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<journal-title>ANIAV - Revista de investigaci&#x00F3;n en artes visuales</journal-title>
<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">ANIAV</abbrev-journal-title>
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<issn pub-type="epub">2530-9986</issn>
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<publisher-name>Universitat Polit&#x00E8;cnica de Val&#x00E8;ncia, UPV</publisher-name>
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<article-id pub-id-type="publisher-id">aniav.2026.24865</article-id>
<article-id pub-id-type="doi">10.4995/aniav.2026.24865</article-id>
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<subject>Art&#x00ED;culos cient&#x00ED;ficos</subject>
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<article-title>Priscilla Monge. La palabra, el amor y el arte son cosa de vida o muerte</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">Priscilla Monge. Words, Love, and Art Are Matters of Life and Death</trans-title>
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<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-1906-4314</contrib-id>
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<surname>Bonilla Elizondo</surname>
<given-names>Pablo</given-names>
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<bio><p><bold>Pablo Bonilla Elizondo</bold> es catedr&#x00E1;tico e investigador en la Escuela de Artes Pl&#x00E1;sticas de la Universidad de Costa Rica. Especialista en Teor&#x00ED;a del Arte y Semi&#x00F3;tica, su labor acad&#x00E9;mica se centra en el estudio de la imagen y su impacto en la cultura contempor&#x00E1;nea.</p></bio>
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<institution content-type="original">Universidad de Costa Rica</institution>
<institution content-type="orgname">Universidad de Costa Rica</institution>
<email>pablo.bonillaelizondo@ucr.ac.cr</email>
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<pub-date pub-type="epub">
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<month>03</month>
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<copyright-statement>&#x00A9; 2026 Los/as autores/as del trabajo</copyright-statement>
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<license-p>Creative Commons Atribuci&#x00F3;n-NoComercial-CompartirIgual 4.0.</license-p>
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<title>Resumen</title>
<p>El presente art&#x00ED;culo analiza la obra La palabra es cosa de vida y muerte (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-24865">2005a</xref>) de la artista costarricense Priscilla Monge con el prop&#x00F3;sito de reflexionar c&#x00F3;mo, en ella, se articula la violencia de g&#x00E9;nero y las hegemon&#x00ED;as discursivas en el arte de Costa Rica; para dicho prop&#x00F3;sito se problematiza la inscripci&#x00F3;n de los conceptualismos en Latinoam&#x00E9;rica en el marco poscolonial optando por una metodolog&#x00ED;a basada en la lectura cercana de la obra y en el cruce de referencias te&#x00F3;ricas y visuales, enmarcadas por la semi&#x00F3;tica postestructuralista y el psicoan&#x00E1;lisis.</p>
</abstract>
<trans-abstract xml:lang="en">
<title>Abstract</title>
<p>This article analyzes the work La palabra es cosa de vida y muerte (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-24865">2005a</xref>) by costa rican artist Priscilla Monge with the purpose of reflecting on how, through it, gender violence and discursive hegemonies are articulated in costa rican art; for that purpose the inscription of conceptualisms in Latin America within the postcolonial framework is problematized, opting for a methodology based on a close reading of the work and the intersection of theoretical and visual references, framed by poststructuralist semiotics and psychoanalysis.</p>
