El precio como dispositivo performativo: economías experimentales en el arte contemporáneo

Price as a Performative Device: Experimental Economies in Contemporary Art

Causadias Domingo, Isabel

Facultat de Belles Arts. Universitat de Barcelona
icausadias@ub.edu

Recibido: 14-02-2026
Aceptado: 26-02-2026
Publicado: 31-03-2026

Citar como: Causadias Domingo, Isabel. (2026). El precio como dispositivo performativo: economías experimentales en el arte contemporáneo. ANIAV - Revista de Investigación en Artes Visuales, n. 18, pp. 143-155, marzo. 2026. ISSN 2530-9986. https://doi.org/10.4995/aniav.2026.25654

PALABRAS CLAVE
Arte contemporáneo; precio artístico; performatividad; economía de la atención; blockchain; mercado del arte; investigación artística; valor simbólico.

RESUMEN
Este artículo analiza cómo el precio opera como dispositivo performativo en el arte contemporáneo, más allá de la medición económica, como producción simbólica, técnica y ética del valor. A partir del marco de Velthuis sobre el precio como signo de legitimación en mercados culturalmente inciertos, se examina el desplazamiento desde guiones narrativos de galería hacia mediaciones documentales, contractuales y digitales. El estudio adopta un enfoque cualitativo y comparativo basado en cinco estudios de caso seleccionados por variación infraestructural: Hans Haacke (archivo político de transacciones inmobiliarias), Santiago Sierra (transacción como escena de desigualdad), Amalia Ulman (métricas de visibilidad en redes sociales), Pak (reglas algorítmicas de fijación de precio en un entorno blockchain) y MAIA en Birmingham, iniciativa liderada por Amahra Spence (redistribución y cuidado como economía afirmativa). El corpus combina documentación de obra, textos curatoriales y declaraciones públicas con bibliografía de sociología del valor y estudios de dispositivos de mercado. Los resultados muestran que el precio se expande hacia un campo en el que actúa como lenguaje y como interfaz, capaz de coordinar expectativas, producir deseo o sostener relaciones de reciprocidad. En entornos digitales, el valor se estabiliza mediante métricas afectivas y reglas automatizadas que desplazan la confianza hacia el diseño y el código; en prácticas comunitarias, el valor se redefine en términos de soporte mutuo y redistribución. Se argumenta que el arte contemporáneo funciona como laboratorio de experimentación económica, donde el precio permite analizar y reconfigurar las lógicas de mercado, articulando relaciones entre estética, tecnología y ética.

KEYWORDS
Contemporary art; artistic price; performativity; attention economy; blockchain; art market; artistic research; symbolic value.

ABSTRACT
This article examines how price functions in contemporary art as a performative device, beyond economic measurement, producing symbolic, technical, and ethical forms of value. Building on Velthuis’s account of price as a mechanism of legitimation in culturally uncertain markets, it traces a shift from gallery price scripts to documentary, contractual, and digital mediations. The study uses a qualitative, comparative design based on five cases selected for infrastructural variation: Hans Haacke (political archiving of real-estate transactions), Santiago Sierra (transaction as a scene of inequality), Amalia Ulman (visibility metrics on social media), Pak (algorithmic pricing rules in a blockchain-based sale), and MAIA in Birmingham, led by Amahra Spence (redistribution and care within an affirmative economy). The corpus combines artwork and exhibition documentation, curatorial texts, and artists’ public statements with scholarship on valuation and market devices. Findings show that price expands into a field where it acts as language and interface, coordinating expectations, producing desire, or sustaining reciprocal relations. In digital environments, value is stabilised through affective metrics and automated rules that shift trust toward design and code; in community-based practices, value is redefined through mutual support and redistribution. The article argues that contemporary art operates as a laboratory of economic experimentation in which price can be used to analyse and reconfigure market logics at the intersection of aesthetics, technology, and ethics.

