Instrumentos de la educación artística para la transmisión del conocimiento científico y apropiación de la identidad: caso Monte Verde, Chile.

Instrumentos de la educación artística para la transmisión del conocimiento científico y apropiación de la identidad: caso Monte Verde, Chile
Instruments of artistic education for the transmission of scientific knowledge and appropriation of identity: Monte Verde case, Chile.

Liliana Ili Raimillla

Programa Doctorado Industrias de la Comunicación y Culturales Universidad Politécnica de Valencia.
Gte. Proyecto Turismo Paleoarqueológico Pilauco-Monte Verde Universidad Austral de Chile.
Chile.

Recibido: 07/04/2018

Aceptado: 13/05/2018

Ili Raimillla, Liliana, 2018. Instrumentos de la educación artística para la transmisión del conocimiento científico y apropiación de la identidad: caso Monte Verde, Chile. Culturas. Revista de Gestión Cultural, 5(1), 1-22. doi https://doi.org/10.4995/cs.2018.9923

 

Resumen

El presente documento tiene por objetivo dar a conocer el resultado de la aplicación de instrumentos de la educación artística como contribución en la educación de la investigación científica del sitio arqueológico Monte Verde en Chile, en la comunidad rural que lo alberga, además del fortalecimiento de su identidad relacionada al hallazgo. Estas técnicas han estimulado la asociatividad, el aprendizaje práctico e identificación de los habitantes con el territorio.

La metodología se construye desde elementos culturales que propiciaron un aprendizaje práctico, desconocido e interesante para una comunidad aislada y anónima. Se establece un equipo multidisciplinar de profesionales de la Universidad Austral de Chile, quienes logran educar los contenidos del hallazgo a través de estas técnicas, en favor de fortalecer un vínculo con los elementos patrimoniales del territorio.

Palabras clave: educación; patrimonio; identidad; arqueología; paleontología; didáctica; ciencia.

Abstract

The purpose of this document is to disseminate the result of the application of artistic education instruments as a contribution to the teaching of scientific knowledge research at the Monte Verde archaeological site in Chile, to the rural community that houses it, as well as to foster their identity with the discovery of this territory. These instruments have stimulated associativity, practical learning and identification of the inhabitants with the territory.
The methodology is based on cultural elements that facilitated an unknown and interesting learning for an isolated and anonymous community. A multidisciplinary team of professionals from the Universidad Austral de Chile is established in the territory, who manage to transmit the contents of the discovery through these techniques, in favor of strengthening a link with the patrimonial elements of the territory.

Keywords: Education; heritage; identity; archeology; paleontology; didactic; science.

 

    1. Introducción

El sitio arqueológico Monte Verde, es un asentamiento humano descubierto a mediados de 1970 en Chile, por el antropólogo estadounidense Tom Dillehay, cuya conservación de artefactos culturales corresponde a dataciones de presencia humana entre 33.000 y 12.500 años AdP, derribando la teoría denominada Clovis (Dillehay, 2004) y cambiando por completo la teoría del poblamiento americano.

Desde 1932 el sitio Clovis en Nuevo México, Estados Unidos, es considerado el primer asentamiento americano que persistió aproximadamente 200 años (Pino, 2017). La teoría apuntaba que el hombre habría cruzado el estrecho de Bering, bajado el nivel de las aguas en la era del hielo. Sin embargo, Monte Verde es un sitio 1 500 años más antiguo, ubicado a unos 8 500 kilómetros al sur del sitio original Clovis (Pino, 2017). Producto de las investigaciones de Dillehay, Clovis no explica el poblamiento. Correspondiendo Monte Verde al asentamiento humano descubierto más antiguo de América, entregando un pilar fundamental para el estudio de la historia del continente.

Pasados cuarenta años desde su descubrimiento, Monte Verde no posee un plan de manejo establecido ni un lugar de conservación de los hallazgos encontrados, los que están resguardados en bóvedas de almacenamiento de la Universidad Austral de Chile en la región de Los Ríos, Valdivia (región distinta a donde se encuentra el yacimiento). Paralelamente el terreno en donde se encuentra la mayor excavación no es de propiedad del Estado de Chile, encontrándose en posesión de un privado, lo cual coarta significativamente las posibilidades de gestión. Sólo fue declarado monumento histórico en el año 2008 por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile (Decreto n° 425, 2008), lo cual ha propiciado escuetas acciones de resguardo del patrimonio a pesar de los esfuerzos de científicos y educadores del mundo académico.

Esta compleja situación difícil de resolver por parte de científicos, ya que representa un problema inminentemente político administrativo, coexiste con la misma comunidad rural que ha albergado al sitio desde su descubrimiento; personas que sin comprender bien su connotación científica sienten curiosidad por el territorio en el que viven y especulan respecto a su dinamización para una mejor calidad de vida. En algunos casos una realidad común en América Latina, ya que muchas familias que viven en entornos rurales patrimoniales carecen de condiciones primarias de salud, empleo estable, vivienda, entre otros como es el caso de Monte Verde y por sobre esta realidad, la gestión del patrimonio no es un tema de primera importancia para las comunidades.