</trans-abstract>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Artes visuales</kwd>
<kwd>fotograf&#x00ED;a</kwd>
<kwd>arte conceptual</kwd>
<kwd>arte contempor&#x00E1;neo</kwd>
<kwd>Costa Rica</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Visual arts</kwd>
<kwd>photography</kwd>
<kwd>conceptual art</kwd>
<kwd>contemporary art</kwd>
<kwd>Costa Rica</kwd>
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<sec id="sec-1-24865">
<title>Introducci&#x00F3;n</title>
<p>Priscilla Monge (1968-) es una artista costarricense cuya obra, en uno de sus ejes m&#x00E1;s relevantes, explora la relaci&#x00F3;n entre la imagen y la escritura, enfocada en las relaciones de poder y las formas de violencia, sobre todo dirigidas hacia las mujeres. El an&#x00E1;lisis de sus obras se ha realizado, mayoritariamente, desde la sociolog&#x00ED;a y los estudios de g&#x00E9;nero, aqu&#x00ED;, desde la semi&#x00F3;tica y la teor&#x00ED;a del arte, el prop&#x00F3;sito de esta esta investigaci&#x00F3;n es profundizar en las formas de articulaci&#x00F3;n que conectan su foco tem&#x00E1;tico con la reflexi&#x00F3;n sobre la propia pr&#x00E1;ctica art&#x00ED;stica y visibilizar las formas en que el arte en Costa Rica participa de las din&#x00E1;micas discursivas hegem&#x00F3;nicas y sus disidencias.</p>
<p>En dicha lectura, enmarcada en el contexto del arte costarricense, se vuelve necesario la reflexi&#x00F3;n sobre la teor&#x00ED;a poscolonial, que algunas veces se ha planteado desde nacionalismos, &#x00E1;vidos de esconder las formas de colonialismo interno y de sostener hegemon&#x00ED;as discursivas propias bajo la excusa culturalizante, culpando en lugar al extranjero. Precisamente, se considera que la obra de Monge atraviesa fronteras discursivas para poner en cuesti&#x00F3;n dichas hegemon&#x00ED;as. En coherencia, para este escrito se ha planteado una metodolog&#x00ED;a de cruces te&#x00F3;ricos y visuales que se suman como un tejido estratificado que posibilita columpiar las formas de subversi&#x00F3;n m&#x00E1;s all&#x00E1; de las fronteras nacionales y, con ello, habilitar la valoraci&#x00F3;n de diferencias y de articulaciones. La metodolog&#x00ED;a se apoya en el an&#x00E1;lisis semi&#x00F3;tico y la utilizaci&#x00F3;n de fuentes secundarias en tanto estas permiten, m&#x00E1;s que un desentra&#x00F1;amiento, la lectura del impacto de su obra en su contexto de exhibici&#x00F3;n.</p>
<sec id="sec-2-24865">
<title>Historias, fronteras y columpios</title>
<p>El libro de Luis Camnitzer, <italic>Did&#x00E1;ctica de la Liberaci&#x00F3;n. Arte conceptualista latinoamericano</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-24865">2009</xref>), es una lectura imprescindible por su ambici&#x00F3;n, como cartograf&#x00ED;a extensa del arte de toda una regi&#x00F3;n. Camnitzer no se limita con colocar a artistas y obras en un mapa, hacerlos visibles, sino que traza historias, saberes, teor&#x00ED;as y procesos culturales que posibilitan distinciones locales y conexiones desde una metodolog&#x00ED;a del <italic>salpic&#x00F3;n y la compota</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-24865">Camnitzer, 2009</xref>, p. 23).</p>