1. INTRODUCCIÓN

En el año 2005, el sociólogo neerlandés Olav Velthuis publicaba Talking Prices: Symbolic Meanings of Prices on the Market for Contemporary Art, una investigación que transformó la manera de entender los precios en el campo artístico. Su análisis demostraba que los precios de las obras no son simples indicadores económicos, sino signos cargados de significado que los galeristas y artistas utilizan para narrar historias sobre valor, autenticidad y pertenencia. El estudio introducía una ruptura conceptual al cuestionar la noción económica del precio como medida objetiva: en el mercado del arte, afirmaba Velthuis, los precios “hablan” porque comunican, mediante una lógica simbólica y performativa, la posición de una obra y de su autor dentro del espacio social de la cultura contemporánea.

Veinte años después, aquella tesis sigue siendo fundamental, pero el contexto ha cambiado de manera radical. El mercado global del arte se ha expandido y diversificado, la digitalización ha alterado profundamente los modos de producción y circulación cultural, y la automatización algorítmica ha introducido nuevas mediaciones entre creación, visibilidad y legitimidad. En este entorno transformado, el precio ha dejado de ser una cifra para convertirse en un dispositivo de comunicación, un gesto creativo y una interfaz tecnológica. Ya no importa únicamente lo que cuesta una obra, sino lo que el precio hace: cómo circula, qué emociones moviliza, qué vínculos activa y qué economías posibles ensaya. En este artículo, denomino “dispositivo” al conjunto de inscripciones, protocolos y mediaciones que permiten que una cifra produzca efectos de legitimidad, conducta o redistribución, más allá de su función de intercambio.

Paralelamente, las prácticas artísticas contemporáneas se han apropiado de los lenguajes económicos para convertirlos en materia prima de creación. Si artistas como Hans Haacke o Andrea Fraser exploraron desde los años setenta las estructuras del mercado como objeto de crítica institucional, las generaciones posteriores han profundizado esa investigación al utilizar el precio como material conceptual: un recurso para cuestionar las lógicas de valor y para imaginar nuevas relaciones entre obra, autor y espectador. En este sentido, el arte contemporáneo no se limita a representar la economía; la performa, la interpreta y la reescribe desde dentro.

El presente artículo parte de esa premisa y propone una hipótesis central: en el contexto actual, el precio ha adquirido una condición performativa más compleja que la descrita por Velthuis en 2005. Si en el mercado analógico los precios “hablaban” mediante narrativas compartidas, hoy actúan en entornos digitales donde su significado se genera algorítmicamente. Los sistemas de dynamic pricing, los contratos inteligentes y las subastas automatizadas, como las empleadas en los NFT o en plataformas basadas en blockchain, expanden el campo semántico del precio hasta convertirlo en un fenómeno híbrido, situado entre lo económico, lo tecnológico y lo afectivo.

La literatura reciente (Hwang, 2024) sobre estrategias de precios en el comercio digital, muestra que la inteligencia artificial ha producido modelos de valor flexibles, sensibles al comportamiento del usuario y capaces de generar relaciones emocionales con el precio que trascienden su función económica. Esta mutación tecnológica tiene efectos específicos en el arte contemporáneo, donde el valor siempre ha sido relacional y simbólico: ¿qué ocurre cuando la performatividad del precio deja de depender del relato humano y pasa a ser generada por un algoritmo?

Más allá de lo digital, el campo artístico también está siendo atravesado por un giro ético y político que reconfigura la manera de pensar la economía desde la creación. Frente a las lógicas extractivas del mercado global, algunas iniciativas en el Reino Unido, como MAIA (organización cultural en Birmingham), proponen economías afirmativas donde el valor se define en términos de cuidado, reciprocidad y sostenibilidad. Aquí el dinero no desaparece, pero sí se resignifica: se convierte en una herramienta para redistribuir recursos, reparar desigualdades y ensayar nuevas formas de convivencia. Desde esta perspectiva, el precio puede funcionar como una ficción emancipadora, un acto de imaginación colectiva que desafía la equivalencia monetaria y abre espacio para valores no cuantificables.

El arte contemporáneo se sitúa en una posición privilegiada para explorar estas tensiones. Los artistas que intervienen en los circuitos del mercado, pero también quienes operan en los márgenes, en espacios comunitarios, digitales o híbridos, ponen en juego una concepción expandida del valor donde el precio funciona simultáneamente como gesto, mediación simbólica y campo de experimentación económica. Si el siglo XX estuvo marcado por la crítica al mercado del arte, el siglo XXI parece orientarse hacia su reapropiación como terreno de investigación creativa.

