupal con la metodología de círculo de mujeres)

Se trató de un ejercicio de emprendimiento con 20 mujeres del cabildo Nasa que pensaron, desarrollaron y estructuraron sus ideas de negocio, basadas en sus propios conocimientos y en las tradiciones de su pueblo, con el fin de consolidar un plan de negocios para promover su autonomía económica. Como resultado de este proceso, se conformaron grupos de trabajo en tres cooperativas:

  1. Las Gaitanas: confección y tejido de prendas únicas, que conservan la identidad ancestral del pueblo Nasa.
  2. Empanadas Sol Nasa: empresa dedicada a la elaboración de comidas rápidas basadas en elementos tradicionales de la gastronomía del pueblo Nasa.
  3. Chicha El Maíz: empresa dedicada a la elaboración y distribución de esta bebida ancestral, con la mejor calidad de maíz.                 

2. Taller de expertas         (Combinación de árbol de problemas y objetivos con la pecera )

Este taller se planteó como un ejercicio de cosecha a través del cual se recogieron las ideas de las participantes acerca de los obstáculos que creen que les impiden conseguir la autonomía física, económica, en la toma de decisiones y espiritual y cultural, así como las potencialidades que advierten en sí mismas y en su comunidad para el avance.

Fue reiterativa, por ejemplo, la idea de que hay una escasa divulgación de los saberes ancestrales y una fuerte preocupación por la pérdida de su lengua nativa, pero también se cosecharon potencialidades para la consecución de la autonomía, basadas tanto en lo individual como en lo colectivo, como por ejemplo el hecho de haber ganado, en los últimos años, espacios importantes en los medios de comunicación, así como alimentar constantemente la conciencia de que las mujeres pueden y deben ser líderes, y de que ellas son las guardianas de la cultura.

Fig. Nº. 1. Facilitación gráfica del taller de expertas.

3. Taller Café Ciudadano (Metodología World Cafe )

En el contexto de una de las asambleas del Cabildo Indígena Nasa del Municipio de Cali, se desarrolló un ejercicio de observación participante, con el propósito de ahondar en el conocimiento de las formas de participación de los miembros de la comunidad y su capacidad y alcance para reflexionar, analizar, negociar, construir e incluso exponer su pensamiento político, para fortalecer su identidad cultural y promover sus derechos culturales.

Para guiar el desarrollo de este taller se organizó a los participantes por mesas y se les plantearon estas cuatro preguntas generadoras:

  1. Teniendo en cuenta que la nación está compuesta por el territorio, la comunidad una cultura un idioma propio, los usos y costumbres y que estamos retomando nuestra ancestralidad, de un gobierno propio, ¿considera que la comunidad Nasa puede llegar a configurarse como una Nación?
  2. Desde mi rol de ser Nasa en contexto de ciudad, ¿qué significa ser ciudadano colombiano?
  3. Dentro de la cultura Nasa, ¿qué me hace fuerte frente a otras culturas (desde mi rol)? ¿Cuál es mi compromiso para perpetuar esas fortalezas?
  4. ¿Qué cosecha personal me llevo?   

También en este ejercicio se hizo una cosechaa través de la cual se identificaron ideas muy poderosas, como por ejemplo que los Nasa se reconocen como un pueblo capaz de conformar su propia nación porque se sienten unidos, tienen una lengua común, tienen sus propias leyes y su propio territorio.

De acuerdo con los planteamientos teóricos del Empoderamiento Diferencial, a través de esta clase de ejercicios colaborativos, los miembros de la comunidad pueden reconocerse como sujetos capaces de emprender acciones en diferentes dimensiones, analizar el origen de sus opresiones, y desde allí vislumbrar soluciones para construir un futuro conectado con el pasado de su comunidad.

La puesta en marcha de estos tres procesos completa el ciclo de la primera etapa de la estrategia de Empoderamiento Diferencial para las mujeres de la comunidad Nasa que, desde lo teórico, parte de una propuesta de desarrollo local, que parte de un autodiagnóstico, que nace en las mismas comunidades para solucionar sus necesidades materiales, espirituales y políticas.

Es en estos espacios, construidos en lo comunitario y en los que se teje la vida propia y la colectiva, que los grupos vulnerables pueden reconocerse a sí mismos y empezar a ver su propio valor en cada uno de las acciones que día a día desarrolla en su papel de miembro de la comunidad.              