<p>La decisi&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica de Camnitzer de escribir una historia del conceptualismo latinoamericano sin poner el ojo en Estados Unidos o Europa parece justificada, m&#x00E1;s si se piensa en su &#x00E9;poca de concepci&#x00F3;n y publicaci&#x00F3;n con sus interlocutores y la prolijidad de discursos prevalecientes en Museos, Facultades y Academias de Artes Pl&#x00E1;sticas, que operados (mayoritariamente) por &#x00E9;lites burguesas privilegiaban la derivaci&#x00F3;n o la tropicalizaci&#x00F3;n de los movimientos de vanguardia y postvanguardias como lo contempor&#x00E1;neo en Latinoam&#x00E9;rica. Sin embargo, veinte a&#x00F1;os despu&#x00E9;s y con los discursos de la decolonialidad algo m&#x00E1;s instaurados, amerita re-desviar la mirada hacia los fragmentos dispersos, los trayectos en fuga, migrantes muchos de ellos, de lo que fueron algunos centros. Quiz&#x00E1; as&#x00ED;, se puedan salvar y reinventar cruces, resonancias y di&#x00E1;logos omitidos por el dibujo de una frontera.</p>
<p>Ahora bien, el dibujo severo de dicha frontera se puede interpretar como c&#x00F3;mplice de la tajante definici&#x00F3;n que propone Benjamin Buchloh, qui&#x00E9;n entiende el arte conceptual como un movimiento formalista de posvanguardias estadounidenses y brit&#x00E1;nicas, opuesto a la noci&#x00F3;n abierta de conceptualismos, con la que Camnitzer comulga para Latinoam&#x00E9;rica (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-24865">Camnitzer, 2009</xref>, p. 39). Si bien es cierto, el prop&#x00F3;sito de Camnitzer es contar una historia propia, &#x201C;la impredecibilidad local de cada obra&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-24865">Camnitzer, 2009</xref>, p. 43), sin suponerla derivada, la concesi&#x00F3;n a Buchloh no deja de ser contradictoria, en tanto deja de lado la cr&#x00ED;tica transversal para coincidir con los fundamentos de la hegemon&#x00ED;a. Construir la propia historia no siempre implica descolonizarse, ya que, por una parte, las formas de colonizaci&#x00F3;n interna siempre est&#x00E1;n al acecho y, por otra, se evade la posibilidad de conversar y relacionarse con quienes luchan en los territorios colonizadores. En oposici&#x00F3;n a Buchloh, los abordajes de <xref ref-type="bibr" rid="ref-1-24865">Alexander Alberro (1999)</xref> son m&#x00E1;s prudentes, qui&#x00E9;n revisitando la etiqueta de arte conceptual evidencia que no hay un movimiento ni una categor&#x00ED;a, sino un conjunto de tensiones y discusiones irresueltas que se extienden en m&#x00FA;ltiples direcciones con intersecciones intermitentes en territorios no homog&#x00E9;neos. Noci&#x00F3;n que habilita disputar la etiqueta de arte conceptual, desprenderla de los rincones positivistas, regionalistas e historicistas, robarla y apropiarla para quitarle su peso desde la peque&#x00F1;a ficci&#x00F3;n llamada Costa Rica; acto necesario y urgente para revelar la densidad de una opresi&#x00F3;n que no solo viene de afuera, sino que tambi&#x00E9;n nace desde adentro.</p>
<p>En el registro temporal, tambi&#x00E9;n es importante desentenderse del historicismo que propone un protoconceptualismo, conceptualismo y postconceptualismo bajo la l&#x00F3;gica del auge, el esplendor y la decadencia. En el marco del arte conceptual estadounidense, la supuesta decadencia se situar&#x00ED;a en su militancia pol&#x00ED;tica, en la &#x201C;p&#x00E9;rdida de su pureza&#x201D; dado su v&#x00ED;nculo con las perspectivas cr&#x00ED;ticas marxistas, las luchas sociales y las reivindicaciones de las minor&#x00ED;as que cruzar&#x00E1; el arte global posterior a Mayo del 68. Camnitzer, quiz&#x00E1; sin concienciarlo, asume dicha premisa en sus p&#x00E1;ginas iniciales al afirmar que el arte conceptual en Estados Unidos es apol&#x00ED;tico como marca diferenciadora del conceptualismo latinoamericano (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-24865">Camnitzer, 2009</xref>, pp. 13-14). Sin embargo, bajo una mirada atenta, es claro que el v&#x00ED;nculo del arte conceptual con la pol&#x00ED;tica se precisa desde los antecedentes del Black Mountain College, Ed Ruscha (1937-) e incluso con los conceptualistas m&#x00E1;s ortodoxos como Lawrence Weiner (1942-2021) y Joseph Kosuth (1945-), en tanto se plantea una ruptura con el formalismo para cuestionar el sistema del arte modernista, sus contextos, mercados, sujetos y objetos. En ese sentido, no son ajenas a los sesenta y exclusivas de los setenta las pr&#x00E1;cticas conceptualistas de enganche pol&#x00ED;tico, aunque, en esa &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada, se aseste el golpe final a la etiqueta formalista asignada al arte conceptual.</p>