Sobre esta base, el artículo se propone revisar la noción de precio desde una doble mirada sociológica y artística. En primer lugar, retoma las contribuciones de Velthuis y de la economía cultural para contextualizar el papel del precio como narración simbólica y como estrategia de legitimación. En segundo lugar, analiza cómo las prácticas artísticas contemporáneas amplían esa dimensión performativa hacia una economía experimental que abarca tanto los entornos digitales como las iniciativas comunitarias de ayuda mutua. Finalmente, propone una lectura afirmativa del precio en la que este actúa no sólo como signo de intercambio o de poder, sino también como instrumento poético y político para imaginar otras economías posibles.

En definitiva, el precio no sólo determina lo que una obra vale; expone los valores sobre los que se construye una sociedad. Y en esta exposición, entre la transacción y la metáfora, entre la cifra y el relato, reside una de las tareas urgentes del arte contemporáneo: repensar la economía como espacio de creación.

2. MARCO TEÓRICO: DEL VALOR SIMBÓLICO A LA ECONOMÍA EXPERIMENTAL

2.1. El precio como signo y relato

El análisis del mercado primario del arte contemporáneo desarrollado por Velthuis (2005) desmontó una de las premisas más persistentes de la economía cultural: la idea de que el precio expresa un valor objetivo. A través de una etnografía minuciosa basada en entrevistas con galeristas y coleccionistas, el autor mostró que los precios no resultan de una lógica racional de oferta y demanda, sino formas de comunicación simbólica destinadas a estabilizar relaciones de confianza en un mercado marcado por la incertidumbre y la ausencia de criterios evaluativos universalmente aceptados. El precio “habla”, afirmaba, porque traduce en cifras un entramado de valores estéticos, sociales y morales que, al hacerse públicos, contribuyen a generar credibilidad. Esta credibilidad se articula mediante guiones de precio que desplazan la decisión hacia atributos mensurables, tamaño, técnica, trayectoria, edad, y mediante narrativas morales que justifican cada cifra como razonable en un determinado momento de la carrera del artista.

El trabajo de Velthuis se inscribe en una genealogía más amplia que ha situado el valor cultural en su dimensión relacional y performativa. Appadurai (1986) había defendido que los objetos poseen una “vida social” cuya valoración depende del contexto de circulación, mientras que Bourdieu (1992) concebía el campo artístico como un espacio de luchas donde el valor económico y el valor cultural se legitiman mutuamente. Desde esta perspectiva, el precio no mide el valor de la obra: lo produce, en el doble sentido de constituirlo y de narrarlo. El precio es un signo que sitúa la obra dentro de una jerarquía simbólica y, simultáneamente, un relato que construye sentido sobre el artista, la galería y la colección.

Esta dimensión performativa resulta fundamental para comprender por qué los precios no sólo acompañan la obra, sino que actúan en su recepción. Decir un precio equivale a posicionar una obra dentro de una red de expectativas y creencias. Si los mercados del arte dependen de la fe colectiva en la legitimidad del valor, como argumenta Velthuis, entonces el precio puede ser entendido como un lenguaje ritualizado que expresa pertenencia, distancia o afirmación dentro del campo. A ello se suma la separación moral entre canales de venta: el precio de subasta, sometido a volatilidad y dinámicas especulativas, no es fungible con el precio de galería, que intenta preservar la estabilidad narrativa de la trayectoria. Así, desde un punto de vista semiótico y sociológico, el precio opera como un dispositivo de orden simbólico en un mercado caracterizado por la opacidad evaluativa.