Esta situación precisa que la sostenibilidad y apropiación del patrimonio se transmita a través de la integración de los valores patrimoniales hacia las comunidades, identificando sus necesidades de desarrollo (García, 2009), cobrando mayor importancia la comunidad como motor de apropiación del hallazgo, que el hallazgo como protagonista impulsor de una comunidad. Lo cual parece pertinente dadas las condiciones actuales del sitio y no existiendo un hito físico (museo, sala museográfica, museo de sitio, etc). Por lo cual esta comunidad formada principalmente por adultos mayores, pequeños agricultores y sus hijos, todos vinculados a la escuela rural y agrupación vecinal del sector, sería con la cual el equipo de la Universidad Austral de Chile trabajaría como principales beneficiarios en torno a acciones vinculadas a la interpretación del patrimonio y desarrollaría el proyecto “Diseño y puesta en valor del circuito turístico integrado de los sitios Monte Verde y Pilauco de la región de Los Lagos” del cual es fragmento este documento.

Se identificó que uno de los principales problemas era la poca pertenencia por parte de estos habitantes con el sitio arqueológico, dada la falta de identificación simbólica con los procesos históricos de la comunidad desde el descubrimiento. Por tanto, fue preciso buscar instrumentos culturales de transmisión y ampliación del conocimiento del territorio histórico en el que se desenvuelven estas personas, para generar primeramente espacios de reconciliación entre el individuo y el bien patrimonial (Vives, 2009), dados los antecedentes de descuido en el que se encuentra el sitio y posteriormente, espacios didácticos de información científica la cual es comprendida por la comunidad con dispersión, haciendo muy difusa la información.

Convergen entonces dos conceptos relacionados: memoria e identidad. Entenderemos que “la identidad esta fundamentalmente ligada a la memoria y a la percepción histórica y la memoria como conocimiento en el tiempo, imprescindible para la articulación de la comprensión histórica” (Vives, 2009). Frente a estos dos conceptos se aborda la educación patrimonial con la comunidad como eje central, y desde un paradigma participacioncita e integral en donde los habitantes son parte de los mecanismos de gestión (García, 2009). No obstante, deben conocer y educarse en el territorio patrimonial e histórico en el que viven, ya que sin este conocimiento de su historia no hay memoria y sin memoria no hay identidad.

Organismos internacionales como la UNESCO han destacado las potencialidades de la educación artística, como el desarrollo de valores ciudadanos, el aporte a la igualdad de género, la valoración de la diversidad, el conocimiento de la propia identidad cultural y la promoción del diálogo entre culturas, además de otros aspectos como las dimensiones terapéuticas que puede alcanzar una experiencia con el arte (CNCA, 2016).

¿Cómo transmitir el conocimiento científico y fortalecer la apropiación de un territorio en un lenguaje simple para que lo entiendan sus habitantes?

    2. Metodología

 

      • Observación

Para recopilar características del grupo, fue preciso aplicar el método de observación participante, fundamentada en los criterios de Corbeta (2007), considerando los siguientes razonamientos: cuando se sabe poco del fenómeno determinado, cuando existen diferencias entre lo percibido externamente en relación con el grupo social y con las percepciones internas de los propios sujetos y cuando el fenómeno se oculta deliberadamente a las miradas de los extraños (Corbetta, 2007).

Teniendo en cuenta este principio, la observación cumplió un determinado rol social dentro del grupo de estudio para acceder a determinados tipos de información y adoptó un rol activo dentro de las acciones desarrolladas para el proyecto, sin embargo, aunque se participó como equipo profesional en las dinámicas del fenómeno observado, la actividad que predominó fue siempre la observación (Vallés, 1997).

      • Definición público objetivo, fundamentación y selección de facilitadoras

Durante años, las campañas de exploración arqueológica del doctor Tom Dillehay en Monte Verde han contemplado participación de lugareños, contactados para apoyar en tareas logísticas como asistencia en la excavación, entrega de alimentación, facilitación de servicios básicos. Por tanto, la observación evidenció que algunos lugareños estaban familiarizados con el hallazgo, desde la ejecución de labores aisladas de la ciencia y por esto se presentan receptivos a la realización de actividades. Este antecedente define que el primer acercamiento sería a través de la escuela rural del sector, ya que genera un vínculo mayor con la comunidad, por los cuidados que lugareños entregan a la escuela. En las primeras actividades de socialización, asistieron apoderados de la escuela, niños y niñas.

Se concluye que el público objetivo en el cual se basaría la observación y la aplicación de instrumentos de la educación artística, serían madres y mujeres jefas de hogar, sus hijos e hijas y mujeres que sientan interés. La baja o nula participación del público masculino corresponde a las faenas que estos hombres cumplen en el sector rural.

Considerando que estas mujeres, la mayoría adultas mayores, no podían exponerse a grandes esfuerzos físicos, se pensó en generar competencias técnicas para el desarrollo de artefactos orientados a turistas que ellas pudieran elaborar y con los que recrearse en el tiempo libre. Además, las edades bordeaban entre 30 y 65 años, por lo que se pensó en elementos trasversales del mundo de la cultura y educación artística, y de esta manera usar tiempo libre, proveer descanso, disfrute y cumplir con el objetivo de utilizar estos elementos como vehículos de transferencia del conocimiento científico. Surge la idea de implementar cursos de telar tapiz, como herramienta para interpretar la investigación científica. Si bien el telar tapiz, o llamado precolombino, no era una técnica “heredada” o identitaria del territorio en particular, sí funcionaba perfectamente como una herramienta de transferencia, dado el método de trabajo, que consiste en urdir un telar sobre una imagen y tejer sobre ella.

En el caso de los niños se pensaron recursos didácticos de transferencia, que se disociaran de técnicas utilizadas en aula, sumado a que la ejecución de estas actividades sería en época estival, lo que supondría un estímulo durante el tiempo libre en vacaciones. Esto generaría una estrategia donde se podían fusionar ciencia, tecnología, cultura y artes para la comprensión de los hallazgos.