<p>Esto no quiere decir que la pol&#x00ED;tica inherente al arte conceptual en Latinoam&#x00E9;rica fue derivada y alimentada unidireccionalmente desde Europa o Estados Unidos. Es m&#x00E1;s, como se puede sospechar por las cronolog&#x00ED;as que presenta Camnitzer, el influjo muchas veces fue a la inversa; por ejemplo, el Group Material fue influenciado por las luchas de Am&#x00E9;rica Latina, sobre todo el sandinismo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-24865">Ault, 2010</xref>).</p>
<p>Por ello, se propone como metodolog&#x00ED;a pendular los columpios como los que <xref ref-type="bibr" rid="ref-24-24865">Ronald Rael y Virginia San Fratello (2019)</xref> logra atravesar por las rendijas del muro que separa M&#x00E9;xico de Estados Unidos, o mejor dicho Latinoam&#x00E9;rica, si se dimensionan los recorridos de las caravanas migrantes desde Suram&#x00E9;rica. Columpios que se arman y desarman para el juego, en ellos nada permanece ni deber&#x00ED;a permanecer, tampoco totalizan las relaciones posibles, ni hacen sucumbir un lado por el otro. Lo que interesa es el vaiv&#x00E9;n y los que lo provocan, met&#x00E1;fora de una relaci&#x00F3;n en continuidad que el muro fracasa en interrumpir. M&#x00E1;s cuando se reconoce que del otro lado, lo latinoamericano tambi&#x00E9;n se expresa en Ana Mendieta (1948-1945) o en F&#x00E9;lix Gonz&#x00E1;lez-Torres (1957-1996), por solo mencionar algunos.</p>
<p>Lo que interesa aqu&#x00ED; es adversar el dogma metodol&#x00F3;gico y aspirar a una decolonialidad de los cruces que permita una transversalidad sin desestimar lo propio y, m&#x00E1;s bien, otorgando el valor y autonom&#x00ED;a suficiente para que pueda resistir; algo que ya el mismo <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-24865">Dussel (2019)</xref> propon&#x00ED;a al reconocer la necesidad de los intercambios sin olvidar &#x201C;la ilusi&#x00F3;n de la simetr&#x00ED;a inexistente entre culturas&#x201D; (p. 140) que tiende a subrayar repetidamente hegemon&#x00ED;as locales (y su condescendencia con lo ajeno) en contra de lo insistentemente marginado.</p>
<p>En ese sentido, un an&#x00E1;lisis transversal puede evidenciar las formas de colonizaci&#x00F3;n interna que se ocultan y validan bajo el rechazo de lo otro. Como indica <xref ref-type="bibr" rid="ref-28-24865">Gayatri Spivak (2010)</xref>:</p>
<disp-quote>
<p>Los estudios sobre el discurso colonial, cuando se centran s&#x00F3;lo en la representaci&#x00F3;n de los colonizados o en el tema de las colonias, pueden servir en ocasiones para la producci&#x00F3;n del saber neocolonial actual, colocando el colonialismo/imperialismo a salvo en el pasado&#x2026; (p. 13).</p>
</disp-quote>
<p>Se concuerda en que una investigaci&#x00F3;n dogm&#x00E1;tica de lo propio, a pesar de sus buenas intenciones, puede perpetuar dominaciones que refuerzan inequidades de etnia, clase, g&#x00E9;nero y otras; m&#x00E1;s s&#x00ED;, como afirma Spivak, se excluye o se supone superado la evaluaci&#x00F3;n de lo colonizado. Al contrario, arriesgar cruces e intercambios permite contrastar realidades (simb&#x00F3;licas y materiales) sin suponer que la disimetr&#x00ED;a entre las pr&#x00E1;cticas sociales y culturales se soluciona con la forclusi&#x00F3;n del sistema de opresi&#x00F3;n que, a la larga, conlleva a un colonialismo interno de orden complaciente.</p>