2.2. Del signo al algoritmo: nuevas mediaciones del valor

Las dos últimas décadas han transformado profundamente la ontología del precio en el arte contemporáneo. La digitalización generalizada, la aparición de plataformas en línea, la expansión de las criptomonedas y el desarrollo de la inteligencia artificial han introducido mediaciones técnicas que modifican el modo en que se produce y se interpreta el valor. En los mercados digitales, los sistemas de dynamic pricing y las recomendaciones algorítmicas sustituyen o desplazan la negociación humana mediante cálculos automatizados que ajustan el precio según patrones de comportamiento del usuario (Hwang, 2024). Estas estrategias, comunes en sectores como la moda o el entretenimiento, construyen una economía del deseo basada en la inmediatez, la exclusividad y la escasez modulada tecnológicamente. En este sentido, el precio ya no comunica a través de narrativas humanas, sino mediante reglas de actualización codificadas. Como plantea Pardo-Guerra (2013), los sistemas de cálculo no sólo registran el valor, sino que lo producen, ensamblando dispositivos, normas e instituciones que estabilizan expectativas. Desde esta óptica, el mercado digital del arte constituye un laboratorio privilegiado para observar cómo los precios pasan de ser signos interpretables a ser resultados de infraestructuras sociotécnicas que organizan comportamientos.

La automatización introduce, no obstante, nuevas tensiones. La confianza, que en el mercado analógico dependía de la reputación y del relato institucional, se externaliza ahora en la estabilidad del código y en la transparencia del registro. Los algoritmos prometen eficiencia, pero también generan opacidad, desigualdad y una creciente distancia entre el cálculo técnico y la interpretación simbólica. En este marco, el precio adopta un carácter híbrido, simultáneamente técnico, social y afectivo: una cifra fluctuante que actúa como signo, protocolo y experiencia. Las plataformas, mediante interfaces estandarizadas y métricas visibles, reconfiguran la percepción del valor, mientras que las dinámicas de volatilidad financiera introducen una disociación entre precio y significado que repercute en la manera en que el arte es producido, mostrado y coleccionado.

2.3. La economía como materia artística

En paralelo a esta transformación tecnológica, la práctica artística contemporánea ha ampliado su relación con la economía, pasando de la crítica institucional a una investigación estética sobre los sistemas de valor. Desde los años noventa, el arte conceptual y el institutional critique exploraron las lógicas de poder del mercado, pero en la actualidad muchos artistas trabajan directamente con la economía como material creativo. La desmaterialización señalada por Lippard (2004), según la cual la obra deja de ser un objeto acumulable para convertirse en experiencia, resuena en estas prácticas que integran el precio, la transacción o la especulación como recursos de investigación artística.

Este desplazamiento convierte la economía en un espacio de experimentación simbólica. En los análisis de Boltanski y Esquerre (2017), los regímenes de justificación del valor cultural dependen de narrativas que enlazan pasado, autenticidad y singularidad. Sin embargo, las prácticas contemporáneas reescriben estos regímenes mediante operaciones que estetizan, cuestionan o reprograman la función del precio. Artistas como Amalia Ulman, Pak o Andrea Fraser utilizan la transacción como forma de producción, transformando el valor económico en un gesto conceptual. En este proceso, el mercado primario y el secundario interactúan mediante efectos reputacionales: el galerista construye trayectorias, pero la subasta acelera o desestabiliza esas narrativas, actuando como agente libre sobre la inversión simbólica previa.

Además de la crítica institucional entendida como diagnóstico, existe una línea menos canonizada que intenta intervenir el mercado mediante instrumentos prescriptivos, es decir, modificando las condiciones jurídicas y técnicas de la transacción. Ivanova (2015) recuerda que el Artist’s Reserved Rights Transfer and Sale Agreement (Siegelaub y Projansky, 1975) buscaba reinsertar al artista en la captura de valor de la reventa y mantener capacidad de decisión sobre exhibición y reproducción, desplazando el debate del “comentario crítico” hacia la arquitectura contractual del precio. Leída desde esta tradición, la frustración contemporánea ante el mercado secundario no es sólo moral, sino operativa: remite a qué dispositivos permiten que el valor se concentre en el vendedor y qué mecanismos pueden redistribuirlo o limitar su escalada. Esta lógica reaparece hoy en formatos digitales: desde contratos y plataformas que vinculan circulación en línea y derechos económicos, hasta promesas de automatización de regalías que más tarde serán radicalizadas en el ecosistema blockchain. En consecuencia, el precio no es únicamente un signo que relata legitimidad, sino también un protocolo que puede diseñarse, disputarse y programarse (Ivanova, 2015; Siegelaub & Projansky, 1975).