Observado el territorio, se buscaba aplicar experiencias pedagógicas que lograran divulgar la teoría en un escenario práctico. Se comienzan a formular los talleres y sus metodologías de trabajo, en principio investigando sobre especialistas en el desarrollo de instrumentos de la educación artística que conocieran el territorio.

A través del registro nacional de artesanía que posee el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, organismo que se encarga de certificar el valor cultural genuino de cada cultor, se seleccionó a Viviana Rantul Bahamonde, asistente social que reside en la región y que durante años se ha dedicado a la textilería con enfoque de género. Posterior a los criterios de selección de la facilitadora en telar tapiz y reunido el equipo con esta, se determina la metodología de trabajo y se procede a implementar el taller.

En relación con los niños a través de la educación artística podrían acceder progresivamente al aprendizaje y lograrían conectarse con sus intereses particulares y grupales, mediante la participación en juegos proyectados. De esta manera, se podría incorporar la información científica a través de los beneficios de la creatividad, de forma que percibirían un aporte para la comunidad e individualmente.

Un recurso fue buscar metodologías educativas que modificaran el planteamiento tradicional que ha desplazado los programas artísticos, entregándoles un nuevo lenguaje de comunicación afectiva y efectiva (García-Huidobro 2004), que los relacione creativamente con su entorno, y así formar un criterio ampliado del conocimiento de Monte Verde.

Se tomó contacto con la profesional Loreto Zambrano Astete, licenciada en Artes Plásticas, con mención en Escultura, además diplomada en Gestión Cultural y Patrimonial, quien durante años se ha dedicado al desarrollo de las artes en el interior del sistema educativo, en todo tipo de contextos.

…Lo más importante del taller tiene que ver con valorar donde están insertos niños y niñas en la comunidad en general, que se apropien de su identidad y que se apropien del territorio desde el conocimiento de sí mismos, al reconocimiento del entorno...

Loreto Zambrano
Experta en educación artística

Con ambas profesionales embarcadas en la misión de transferir este conocimiento a través de sus especialidades en educación artística, se sugiere incorporar un tercer facilitador. Ya se comprendía cómo transferir el conocimiento a través del mundo de la creatividad en los niños y se intuía que el mundo de la visualidad desarrollado por el telar tapiz sería un elemento beneficioso para las mujeres; sin embargo se concebía la necesidad de un factor de identificación directo con estas, es decir, alguien que viviera cercana a la tierra como ellas, labrara la tierra como ellas, cuidara de sus hijos como ellas y desarrollara alguna técnica portadora de tradición del territorio, que pudiera extender un factor de distinción mayor, de forma que se transfiriera la experiencia y se suscitara un grado de empatía superior con el territorio. De esta manera vincularlas a los valores culturales más cercanos en su entorno social (García, 2009).

En Chile desde el año 2009, se reconoce a personas y comunidades portadoras de manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial, esto busca generar procesos de mediación cultural para transmitir expresiones del patrimonio y favorecer el intercambio con sus cultores (CNCA, 2017). Por consiguiente, se buscó a una artesana en la elaboración de cestería exclusivamente con fibra de junco, que perteneciera a la provincia de Llanquihue y fuera reconocida por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, para enseñar un saber coherente a la identidad territorial, por lo tanto, cercana al territorio de Monte Verde. La fibra debía estar presente ya que se encontraba también en la investigación científica. Se contacta, entonces, a Eduvina Mancilla, cultora y portadora de tradición de la localidad cercana de Huelmo, a pocos kilómetros de Monte Verde. En la búsqueda de este tercer facilitador fue preciso sostenerse en uno de los hallazgos de Monte Verde: Juncus Procerus. Una planta de pantano que se encuentra en zonas abiertas, prados húmedos o pantanos poco profundos. En el hallazgo, se encontraron fragmentos entre los que había frutos, tallos, flores y rizomas. Esta era una planta utilizada para fabricar cuerdas y anudar estacas hace aproximadamente 15 000 años (Dillehay, 2004). Actualmente, se utiliza para elaborar cestería. Dado este antecedente, en la naturaleza actual y en los hogares de estas mujeres, existía la presencia de esta planta en gran abundancia. Si bien en la cultura “monteverdina” no existió evidencia de tejido en junco, si existió el trabajo del junco como elemento para la edificación de “chozas” y cordajes. Y en este caso no se pretendía transmitir el conocimiento poniendo a estas mujeres a edificar campamentos, pero sí se podía utilizar la fibra como una materia prima utilitaria para la interpretación, esgrimiendo la técnica de cestería como instrumento educativo para la apropiación de la investigación científica.

… Esta planta nace donde hay humedad, es un trabajo que no contamina, todo se hace en junquillo y a mano, no hay nada tóxico, los niños pueden jugar y todo bien. Porque es algo que viene de la madre tierra...

Eduvina Mancilla
Cultora cestería en junco

Todas las premisas para fundamentar el hecho de que los elementos de la cultura debían incorporarse para una educación efectiva del conocimiento científico y esta tuviera mayor arraigo en la comunidad se cimentaban principalmente en los cambios que Chile manifiesta desde hace algún tiempo en las teorías de la educación formal y artística, además de cómo estas influyen en los seres humanos (Errázuriz, 2015):

La visualidad es parte esencial de la forma en que los seres humanos nos aproximamos al mundo. Cada vez más esta dimensión es considerada como un factor que interviene de manera concreta, tanto en nuestras percepciones individuales, como en las relaciones que establecemos con nuestros pares y con el entorno, influyendo directamente en el aprendizaje. El arte aparece aquí como un elemento no solo de goce, sino como una herramienta clave para formar seres humanos más conscientes de su entorno, más conectados y, sin duda, con mejores perspectivas de desarrollo personal y comunitario.