<p>Como afirma <xref ref-type="bibr" rid="ref-26-24865">Rita Segato (2013)</xref>, la intrusi&#x00F3;n colonial no cambi&#x00F3; radicalmente el orden y la hegemon&#x00ED;a pre-intrusi&#x00F3;n, entendido como pliegue fragmentario de &#x201C;realidades que continuaron caminando junto y al lado del mundo intervenido por la colonial modernidad&#x201D; (p. 78). Sino que, en muchos casos se &#x201C;exacerbaron y tornaron perversas y muchos m&#x00E1;s autoritarias las jerarqu&#x00ED;as que ya conten&#x00ED;an en su interior, que son b&#x00E1;sicamente las de casta, de estatus y de g&#x00E9;nero...&#x201D; (p. 78). Como narra la autora, la negociaci&#x00F3;n de los colonizadores con los pueblos originarios se llev&#x00F3; a cabo con las organizaciones masculinas, algunas institucionalizadas por los colonizadores mismos y de ah&#x00ED;, perpetuadas en detrimento de la participaci&#x00F3;n de las mujeres en la vida p&#x00FA;blica. A partir de estas observaciones, se toma de Segato la cr&#x00ED;tica directa al argumento culturalista como justificaci&#x00F3;n a las formas de opresi&#x00F3;n o subalternidad.</p>
<p>Ante el supuesto de que la cultura no tiene historia, sino que solo una permanencia a conservar, Segato plantea repensar la idea de &#x201C;cultura&#x201D; por la de &#x201C;pueblo&#x201D; entendido como la autopercepci&#x00F3;n de una historia com&#x00FA;n, &#x201C;que viene de un pasado y se dirige a un futuro, a&#x00FA;n a trav&#x00E9;s de situaciones de disenso interno y conflictividad&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-24865">Segato, 2013</xref>, p. 75). Una historia que no es lineal, sino un tejido colectivo, en ocasiones interceptado y que, ante eso, requiere ser suturada, pero no borrada:</p>
<disp-quote>
<p>Cuando la historia que tej&#x00ED;a colectivamente, como el tramado de un tapiz donde los hilos dise&#x00F1;an figuras, a veces acerc&#x00E1;ndose y convergiendo, a veces distanci&#x00E1;ndose y en oposici&#x00F3;n, es interceptada, interrumpida por fuera de una intervenci&#x00F3;n externa, ese sujeto colectivo pretender&#x00E1; retomar los hilos, hacer peque&#x00F1;os nudos, suturar la memoria y continuar (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-24865">Segato, 2013</xref>, p. 76).</p>
</disp-quote>
<p>En esta investigaci&#x00F3;n se pretende evitar la excusa &#x201C;culturalizante&#x201D; que bloquea el potencial de las historias cruzadas y transversales: formas de encuentro entre resistencias, pero tambi&#x00E9;n formas de sutura y reconfiguraci&#x00F3;n de la memoria bajo el reconocimiento de lo intrusivo como parte de ese tejido hist&#x00F3;rico que no se deshace por simple exclusi&#x00F3;n.</p>
<p>Aprovechando la met&#x00E1;fora de la historia como un tejido colectivo, se vuelve pertinente valorar la obra de Faith Ringgold (1930-2024), artista afrodescendiente, resistente de opresi&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica por ser mujer negra, en el contexto amplio estadounidense y en el contexto educativo de la formaci&#x00F3;n art&#x00ED;stica universitaria. Su mirada sobre Picasso es significativa: en una primera instancia Ringgold reconoce la influencia estil&#x00ED;stica en su mural American People (1967), como parte natural de la formaci&#x00F3;n que recibe en el City College de Nueva York. Sin embargo, responde a ella posteriormente con: Picasso's studio (<xref ref-type="bibr" rid="ref-25-24865">1991</xref>). En esta obra, la artista representa a Picasso pintando a Las Se&#x00F1;oritas de Avignon (1906) en su estudio, teniendo de modelo a una mujer negra que sobresale entre dibujos de m&#x00E1;scaras africanas. Rodeando la escena, se observan p&#x00E1;rrafos de escritura que refieren a correspondencia que la modelo negra tiene con su t&#x00ED;a, en la que se describe su deseo de ser artista:</p>