Estas dinámicas encuentran antecedentes en intervenciones que tensionan la autoría y la escasez material. La prensa especializada recogió, por ejemplo, la respuesta del artista Wade Guyton cuando su obra fue objeto de reventa especulativa: al producir múltiples impresiones digitales adicionales desde el archivo original, Guyton cuestionó la noción de unicidad, mostrando que la escasez no es intrínseca sino construida. El gesto no depreció el precio en subasta, pero sí expuso la dependencia del mercado respecto de trayectorias asociadas a expectativas especulativas. Wolfgang Tillmans, en otro registro, ha producido copias sin numeración destinadas exclusivamente al ámbito expositivo para sustraer su circulación al circuito comercial, preservando el control institucional sobre la obra. Estas prácticas confirman que el precio puede ser incorporado críticamente dentro de la obra, no como cifra externa, sino como elemento estructural del discurso artístico.

2.4. Economías afirmativas y ética del valor

Los debates contemporáneos sobre sostenibilidad, cooperación y justicia social han introducido nuevas formas de pensar la economía dentro del arte. Autoras como Raworth (2017) o Fraser (2013) han cuestionado la centralidad del beneficio y han propuesto modelos de redistribución que priorizan el cuidado y la interdependencia. En este marco, MAIA propone imaginar economías afirmativas basadas en el soporte mutuo y la experimentación comunitaria. Spence (2025), inspirada por el pensamiento abolicionista de Ruth Wilson Gilmore, concibe la economía como proceso de cuidado colectivo. El valor no se mide en términos de acumulación, sino de capacidad para redistribuir recursos y sostener vidas vulnerabilizadas. Desde esta perspectiva, el precio deja de funcionar como unidad de equivalencia y se reinterpreta como herramienta narrativa y como acto ético. La economía afirmativa no aspira a sustituir el mercado, sino a desplazar su lógica hacia formas relacionales de valor basadas en la confianza, la reciprocidad y la sostenibilidad.

Estas prácticas dialogan con los countermovements descritos por Fraser (2013), según los cuales las sociedades desarrollan mecanismos de resistencia frente a la mercantilización generalizada. Las economías afirmativas pueden ser entendidas como una de esas respuestas: no rechazan la existencia del precio, pero sí la universalidad de su equivalencia. Proponen, en su lugar, formas situadas y comunitarias de valor que se articulan mediante vínculos y no mediante cifras. Este giro ético permite conectar la sociología del valor, centrada en la legitimidad y en la confianza, con la práctica artística, centrada en la imaginación y en el cuidado, abriendo un espacio teórico en el que el precio puede ser concebido como mediación simbólica y como gesto de sostenibilidad social.

2.5. Hacia una síntesis crítica

El recorrido teórico sugiere que el precio en el arte contemporáneo puede leerse como un fenómeno estratificado que combina narración simbólica, cálculo algorítmico y aspiración ética. El valor simbólico analizado por Velthuis y Bourdieu, el valor digital generado mediante infraestructuras de cálculo y el valor afirmativo propuesto por las economías comunitarias no constituyen etapas sucesivas, sino capas superpuestas que conviven en el presente.

En este sentido, el precio funciona como un campo de fricción entre distintas racionalidades culturales: la económica, basada en la equivalencia; la artística, basada en la legitimidad y la distinción; y la ética, basada en el cuidado y la reciprocidad. Siguiendo a Orléan (2011), el valor puede entenderse como un deseo colectivo distribuido, una construcción afectiva que depende de adhesiones, narrativas y dispositivos técnicos. Así, el precio no sólo representa el valor, sino que lo organiza, lo disputa y lo reinscribe en nuevas esferas de sentido.

Esta síntesis prepara el terreno para el análisis empírico, donde el precio se examina como dispositivo creativo que articula formas de archivo, de contrato, de atención, de programación y de cuidado. En estos desplazamientos reside su relevancia contemporánea: el precio, como práctica cultural, se convierte en una herramienta para pensar la economía desde el arte y para imaginar modelos alternativos de vida y convivencia.