Por tanto, la aplicación de acciones en la comunidad identificada en el territorio, para potenciar el conocimiento del hallazgo de Monte Verde se podría resumir de la siguiente manera:

Imagen que contiene texto  Descripción generada con confianza muy alta

Imagen: Diagrama desarrollo metodológico.

      • Metodología talleres de mujeres
          • Taller de telar

 

Este taller tuvo una duración de ochenta horas, distribuidas en una sesión semanal de cuatro horas cada una. La duración total fue de cinco meses entre agosto y diciembre del 2016 y se ejecutó en la escuela rural. Su principal objetivo fue transmitir el conocimiento científico de Monte Verde, fortaleciendo la identidad de las mujeres del sector a través del telar tapiz. Sus objetivos específicos se describen de la siguiente manera: Presentar el telar como una herramienta metodológica de transferencia del conocimiento.

  • Tejer imágenes de los hallazgos de Monte Verde con mujeres del sector.
  • Enseñar, a través del tejido, información descubierta en Monte Verde para la comprensión de la información científica.
  • Desarrollar en ochenta horas una obra individual de 45 x 35 cm, tejiendo imágenes de libre elección relacionadas con el sitio Monte Verde.
  • Elaborar un tapiz grupal de aproximadamente 1 x 0,50 m, en el cual se vean reflejados objetos y paisajes de la investigación científica.
  • Difundir el trabajo realizado a través de una exposición itinerante.

Los contenidos técnicos trabajados por la facilitadora fueron: recopilación del diseño a través del relato; tramado el que consideró urdido y definición de colores para el diseño proyectado e inicio del tejido; selección de imágenes las cuales ilustran un paisaje de Monte Verde para tejer un tapiz de mayor tamaño y finalmente una exposición itinerante por la provincia, con los trabajos seleccionados.

El desarrollo del trabajo fue grupal, incluyendo correcciones parciales y seguimiento personalizado en cada telar.

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Imagen: Mujeres de Monte Verde urdiendo telar tapiz.

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Imagen: Familia de monteverdinos y gonfoterio. Telar elaborado por mujeres del sector.

          • Taller de cestería

La metodología en cestería consistió en seguir la experiencia de la cultora. Ya que, al representar un saber heredado, asociado a la identidad, no se cuestionaría su metodología de trabajo y menos se exigiría la elaboración de un manuscrito técnico que lo detallase. Al ser tan íntimo el desarrollo de este saber, el equipo gestor no quería generar susceptibilidad en ella. No obstante, sí se contaba con cronograma de trabajo para el desarrollo del taller, en el que se emplearon cinco días de trabajo: un día de media jornada y cuatro jornadas completas e intensivas. La primera jornada fue de reconocimiento y conjuntamente consistió en quemar parte de la fibra para poder secarla. El proceso de secado dura aproximadamente un mes después de la quema. Además, se recolectó el junco de los terrenos con humedad

El desarrollo del trabajo en cestería consideró etapas que se fueron distribuyendo a medida que la maestra cultora veía avances en las alumnas:

  • Preparación de fibra (abrasarla).
  • Secado de fibra durante un tiempo determinado.
  • Inducción al trabajo de cestería en fibra de junco.
  • Inducción académica por parte de los profesionales de la Universidad Austral.
  • Primeros enlaces de fibra para la elaboración de un objeto de tamaño menor.
  • Cerrado y remate del tejido en fibra de junco.
  • Realización de objetos de mayor tamaño.
  • Preparación exposición.

Imagen que contiene mesa, de madera, armario, sentado  Descripción generada con confianza muy alta
Imagen: Primeros objetos tejidos en fibra de junco, por mujeres del sector.

      • Metodología talleres con infancia

Después de identificar el grupo de audiencia con la que se trabajaría, la facilitadora propone dos instrumentos metodológicos: un taller de creación de juegos didácticos a través de técnicas de las bellas artes y un taller de técnica audiovisual stop motion, ambos asociados al hallazgo. Los talleres se dividieron en dos etapas: se inició con la creación de juegos didácticos para agrupar los contenidos conocidos por los niños y posteriormente integrar otros contenidos desconocidos.

          • Taller de creación de juegos didácticos

El objetivo principal de este taller fue conocer y valorar el patrimonio Monte Verde como uno de los grandes hitos de la historia de América. Considera objetivos específicos como fomentar el trabajo en equipo, además de incentivar la observación y creatividad mediante la transcripción de información en objetos didácticos con técnicas de las artes visuales. Su ejecución consideró cuatro sesiones, de cuatro horas cronológicas por sesión y cada una de ellas se sustentó a través de preguntas planteadas desde la investigación científica del sitio Monte Verde:

  • Sesión 01: ¿Quiénes eran y cómo vivían?
  • Sesión 02: ¿Cómo llegaron a Monte Verde?
  • Sesión 03: ¿Cómo eran y cuáles eran las especies animales?
  • Sesión 04: ¿Cómo eran y cuáles eran las especies vegetales?