5. Reflexiones finales

El mundo atraviesa por un momento histórico que desde determinada perspectiva podría ser descrito como el auge y ascenso del feminismo, campañas globales hipermediatizadas, como el movimiento #MeToo han logrado un impresionante despliegue discursivo (y este, sin duda, debe considerarse uno de los grandes logros del movimiento) al punto de que se ha creado la sensación, al menos en el mainstream, que ese feminismo al que desde los estudios descoloniales se reconoce como feminismo occidental, blanco y burgués , es el único feminismo, y que sus reivindicaciones y luchas son comunes a todos los colectivos de mujeres del mundo.

Esta tendencia viene fortalecida ya desde tiempo atrás en la academia, pues históricamente se han invisibilizado aportes que no se refieran a ciertas clases de feminismo (especialmente el occidental), e incluso dentro algunas formulaciones inscritas en el grupo de estudios conocido como Epistemologías del Sur, cuyo fundamento es crear conocimiento desde y para las mismas comunidades en oposición o al margen de los dogmas capitalistas y neoliberales, en relación a sus necesidades, su historia y su conocimiento ancestral, es evidente la ausencia de postulaciones acerca del género y, en consecuencia, no se evidencian los aportes de mujeres latinoamericanas a la construcción de un pensamiento propio. Tal y como lo señala Breny Mendoza (2012):

No obstante, sometida a un escrutinio feminista esta nueva corriente de pensamiento latinoamericano revela aún grandes limitaciones en su comprensión del lugar que ocupa el género en su objeto de investigación. Es notoria a su vez una ausencia de referencias a escritos feministas procedentes de América Latina. Este hecho quizá no deba sorprender, puesto que la gran mayoría de los autores de esta nueva corriente son hombres latinoamericanos, blancos y mestizos, heterosexuales y de clase media. Llama sin embargo la atención que cuando se hace un gesto hacia el feminismo se haga pensando exclusivamente en feministas chicanas como Gloria Anzaldúa o Chela Sandoval, y no en el feminismo latinoamericano. Esta omisión amerita nuestra atención y reflexión. (p.33)

Una consecuencia negativa y poco deseable de este exceso de mediatización y teorización sobre el feminismo occidental, es que se ignoren e invisibilicen realidades, acaso tan obvias, como que el feminismo no es uno solo, ni una teoría acabada, tampoco un destino único deseable para todas las mujeres del mundo, sino que, al contrario, existen muchos feminismos, en permanente construcción, surgidos no solo de las diferencias innegables de origen étnico,  pertenencia cultural, ubicación geográfica, condiciones de pobreza, etc., sino además, emanados de diferentes tipos de opresiones que se intersectan y configuran muy diversas realidades para las comunidades de mujeres del mundo.

Como anota Julieta Paredes (2008), representante del Feminismo Comunitario boliviano:                                   

El feminismo en occidente responde a las necesidades de las mujeres en su propia sociedad, ellas desarrollaron luchas y construcciones teóricas que pretenden explicar su situación de subordinación. Al instaurarse en el mundo relaciones coloniales, imperialistas y transnacionales, estas teorías se convierten en hegemónicas en el ámbito internacional, invisibilizando así́ otras realidades y otros aportes (Paredes, 2008).

También en relación con este feminismo hegemónico, Gargallo (2012) describe:

Un feminismo que no construye autonomía sino [que] pide equidad, asimilando el mundo masculino, en el contexto de occidentalización acelerada del mundo. [Que] se pliega a algunas directrices de algunas políticas publicas globales, tendientes a forzar a todas las mujeres a una supuesta liberación individual; eso es, impulsando la masculinización de     sus intereses en el ámbito público, dentro del sistema capitalista publicitado corno "el único sistema que funciona". (p. 44)

Pero es de las diferencias innegables entre los cientos de colectivos de mujeres del mundo que han surgido otros feminismos que, aunque menos discutidos en la academia y menos mediatizados, reivindican el rol que juegan las mujeres, por ejemplo, como protectoras de la naturaleza y conservadoras del acervo genético, tal es el caso del ecofeminismo promovido por Vandana Shiva, quien afirma que “la vida es gracias a las mujeres que han luchado por la comunidad, la sociedad y las nuevas generaciones” y que “permitir la expropiación de la materia prima que nos ofrece la naturaleza es dejar sin voz a todas las mujeres que lucharon por ello” o por la ecofeminista uruguaya Gladys Parentelly, quien plantea que “fueron mujeres, desde fines del siglo XIX, las pioneras y teóricas de la protección del medio ambiente” y que  “la ética ecofeminista impulsa nuevas actitudes y conductas con el objetivo de lograr cambios en la cultura vigente, cultura que se basa en relaciones androcéntricas” (Parentelly 2005, p.111).