3. METODOLOGÍA Y ENFOQUE

Este artículo adopta un diseño cualitativo, interpretativo y comparativo orientado a dispositivos, situado en la intersección entre sociología del arte e investigación artística. El objetivo no es explicar variaciones de precio mediante inferencia estadística, sino describir cómo una cifra llega a producir efectos de legitimidad, conducta, deseo o redistribución según la infraestructura institucional y técnica en la que se inscribe. En términos metodológicos, el trabajo se apoya en la tradición interpretativa de la descripción densa (Geertz, 1989) y en el enfoque de estudio de casos múltiples para la construcción de generalizaciones analíticas, es decir, mecanismos transferibles a contextos comparables más que representaciones exhaustivas del campo (Yin, 2018; Flyvbjerg, 2006). La selección de casos responde a una lógica de variación teórica: se eligen cinco situaciones en las que el precio o su equivalente funcional es estructural a la obra, al contrato o a la plataforma, y en las que cambia la infraestructura de legitimación (museo, mercado, redes sociales, blockchain y organización comunitaria) para observar cómo se rearticula la performatividad del precio cuando se desplaza el soporte de autoridad.

El corpus combina materiales primarios y secundarios, tratados mediante análisis documental sistemático (Bowen, 2009). Los materiales primarios incluyen documentación de obra y exposición (registros visuales, hojas de sala, textos curatoriales), declaraciones y entrevistas públicas de artistas, y, cuando el caso lo exige, documentación pública sobre reglas de venta y especificaciones técnicas que describen el funcionamiento del dispositivo (por ejemplo, condiciones de comercialización, protocolos de plataforma o reglas de actualización de precio). Los materiales secundarios consisten en literatura académica sobre sociología del valor, performatividad, crítica institucional, economía cultural y estudios de plataformas, utilizada no como telón de fondo general, sino como marco para justificar inferencias y evitar lecturas basadas únicamente en recepción mediática o en discurso sectorial. Para asegurar consistencia entre casos heterogéneos, el análisis aplica el mismo esquema de observación a cada uno: primero, se identifica la forma de inscripción del valor (precio como archivo, contrato, métrica de atención, regla algorítmica o mecanismo de redistribución), atendiendo a cómo las cifras funcionan como artefactos culturales y narrativas condensadas (Velthuis, 2005; Appadurai, 1986); segundo, se describe la infraestructura de legitimación y los dispositivos de mediación implicados, asumiendo que el valor se produce en ensamblajes de reglas, interfaces y autoridades, y que dichos dispositivos condicionan qué puede contarse y creerse sobre el valor (Muniesa, Millo, & Callon, 2007); tercero, se analiza el mecanismo de performatividad mediante el cual el precio no sólo representa, sino que hace, en el sentido de instituir expectativas y coordinar conductas (Austin, 1962), incluyendo la dimensión sociotécnica de la performatividad económica cuando los instrumentos de cálculo participan en la fabricación del mercado (MacKenzie, 2006); cuarto, se examinan los efectos ético-políticos del dispositivo, distinguiendo entre denuncia, reproducción, automatización o redistribución, con atención a cómo el valor se estabiliza como adhesión colectiva y deseo social (Orléan, 2011). La validez interpretativa se refuerza mediante triangulación interna del corpus (Denzin, 2017), contrastando materiales primarios con bibliografía secundaria pertinente para cada caso y explicitando los criterios analíticos para que el lector pueda seguir el paso inferencial desde el material empírico hacia la conclusión teórica. Por último, el artículo incorpora un posicionamiento reflexivo derivado de investigaciones previas de la autora sobre mercados primarios y aprendizaje del valor en trayectorias emergentes; esa dimensión se integra como sensibilidad analítica controlada y no como un “sexto caso”. Como es propio de la investigación basada en casos, las CONCLUSIÓNes se proponen como mecanismos conceptuales ampliables mediante futuras extensiones del corpus, entrevistas o análisis longitudinal de plataformas, más que como generalizaciones estadísticas (Yin, 2018).

4. ANÁLISIS Y RESULTADOS: EL PRECIO COMO DISPOSITIVO CREATIVO

El análisis de los cinco casos seleccionados muestra que, en el arte contemporáneo, el precio ha pasado de indicador de intercambio a dispositivo creativo capaz de producir conocimiento. En cinco décadas, este giro adopta estrategias diversas: archivo político, transacción performativa, métricas de atención, automatización algorítmica y reciprocidad. Más que una historia lineal, se perfila una constelación que conecta las dimensiones simbólica, tecnológica y ética del valor.