Desde esta perspectiva, cada análisis de las preguntas por sesión contempló objetivos transversales, logrando estimular sobre todo la reflexión en torno al territorio patrimonial con el cual dialogan estos niños y niñas. Por consiguiente, la creación de juegos didácticos fue introducida preliminarmente a través de actividades de acercamiento, presentaciones personales y juego pedagógico alusivo a la vida en comunidad. Estos juegos fueron creados a través de técnicas artísticas, considerando confección de artefactos pedagógicos como el kamishibai a través de teorías especulativas de los niños y niñas sobre cómo llegaron los primeros “monteverdinos” al territorio; teatro de sombras que buscó reconstruir estas teorías, visualizarlas y analizarlas con los otros participantes; trivial grupal elaborada en base a preguntas planteadas desde la investigación y utilizada como instrumento de repaso de contenidos en cada sesión. En el caso de las especies animales y vegetales, se observaron elementos del entorno que aún existen desde el Pleistoceno, confeccionando imágenes con técnica gráfica de impresión (punta seca), grabando elementos vegetales como el calafate, junco, maqui, entre otros e interpretados los animales en un formato creativo y didáctico.

          • Taller stop motion

Además de las artes visuales, se creyó pertinente incorporar alguna técnica que aplicara métodos más avanzados que aquellos que experimentan los niños de esta escuela rural en el aula, como es el método de creación audiovisual stop motion. Su objetivo fue el de transferir el conocimiento científico mediante historias contextualizadas de interpretación del patrimonio de Monte Verde.

Primeramente, se realizó una breve introducción sobre el cine y la animación, para posteriormente contextualizar mediante material audiovisual respecto a los hallazgos. Esta contextualización fue mucho más dialogada, dado que en el taller anterior se habían fundamentado e instalado conocimientos iniciales. En esta oportunidad se generaría un producto creativo, en el cual los niños serían directores de cine utilizando las nuevas tecnologías. A partir de ello construirían historias para representarlas a través de figuras y dibujos hechos por ellos mismos.

El grupo de niños fue dividido en tres subgrupos, los cuales adoptaron un nombre representativo, bajo el contexto de la paleo-arqueología y los hallazgos. Esta división serviría para que dentro de cada grupo se puedan utilizar formatos distintos de elaboración del producto audiovisual; como dibujos de pizarrón, creación de figuras en plastilina, uso de papelería y recortes.

Ambas jornadas fueron fragmentadas al igual que en el primer taller, en base a conceptos iniciales partiendo de la base de “¿quiénes somos?” en una primera jornada y “conceptos de Monte Verde” en una segunda, a modo de reforzar el aprendizaje transversal en relación con ambos talleres.

En la primera jornada se explicó la metodología a utilizar en el transcurso del taller y los objetivos a alcanzar como grupo. Esto fue sencillo pues se conocía a la facilitadora y había confianza al intercambiar pensamientos y reflexiones. Por consiguiente, se desarrolla una clase breve de conceptos básicos, referidos a la animación, cine y definiciones de stop motion para posteriormentedesarrollar una actividad de comprensión didáctica, para explicar a los niños el significado de la “pixelación” (técnica de fotomontaje y/o fragmentación de imágenes para el registro fotográfico). En esta dinámica, los participantes imaginan que son muñecos para concebir relación entre movimiento, imagen, desplazamiento y registro, para luego generar el efecto de la técnica aplicada. Para finalizar, se realiza un relato sobre los sitios y la importancia que tienen en el ámbito científico. A partir de esta información, pueden elaborar un guion.

En la segunda jornada, se entrega a los niños un concepto relacionado con los temas trabajados previamente. Este estará relacionado con la creación audiovisual y deberán conservarlo durante toda la jornada. El grupo de trabajo se denominará “la comunidad” y esta se dividirá en tres grupos. Se asignará un nombre a cada uno, asociado al descubrimiento de la megafauna en Monte Verde. Para la construcción de la historia, guion o relato, “la comunidad” realiza una reinterpretación del conocimiento adquirido, para preparar una historia ficticia.

Cada grupo tuvo un camarógrafo, director y productor, para lo cual se asignaron funciones específicas y de forma democrática. Cada grupo tuvo a su disposición una cámara réflex digital, trípode y materiales necesarios para poder montar y fotografiar las escenas. Seguidamente, se desarrolló la técnica capturando imágenes y construyendo la filmación; la cual en una segunda etapa consideró edición y posproducción de los vídeos, donde los niños pudieron desarrollar narraciones e incorporar música a sus filmaciones.
Ya terminados los vídeos, surgió una instancia de estreno del material audiovisual, a la que asistieron sus padres. Se desarrolló una reflexión conjunta respecto al uso de las artes en la ciencia y un cierre solemne con entrega de diplomas y premios por la participación en este taller.

Imagen: Niñas realizando trabajo con sombras proyectadas.

    3. Resultados:

Los resultados obtenidos en todas las actividades desarrolladas fueron separados y asociados por grupos de participantes. Por un lado, con las mujeres se utilizaron dos instrumentos de recepción de datos, el primero fue la observación participante y el segundo un cuestionario de apreciación de las actividades que cada una de las mujeres debió responder al finalizar ambos talleres.
En el caso de los niños de igual forma estuvo presente la observación, sin embargo, se aplicó el concepto de “valoración” de las actividades desarrolladas planteado por García Huidobro (2004):
La valoración se diferencia del concepto de evaluación, por que intenta evitar basarse en modelos clásicos y convencionalmente aceptados para analizar las realizaciones artísticas de los participantes. Incorpora los conceptos de error y fracaso al proceso educativo y los entiende como fuente de aprendizaje significativo. Según García Huidobro, cuando valoramos, centramos la atención en las actitudes de orden afectivo, manifestadas por los participantes en el transcurso del proceso de aprendizaje.