<disp-quote>
<p>&#x201C;You go ahead, girl, and try this art thing,&#x201D; they whispered to me in a women-of-the-world voice straight from the evening. &#x201C;We don&#x2019;t want HIM to hear us talking, but we just want to let you know you have to give up nothing.&#x201D; [&#x00AB;Adelante, muchacha, y prueba eso del arte&#x00BB;, me susurraron con voz de mujer-de-mundo llegada directamente de la noche. &#x00AB;No queremos que &#x00C9;l nos oiga hablar, pero queremos que sepas que no tienes que renunciar a nada&#x00BB;.] (<xref ref-type="bibr" rid="ref-25-24865">Ringgold, 1991</xref>, p&#x00E1;rr. 8).</p>
</disp-quote>
<p>En esta obra, las conversaciones entre mujeres son ajenas a Picasso, pintadas por el &#x201C;genio&#x201D;, pero desinteresadas de ser o&#x00ED;das por &#x00E9;l, lo que importa son sus intercambios, la escucha resistente entre las voces del pasado, el presente y el futuro: la misma modelo-artista que devendr&#x00E1; responsable de la obra. En ese sentido, se toma de Ringgold la necesidad de un discurso decolonial consciente de la opresi&#x00F3;n que perdura, pero ante la que se resiste gracias a las historias locales y a su capacidad de resonar y subvertir los procesos hist&#x00F3;ricos que susurran desde el pasado y alcanzan el presente.</p>
<p>Como se demostrar&#x00E1;, la obra de Priscilla Monge (1968-) La palabra es cosa de vida o muerte (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-24865">2005a</xref>) <xref ref-type="fig" rid="fig-1-24865">Figura 1</xref>, brinda luces sobre el desarrollo de la fotograf&#x00ED;a conceptual en Costa Rica como una pr&#x00E1;ctica de subversi&#x00F3;n que, en funci&#x00F3;n de abordar la violencia contra las mujeres, posibilita, tambi&#x00E9;n, cuestionar los discursos hegem&#x00F3;nicos sobre el arte y su funci&#x00F3;n social. En similitud con Ringgold, en ella se escuchan las historias como huellas escritas, silenciosas pero remanentes en la sobremesa, una interpelaci&#x00F3;n a los que mantienen su mirada y la posibilidad transformadora de esta.</p>
    <fig id="fig-1-24865">
        <label>Figura 1.</label>
        <caption><title>&#x201C;La Palabra es cosa de vida o muerte&#x201D;, <italic>Priscilla Monge, <xref ref-type="bibr" rid="ref-19-24865">2005a</xref>. Fotograf&#x00ED;a a color sobre papel metalizado, 50&#x201D; x 60&#x201D;. Colecci&#x00F3;n de la artista</italic>.</title></caption>
        <graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-1-24865.jpg"/>
    </fig>
</sec>
<sec id="sec-3-24865">
<title>Priscilla Monge. <italic>La palabra es cosa de vida o muerte</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-24865">2005a</xref>)</title>
<p>La fotograf&#x00ED;a, &#x00ED;ndice en s&#x00ED;, captura un segundo &#x00ED;ndice: la sobremesa. Huellas de una conversaci&#x00F3;n entre mujeres, de confidencias que se compartieron con una taza de caf&#x00E9; pero que la persona espectadora ya no puede escuchar: para ella, no hay acceso al enunciado, s&#x00F3;lo a la certeza de una enunciaci&#x00F3;n pasada, gracias a la vajilla usada y las servilletas desordenadas.</p>