Para visibilizar otros feminismos, otras conquistas de las mujeres que desde América Latina están pensando su propio feminismo, es necesario empezar por reconocer que estos surgen de otras interpretaciones y apropiaciones del mundo, de otras realidades, otros contextos, otras necesidades y otras aspiraciones y sueños femeninos.

El feminismo descolonial y el feminismo comunitario son dos de las propuestas teóricas y políticas más influyentes que han surgido durante las últimas décadas desde los colectivos de mujeres de América Latina. Estas teorizaciones tienen en común su propósito de distanciarse, tanto en lo conceptual como en sus reivindicaciones políticas, del llamado feminismo occidental.

También tienen en común el haber surgido al interior de colectivos de mujeres que en América Latina se han dado a la tarea de pensar su realidad y de construir un pensamiento propio, desde sí y para sí, en acuerdo no solo a su realidad cultural, social y política, sino también a sus sueños y prospectivas de futuro.

Comparten además la característica de ser desarrollos que se oponen al sistema capitalista patriarcal, al neoliberalismo y a la tecnocracia de género , razón por la cual no atraen la atención del mainstream académico y mediático, como tampoco de las agencias de cooperación internacional.

En atención a estos poderosos llamados, uno desde el lado del feminismo descolonial para producir teorías propias, reconocer las opresiones particulares y propiciar un diálogo académico que posicione a los feminismos de América Latina; otro desde el lado del feminismo comunitario, para promover e impulsar los propios procesos de cambio, desde nuestra ancestralidad, historia, coyunturas y sueños, presentamos este aporte, surgido de un largo proceso reflexivo, condensado en acciones tendientes al empoderamiento de las mujeres indígenas de la comunidad Nasa del Sur de Colombia, un nuevo impulso creador, herencia del carácter matriarcal que estuvo en el origen de este pueblo, de la fuerza de las ancestras que sigue manteniéndose y reaparece en las nuevas generaciones de mujeres Nasa, quienes hoy en día son las cabezas visibles de la organización política de la comunidad en la ciudad de Cali.

Así como las mujeres indígenas Nasa luchan durante la conquista por proteger el territorio, así como caminan en los 70 por el reclamo de sus tierras, así como dan paso a paso junto a Aida Quilcué durante la Minga de Resistencia del 2008, hoy se debe seguir caminando juntas para deconstruir los discursos dominantes que invisibilizan los saberes. En ese espíritu se reciben los aportes de las feministas latinoamericanas y, a la vez, se entrega la experiencia para sumar a ese otro camino, desafiante y lleno de posibilidades, de construcción para pervivir desde la identidad cultural de las mujeres indígenas Nasa en contexto de ciudad.

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NOTAS

Se toma como marco conceptual inicial, el propuesto por el Observatorio de Igualdad de Género de la Cepal (2015) que propone conceptos e indicadores en relación a tres autonomías básicas: física, económica y en la toma de decisiones. En los resultados del trabajo doctoral se propone una extensión de la autonomía física dentro de la cual se considere la autonomía emocional de las mujeres, así como la cultural y la espiritual.

Metodología de innovación social a través de le cual se busca visualizar problemas o dificultades de procesos en marcha y corregirlos a tiempo.

Esta metodología consiste en propiciar discusiones sobre asuntos centrales de las comunidades o grupos en un entorno de calidez, camaradería y tranquilidad, similar al que se da en los espacios de las cafeterías, en donde las personas charlan de manera amigable sobre temas muy diversos —muchas veces de carácter político—.  Fue desarrollada en 2005 por los mexicanos Juanita Brown y David Isaacs.

Autoras como María Lugones, Ochy Curiel, Breny Mendoza y Yuderkys Espinosa, entre otras, han abordado a fondo, desde la propuesta del feminismo descolonial, una aproximación crítica a este feminismo, que revindica principalmente la ‘equidad de género’ o la superación de la ‘desigualdad de género’. También desde el feminismo comunitario boliviano, Julieta Paredes problematiza dicha noción (la mal llamada ‘equidad de género’).          

Se entiende por tecnocracia de género todas aquellas políticas gubernamentales dirigidas a conseguir la llamada ‘equidad de género’, cuyo éxito o fracaso se mide en torno a indicadores, cifras, estadísticas y cuotas de participación política femeninas, mediante las cuáles, en teoría, se impulsaría el ‘cierre’ de la brecha entre hombres y mujeres.

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