 Desde la perspectiva del “observador” y en relación con el entorno rural era difícil acceder a espacios más íntimos de la realidad estudiada, ya sea por temor, resguardo de la privacidad o desinterés de estos, ya que el grupo no era consonante con los contenidos científicos. Por tanto, no se reveló la naturaleza del estudio, puesto que, según Corbetta (2007), si el ser humano se sabe observado, se comporta presumiblemente de forma distinta a la habitual y era lo que ocurría con esta comunidad.

    • Grupo de mujeres del sector:
  • Observación:

El primer rasgo observado dentro de la pequeña comunidad de mujeres fue las rencillas que existían entre familias del sector. Por consiguiente, una de las preocupaciones era que la metodología debía ser muy interesantes para ellas, tanto como para que todas las mujeres pudieran reunirse sin conflictos. Este problema recurrente se pudo subsanar a partir del tercer mes de ejecución del taller de telar, ya que, al estar altamente motivadas por el aprendizaje de la técnica, debieron entenderse por encima del conflicto.
Se observa que la mayoría de las mujeres poseen rasgos de consanguinidad, es decir, son familiares directas e indirectas unas con otras y que los conflictos anteriormente mencionados, se ven relacionados con estos parentescos y por conflictos heredados por generaciones anteriores, relacionados con disputas vecinales entre familiares y no directamente entre ellas. Es recurrente observarlas llamarse “prima”, “cuñada”, “nuera”, en vez de usar sus nombres de pila.
En relación con el sitio, más allá de la recurrente reclamación respecto al abandono, hay una exigente reflexión a la falta de competencias y herramientas técnicas de la comunidad, para el desarrollo de habilidades que contemplen mejoras en la economía del sector y puedan mantener una faena recreativa permanente; afirmando además que estas son de responsabilidad de las instituciones públicas, quienes no propician estos espacios. Una de las dificultades es la lejanía de los hogares. En este caso el municipio colaboró con el traslado de los grupos en forma segura, no obstante, esta dificultad es permanente en la comunidad. A raíz del vínculo a través de la solicitud de transporte a funcionarios del municipio, los departamentos de educación y turismo prestaron todos sus esfuerzos logísticos para las actividades, e incluso se sumaron también a las capacitaciones, acompañando y sustentándose del material pedagógico.

Otra dificultad observada, fue proveer alojamiento a la cultora, dada las nulas opciones de alojamiento y restauración en el lugar. Sin embargo, al ver esta situación, las mismas mujeres se organizaron para dar solución al problema: la directora de la sede vecinal dio alojamiento y prestó servicios de alimentación a la cultora.

También se observó que algunas participantes “adornan” la información para que sea atractiva al visitante. Hay que considerar que Monte Verde es un campo abierto, no posee guías establecidos, por lo que los lugareños han tomado ese rol.

En relación con los talleres de cestería y telar, se observa una buena recepción por parte de las participantes. Generan gran empatía con las facilitadoras, comparten percepciones y teorías respecto a Monte Verde, generando cohesión y mayor diálogo entre ellas.  Incluso en las temporadas de suspensión de sesiones por inclemencias del tiempo, se observa bastante ansiedad en las participantes y un dejo deprimido al no asistir a las actividades.

  • Cuestionario de apreciación de las actividades

Todas las mujeres participantes desarrollan la ocupación de amas de casa y trabajadoras del campo. En el ítem “el taller de telar ayudó a…” las apreciaciones obtenidas en forma cualitativa y en un universo de diez mujeres apuntaron principalmente a la ejecución y el desarrollo de habilidades desconocidas para ellas, por tanto, al beneficio de relacionarse como mujeres de una comunidad, mejorar su convivir y, por consecuencia, aprender de Monte Verde. Luego, en relación con la forma en que se entregaron los contenidos científicos, por respuesta unánime manifiestan que es menos complejo entender el hallazgo en forma didáctica. Se les preguntó si les gustaría tener más actividades relacionadas y todas respondieron afirmativamente, dado el nivel de comprensión alcanzado, respecto a su entorno patrimonial. Se les solicitó que calificasen los talleres en una escala de 1 a 7 y la calificación promedio obtenida fue de 6,7.

La pregunta final del instrumento abarca la importancia del sitio y en este caso, todas las mujeres contestaron que el descubrimiento es importante por sus hallazgos y por su potencial de emprendimiento: “Es importante por ser un instrumento de ingreso laboral futuro para el sector y la comunidad de Monte Verde, solo se necesita ayuda y apoyo “. Ellas no conocían ninguna de las técnicas y manifiestan que además aportan distracción de la actividad en el campo y en sus familias.

Respecto a las calificaciones, las actividades en general fueron calificadas con nota 7, salvo una participante que la calificó con nota 6, aludiendo a que el tiempo de capacitación fue breve y que las actividades deberían ser continuas en el tiempo.

    • Grupo de niños del sector

 

  • Observación

La cantidad de participantes fue óptima para el trabajo proyectado y, por consecuencia, la profesora tuvo mayores posibilidades de control del grupo. Se aprecia que los niños y niñas manejan información sobre el sitio ya que la docente de la escuela logra incorporar algunos contenidos aleatorios del hallazgo; sin embargo, en algunos casos se confunden determinados contenidos, dado el desconocimiento de las fuentes oficiales de información, y es preciso clarificar, corregir y complementar algunos contenidos a través de los instrumentos utilizados por la facilitadora. El recurrente patrón que surgía en las sesiones era el aburrimiento general, sobre todo en época estival, ya que sus padres debían trabajar toda la temporada de verano en los campos y sus madres en tareas del hogar, ya que no poseen recursos económicos para vacaciones.