<p>Tercer &#x00ED;ndice, detallando lo mostrado, se perciben palabras escritas con el dedo en los restos de caf&#x00E9; de las tazas, silenciosas pero visibles. Ahora bien, esta escritura no est&#x00E1; por &#x201C;debajo de la mesa&#x201D;, los significantes indiciales no se&#x00F1;alan lo oculto, sino a lo que est&#x00E1; en la mesa misma, no es el inconsciente oscuro sino su manifestaci&#x00F3;n en el lenguaje, evitado, aunque indicado siempre, como la carta robada que interes&#x00F3; tanto a <xref ref-type="bibr" rid="ref-15-24865">Lacan (2009)</xref>. Ese texto, de cara al espectador remite a una violencia t&#x00E1;cita, tanto en su sentido enunciado (<italic>la palabra es cosa de vida o muerte</italic>), como en la densidad de la sustancia que ahora hace notable la escritura. Gracias al dedo que marca, el caf&#x00E9; se percibe denso y rojizo, sangriento. El enunciado tambi&#x00E9;n es enf&#x00E1;tico al referir a la condici&#x00F3;n perform&#x00E1;tica del lenguaje. Las palabras no son ajenas a los sucesos, sino que los produce; la vida y muerte oscilan entre ellas.</p>
<p>Para ser expl&#x00ED;citos, falta decir todas las correspondencias presentes en esta obra. El dedo que indica la densidad de las sustancias, el mismo que escribe palabras sobre las palabras, todo mostrado en la sobremesa (huellas de conversaciones pasadas). Todo eso, hecho foto.</p>
<p>La fotograf&#x00ED;a, como indica <xref ref-type="bibr" rid="ref-5-24865">Barthes (1990)</xref>, se sostiene sobre el &#x201C;esto ha sido&#x201D;, la inevitable condici&#x00F3;n de una enunciaci&#x00F3;n pasada que ahora sobrevive cristalizada en el tiempo, capturada por la copresencia de la luz que ilumin&#x00F3; la escena y de la densidad de las sustancias reveladoras que, como el caf&#x00E9; en las paredes de la taza, fij&#x00F3; la escritura en la imagen. Quiz&#x00E1; la obra de Priscilla Monge, sin negar los sentidos m&#x00E1;s usuales, tambi&#x00E9;n es sobre la fotograf&#x00ED;a en su identidad bordeante, no solo de la violencia que en silencio representa, sino del medio y su capacidad desestabilizadoras de los discursos dominantes y las hegemon&#x00ED;as representativas del arte, de las complicidades e indulgencias que conectan ambos registros bajo el acto de mirar.</p>
<p>Claudia Mandel en Est&#x00E9;ticas al borde (<xref ref-type="bibr" rid="ref-18-24865">2016</xref>), a partir de la obra La sombra de <xref ref-type="bibr" rid="ref-16-24865">Jessica Lagunas (1999)</xref>, analiza las formas de sujeci&#x00F3;n que viven las mujeres ante sus c&#x00F3;nyuges, no como sujetos del matrimonio sino como objetos bajo un pacto entre otros-masculinos, ante quienes se ocupa una posici&#x00F3;n de subalternidad. Un fotograma de la instalaci&#x00F3;n de Lagunas muestra un par de zapatos rojos de vestir para mujeres, f&#x00E1;ciles de asociar con su sexualizaci&#x00F3;n. Sus tacones incrustados en el concreto los mantiene erguidos permiti&#x00E9;ndoles proyectar sus sombras, las que adquieren claro protagonismo por la luz del espacio, el cemento crudo y el mismo t&#x00ED;tulo de la obra. Las dicotom&#x00ED;as marcan el camino simb&#x00F3;lico de la obra entre lo visible y lo proyectado como sombra, lo erguido y lo pasivo, lo usado y lo desechado, lo apresado y lo liberado. Dicotom&#x00ED;as que prefiguran la sujeci&#x00F3;n del ser mujer, entre la opresi&#x00F3;n y las formas de resistencia.</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref-7-24865">Judith Butler (2019)</xref> indica que el t&#x00E9;rmino &#x00AB;subjetivaci&#x00F3;n&#x00BB; &#x201C;denota tanto el devenir del sujeto como el proceso de sujeci&#x00F3;n; por tanto, uno/a habita la figura de la autonom&#x00ED;a s&#x00F3;lo al verse sujeto/a a un poder&#x201D; (p. 95). A&#x00F1;ade Butler que &#x201C;para Foucault, por consiguiente, el aparato disciplinario produce sujetos, pero, como consecuencia de esa producci&#x00F3;n, introduce en el discurso las condiciones para subvertirlo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-7-24865">2019</xref>, p. 113).</p>