La primera estrategia aparece en “Shapolsky et al. Manhattan Real Estate Holdings, A Real-Time Social System” (1971) de Hans Haacke, un momento fundacional para entender el precio como archivo político. Haacke convierte registros notariales, cifras de transacción y documentación urbana en materia visual, mostrando que toda cifra económica es evidencia de una estructura de poder. La información se presenta sin estetización: números, direcciones, empresas pantalla y flujos de capital describen un paisaje urbano atravesado por la especulación. La cancelación de la exposición por el Guggenheim Museum confirmó la potencia crítica del gesto (Jiménez-Molina, 2022). En el mismo contexto, el museo censuró la intervención de Daniel Buren en la “Sixth Guggenheim International” (Messer & Alberro, 1997). El precio, como signo visual, obliga a leer la cifra como huella material de dominación y altera las condiciones de legitimación institucional.

Tres décadas más tarde, Santiago Sierra desplaza el precio hacia la acción. Sus intervenciones, basadas en pagar a personas en situación de vulnerabilidad para tareas repetitivas o degradantes, convierten el dinero en eje performativo: la transacción es la obra. El enunciado “te pago por hacer esto” opera como acto de poder que hace visible la desigualdad estructural y sitúa al público como testigo implicado. En esa tensión, la crítica puede quedar integrada en los mismos circuitos que pretende cuestionar.

El tránsito del precio-dato al precio-acto resuena en otras disidencias frente al mercado. Gustav Metzger y Cady Noland tensionan la circulación mercantil mediante, respectivamente, la auto-destrucción y la desautorización jurídica de obras. Wade Guyton y Wolfgang Tillmans introducen inestabilidad en la unicidad y la edición: el primero produce nuevas impresiones desde el archivo original ante reventas especulativas; el segundo realiza copias no numeradas para el circuito institucional y reserva ediciones estrictamente controladas para la venta. Estos gestos, documentados y analizados por Dieckvoss (2017), enlazan autoría, escasez y control, y convierten el precio en elemento estructural del discurso artístico.

Con las redes sociales, el valor se desplaza hacia la economía de la atención. “Excellences & Perfections” (2014) de Amalia Ulman construye en Instagram una ficción sostenida durante meses. El “precio” aparece como capital simbólico en forma de seguidores, likes y visibilidad, producido por algoritmos de exposición e interacción. La obra trabaja la autenticidad simulada como material estético y evidencia cómo las métricas digitales codifican valor, después convertible en capital económico, institucional o simbólico.

Esta lógica se entiende mejor si la atención se concibe como economía de plataformas. En la “segunda ola” de la economía de la atención, producción y consumo se superponen y se guían por métricas visibles y diseño persuasivo (Heitmayer, 2025). Ulman trabaja con esa infraestructura: convierte la métrica en mediación de valor y muestra que la performatividad del “precio” depende de arquitecturas de visibilidad que coordinan expectativas y conducta. Así, el “precio que habla” y el “precio que calcula” comparten una condición: el valor se estabiliza como efecto de dispositivo, aunque cambie el lugar de producción del significado.

Pak lleva esta lógica a la automatización. En “The Merge” (2021), el precio es un algoritmo programado. El proyecto se articuló como una “fragmented artwork” compuesta por cientos de miles de masses, adquiridas por decenas de miles de coleccionistas, y alcanzó 91,8 millones de dólares en dos días (Young, 2021). Cada compra incrementa el valor según reglas predefinidas, instalando un dynamic pricing donde transacción, visibilidad y confianza en el código se retroalimentan. La transparencia del blockchain no elimina deseo ni volatilidad; los desplaza al terreno de la regla. El cálculo deviene discurso: la narrativa humana cede espacio a una fórmula.

En contraste, MAIA introduce una inflexión ética: el precio como reciprocidad. Sus prácticas de redistribución y cuidado conciben el valor como vínculo. El fondo de emergencia creado durante la pandemia, distribuido sin contratos ni exigencias, invierte la gramática de la transacción: el dinero opera como sostenimiento mutuo y gesto estético-político. En afinidad con el pensamiento abolicionista de Ruth Wilson Gilmore, Spence propone entender la economía como libertad ejercida colectivamente; aquí el precio se desvincula de la escasez y se asocia a comunidad, hospitalidad y cuidado (Spence, s. f.).