La participación es de todos los niños, y es el reino animal (megafauna asociada al hallazgo) el que capta toda la atención. La técnica de impresión suscitó notable interés y se utilizó para poder transferir los conocimientos del mundo vegetal; por lo tanto, se decidió explorar con la impresión de especies vegetales, dadas las infinitas posibilidades de creación que surgieron de estos niños en el momento, lo que generó una mayor identificación con el entorno y mayor enseñanza de las especies vegetales que aún existen en el territorio.

Se puede observar un perfil de niño muy diferente del que vive en la ciudad, ya que es un niño que goza al estar en el exterior y no se encanta fácilmente con artefactos comunes del mundo globalizado. Es un niño que principalmente disfruta del entorno campestre; sin embargo, agota sus posibilidades creativas por desconocimiento de factores que las potencian. Si bien se desarrollan en un contexto aislado y la escuela no cuenta con instalaciones propias de un colegio en la capital provincial, se logra observar la apropiación y el sentido de pertenencia con la escuela.

  • Valoración

La valoración fue planteada como una actividad lúdica en la cual se trabajó una pauta de preguntas con aspectos desarrollados dentro de los talleres. Éstas fueron de selección (cuantitativa) y abiertas para que los niños puedan expresarse en detalle. Las primeras preguntas contaron con las opciones “completamente de acuerdo”, “de acuerdo”, “en desacuerdo” y “completamente en desacuerdo”. De entre los cuales se puede destacar aquellas apreciaciones relacionadas al contenido, si aprendieron más y clarificaron dudas frente a la investigación. Del 100% de los asistentes, un 70% se mostró “totalmente de acuerdo” y un 30% sólo “de acuerdo” frente a esta apreciación.
Respecto a la afirmación “Me sentí bien en el espacio de trabajo y con mis compañeros”, la apreciación fue la misma, un 70% estuvo “totalmente de acuerdo” y un 30% “de acuerdo”. En relación con la inclusión en el trabajo en equipo, la relación fue de 80% “totalmente de acuerdo” y un 20% “de acuerdo”. Además, se refirieron al aprendizaje de nuevas técnicas que hacen valorar su comunidad, expresando una proporción de 70% “totalmente de acuerdo” y 30% “de acuerdo”. Estas opciones de respuestas fueron ilustradas con dibujos para una mayor comprensión de los niños.
Frente a la valoración cualitativa, de la pregunta “¿Lo que más te gustó del taller fue?”, la mayor cantidad de observaciones apuntaron hacia la comprensión más clara de contenidos, luego al interés e innovación de las técnicas utilizadas sobre todo “realizar figuras con plastilina” para ejecutar la técnica stop motion.  Y en referencia a lo que no les gustó, la gran mayoría observa que “nada”, no obstante, un par de participantes menciona que lo que no les gustó es que “termine el curso” y “se retire la facilitadora”. Siguiendo con los contenidos de la investigación científica se les consultó: “¿te gustaría aprender más sobre Monte Verde?”, la respuesta unánime fue afirmativa; en el mismo contexto se les preguntó “¿qué les gustaría aprender?” y las respuestas fueron orientadas principalmente al tema animal y vegetal del descubrimiento. Seguidamente, se les consultó “¿cómo te gustaría aprender?” y las respuestas fueron: “mirando”, “a través de cuentos”, “a través de dibujos”, “a través de fábulas”, “a través de visitas”; aludiendo más bien a un aprendizaje práctico.

    4. Conclusiones:

Conforme a la metodología planteada y los resultados obtenidos se puede inferir que mujeres y niños del sector logran comprender la importancia del Sitio Monte Verde, generando una “complicidad social”, a través de valores culturales comunes (García, 2009). En el caso de las mujeres, comprenden que las técnicas utilizadas favorecen el vínculo entre ellas. Además, identifican un estímulo para seguir aprendiendo del sitio como mujeres que viven fuera del ámbito científico.

Por consecuencia se generó un arraigo como grupo: en una primera instancia, las rencillas eran notorias; luego fueron reencontrándose con la técnica, aprendieron a ejecutarla y lograron establecer un grupo sólido que se mantiene hasta hoy. Los instrumentos de la educación artística favorecieron la interpretación del patrimonio que las rodea, a través de la actividad creadora y presentando un lenguaje alternativo de aprendizaje (Ros, 2004). Además, al observar que alteraban la información a turistas, la dinámica de trabajar el telar y la cestería forjó el hecho de operar un relato fiel al de la investigación científica y así transmitirlo a visitantes en el caso de que se requiriera sin mostrar una realidad alterada.

La continuidad de los talleres progresivamente generó interés, dado que, frente al estímulo, existe un ímpetu de las participantes por comprender el entorno que las rodea al hacer uso de sus capacidades.
Aquí se presenta la educación artística como proceso de socialización, ya que existe una reinterpretación de contenidos que aportan elementos para el ejercicio de roles dentro de la pequeña comunidad, relacionados con el sitio patrimonial (Adán, Hernández, Godoy, 2003). Por ejemplo, frente a la acción de prestar alojamiento a la facilitadora, parece una idea positiva la reflexión de las mujeres sobre abrir espacios íntimos para recibir a la maestra y compartirlos ejecutando la técnica de cestería posterior a las sesiones. Esto hizo que participaran de instancias informales, desde la caminata al hogar hasta cenas previas al descanso. De esta manera surge una “gestión comunitaria” en la tarea logística de acoger a la cultora y un “vínculo” más empático con el sitio Monte Verde.

A pesar de que el principal objetivo era educar sobre la investigación científica, la apreciación general de las mujeres respecto al sitio era de “abandono” por parte de autoridades. En relación con esta situación cabe preguntarse lo que plantea García (2009):

¿Cómo intervienen los procesos educativos en la gestión patrimonial?

Si bien la pregunta da para un mayor análisis, ciertamente en los procesos creativos de este grupo de mujeres, fue donde aparecieron estas apreciaciones respecto al entorno patrimonial en el que viven. Por consiguiente, estos procesos fundamentados en el arte propiciaron opiniones enfocadas al mejoramiento de la gestión patrimonial, de la cual se sienten parte como mujeres del territorio. Frente a esto podríamos mencionar entonces que los elementos de la educación artística propiciaron un pensamiento más crítico frente a la gestión del patrimonio que las rodea y a las responsabilidades institucionales sobre esta gestión.

Así mismo, reflexionan respecto a otros hitos relevantes, como que estas técnicas aprendidas, puedan ser un nicho de fortalecimiento de la economía local, que se instala en el territorio para poder generar saberes con identidad y aportar a la economía del sector. En este sentido las posibilidades de dinamización del territorio van más allá de la conservación, incorporando a la comunidad en la gestión patrimonial como parte del desarrollo sostenible de la localidad (García, 2009). Ya que el patrimonio cultural constituye también un recurso económico.

En el caso de niños y niñas, estos comprenden a través de las herramientas de construcción artística gran mayoría de planteamientos teóricos relacionados con los hallazgos de Monte Verde; no obstante, confunden algunas apreciaciones. Entienden sobre todo a través de la experimentación y logran habilidad para plantear supuestos, comprendiendo el significado de una hipótesis a través del juego proyectado. Logran comprender qué es un nexo pedagógico dentro de la valoración (García-Huidobro, 2004) y se consigue establecer diálogos y debates dirigidos en el grupo.

Presentan rasgos afectivos con su escuela, son conscientes de que esta infraestructura beneficia a la comunidad y los acoge para el aprendizaje, incluso los niños que vienen de otras escuelas rurales del sector comprenden esta convención. Esto generó actos simbólicos conscientes como cuidar el mobiliario, ordenar libros y materiales, además de limpiar espacios de trabajo e indicar a los compañeros el cuidado de estos. Acciones no necesariamente por instrucción del facilitador sino por iniciativa de los niños. En este escenario podríamos decir que las actividades de educación patrimonial en niños contribuyeron no sólo al aprendizaje técnico, sino a incorporar elementos de refuerzo positivo en los contenidos, a través de actos simbólicos que ellos mismos relacionaron con su escuela. Por ejemplo, el hecho de poder imaginar que un gonfoterio de gran tamaño podría haber caminado por los patios de la escuela y recrear a través del arte e interpretación audiovisual esta imagen favoreció a que los niños se identificasen con el territorio, su escuela y se cumpliesen las actividades de planificación, gestión y los objetivos propuestos respecto a la apropiación del hallazgo. Se logró entonces transmitir pedagógicamente, aun sin inhibir la ilusión del juego proyectado y la opinión propia de los niños.

“Una comunidad humana entenderá mejor su presente y se desarrollará felizmente hacia el futuro, solo si conoce cabalmente su pasado” (Pino, 2017). Concluyendo con esta cita del doctor Pino, quien durante años se ha dedicado a investigar los hallazgos del Pleistoceno en la región de Los Lagos, se pueden aunar criterios respecto a la importancia de la apropiación de la identidad y el conocimiento del pasado; no obstante, la aparente disociada relación entre las ciencias y las artes presenta obstáculos entre ambos conceptos. Estos obstáculos hacen tan interesantes como mal interpretados los diálogos entre la ciencia y el arte, aterrorizando el entendimiento del ser humano común, por pensar que la ciencia es compleja, y de los más doctos por afirmar que las artes no pueden tener nada que ver con ésta. En este escenario podemos afirmar que la educación artística representa un instrumento para interpretar la ciencia, y que en el caso de Monte Verde logró educarse, hacerse accesible y comprensible para que los primeros en incorporar los beneficios del patrimonio, en el caso de Monte Verde, sean sus habitantes (González, Pino, Recabarren, Canales, Salvadores, Chávez, Bustos, Ramos, Busquets, Vásquez, Navarro, 2011).

De esta manera se llegaba a un consenso: ver, tocar, experimentar con los sentidos fue un sustento cognitivo que arraigó de mejor manera, lo que se quería trasmitir desde el ámbito científico y apoyados en la creación de un equipo interdisciplinario de las ciencias y las artes, esta trasmisión fue transversal a ambos grupos.
Los instrumentos de la cultura y las artes, para la transmisión del conocimiento científico y apropiación de la identidad, fueron un aporte significativo para simplificar el lenguaje, mejorar la comprensión de la ciencia, innovar en nuevas herramientas educativas, desarticular la teoría para volverla práctica y ante todo arraigar la identidad de una comunidad aislada y anónima.  
Sólo desde esta perspectiva participativa es posible plantear de una mejor manera las acciones de gestión del patrimonio cultural, con una comunidad informada y activa que valore el patrimonio desde el conocimiento y sentido de pertenencia.

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Imagen: fotografía aérea sitio arqueológico Monte Verde

 

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