Comparados, los cinco casos trazan una genealogía donde coexisten archivo político, transacción performativa, atención digital, automatización algorítmica y reciprocidad. En Haacke, el precio es documento; en Sierra, acto; en Ulman, métrica; en Pak, regla; en MAIA, relación. La intuición común es que el precio funciona como gramática de valor: puede revelar jerarquías, dramatizar desigualdad, organizar deseo o sostener comunidad. Por eso, lejos de desaparecer, el precio se expande hacia dimensiones simbólicas, tecnológicas y éticas que afinan el análisis de la relación entre valor, legitimidad y vida en la economía cultural contemporánea.

5. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

El análisis de los cinco casos sugiere que el precio se ha convertido en un lenguaje clave para comprender la economía simbólica del arte contemporáneo. De Haacke a MAIA, pasando por Sierra, Ulman y Pak, el precio opera como signo, acción y relación, y atraviesa tanto la dimensión institucional como la infraestructura digital y la ética del valor. Por ello, no puede reducirse a una cifra ni interpretarse sólo desde la lógica de la oferta y la demanda: funciona como un dispositivo cultural cuya performatividad organiza conocimiento social y estético y permite al arte interrogar las condiciones materiales de la producción cultural. La comparación indica además que esta performatividad excede el marco formulado por Velthuis en 2005. Si los precios “hablan” al expresar creencias, jerarquías y narrativas compartidas de legitimidad, hoy también “actúan”, “calculan” o “cuidan”, según el régimen de valor. En Haacke, el precio hace visible la infraestructura material de la propiedad; en Sierra, convierte la transacción en escena de desigualdad; en Ulman, se desplaza hacia la atención y sus métricas; en Pak, se automatiza como regla de actualización; en MAIA, se reinterpreta como reciprocidad y cuidado, con capacidad de reparar desigualdades y sostener formas de vida cultural no absorbidas por el mercado global.

Esta lectura no describe una evolución lineal, sino la coexistencia de capas: precio-signo, precio-acto, precio-métrica, precio-regla y precio-relación. Su superposición recuerda que el valor cultural es histórico y depende de dispositivos técnicos, regímenes de visibilidad y consensos comunitarios. También ayuda a explicar la fragmentación actual del mercado del arte, donde conviven señales consagradas de prestigio, formas emergentes de valoración automatizada e iniciativas orientadas a redistribuir legitimidad y recursos. De aquí se desprenden tres aportaciones. Primera, en su dimensión simbólica, el precio sigue articulando pertenencia y distinción, pero su gramática incorpora datos, algoritmos y métricas de atención, lo que exige diálogo entre sociología, teoría del arte y estudios de infraestructuras digitales. Segunda, en su dimensión afectiva, la mediación algorítmica reorganiza la experiencia del valor, coordina expectativas e induce conductas; la confianza se desplaza de lo interpersonal hacia efectos de diseño. Tercera, en su dimensión ética, prácticas como MAIA muestran que el precio puede orientarse a la redistribución y al sostenimiento mutuo sin desaparecer, abriendo un campo de imaginación económica más allá de la acumulación y la escasez.

Estas conclusiones tienen implicaciones para la investigación y la docencia. En contextos locales y trayectorias emergentes, el precio continúa operando como relato profesional, pero hoy se cruza con infraestructuras de visibilidad y con promesas de automatización del valor. Atender a cómo se construyen esas mediaciones ofrece una herramienta crítica para la formación artística: permite situar la economía del arte dentro de una reflexión sobre justicia cultural, sostenibilidad y condiciones de vida. En ese sentido, el arte contemporáneo no sólo registra transformaciones económicas: las pone a prueba y, en ocasiones, las reimagina.

FUENTES REFERENCIALES

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BIOGRAFÍA

Isabel Causadias Domingo. Profesora Lectora en Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona. Doctora en Bellas Artes, especializada en mercado del arte, economía cultural y autoría. Su investigación combina análisis sociológico y práctica artística para examinar cómo los precios, la confianza y la tecnología configuran las formas contemporáneas de valor artístico.