<p>Ahora bien, en el conjunto del <italic>performance</italic> de Lagunas, estos zapatos ser&#x00E1;n arrancados del concreto y usados para reinscribir los nombres propios de decenas de mujeres; ahora sin el peso del apellido conyugal, en un acto que renombra desde el ser mujer y hacia mujeres, explicit&#x00E1;ndose como un acto de liberaci&#x00F3;n. Por ello, en este texto se ha optado por analizar la idea de la sujeci&#x00F3;n en la obra de Monge, no como contenido sociol&#x00F3;gico asignado, sino como significaci&#x00F3;n derivada de los signos indiciales que se tejen desde el medio fotogr&#x00E1;fico hasta lo escrito y que posibilitan leer su obra como una reflexi&#x00F3;n sobre la misma pr&#x00E1;ctica art&#x00ED;stica.</p>
<p>Es anecd&#x00F3;tico si Priscilla Monge conoce la obra de Faith Ringgold; las relaciones pueden establecerse no para un descifrado hermen&#x00E9;utico, ni para cancelar la singularidad de su obra &#x2015;<italic>ya eso est&#x00E1; muy visto</italic>&#x2015;, sino para situarla en el &#x00E1;mbito de su enunciaci&#x00F3;n y as&#x00ED; desplegar todo aquello que es diferente.</p>
<p>Se retoma de Ringgold la escena silenciosa representada del pintor y su modelo negra en Picasso Studio (<xref ref-type="bibr" rid="ref-25-24865">1991</xref>). La escritura, ajena a Picasso, encuentra a sus espectadores en confluencia o complicidad con aquellas que intercambian correspondencia. Si en Priscilla Monge se observa una concordancia entre lo escrito, la escritura, el dedo sobre la sustancia y el &#x00ED;ndice fotogr&#x00E1;fico, en Faith Ringgold se plasma entre lo escrito, la correspondencia, el texto como pluralidad de voces y el tejido del <italic>quilt,</italic> como pr&#x00E1;ctica cultural colectivizante de mujeres, que en el contexto norteamericano se vincula a la opresi&#x00F3;n y a simbolizaciones codificadas de resistencia. Margaret Atwood en Alias Grace (<xref ref-type="bibr" rid="ref-2-24865">1996</xref>) usa el <italic>quilting</italic> para expresar el lenguaje &#x201C;secreto&#x201D; de su protagonista, &#x00FA;nico espacio codificado desde donde habla al fin, sin ser objeto de juicio por la sociedad puritana que la sujeta. Tambi&#x00E9;n es desde el Black Mountain College (heredera de la Bauhaus y con una filosof&#x00ED;a pedag&#x00F3;gica del arte para la vida) que artistas como Ruth Asawa (1926-2013) posicionaron los tejidos como parte de los lenguajes contempor&#x00E1;neos, con arraigo cultural e identitario de peso, asumido sobre todo por mujeres.</p>
<p>En la obra de Faith Ringgold el tejido asume de lleno dichos sentidos como pr&#x00E1;ctica ancestral y de codificaci&#x00F3;n secreta para el encuentro de mujeres, espacio de construcci&#x00F3;n de lo com&#x00FA;n y resistencia ante la dominaci&#x00F3;n. Con Picasso, no como creador, sino como personaje creado, el tejido es tambi&#x00E9;n una cr&#x00ED;tica a la hegemon&#x00ED;a del arte, tanto hacia el medio legitimado de la pintura, como a la ideolog&#x00ED;a representativa del autor: el gusto europeizante, lo masculino y el consumo burgu&#x00E9;s de lo ex&#x00F3;tico.</p>
<p>En la obra de Monge, la fotograf&#x00ED;a en el contexto regional cumple una funci&#x00F3;n similar de resistencia ante las hegemon&#x00ED;as de los medios. Sin el peso hist&#x00F3;rico de la fotograf&#x00ED;a modernista estadounidense o del fotoconceptualismo, su consideraci&#x00F3;n en el arte costarricense (ya sea en eventos como las Bienartes<sup><xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref></sup> o en los espacios de educaci&#x00F3;n formal) se da hasta finales de la d&#x00E9;cada de los noventa y no sin resistencia de las &#x00E9;lites acad&#x00E9;micas y la burgues&#x00ED;a conservadora. De la mano de fot&#x00F3;grafas resonantes con las tendencias posmoderna estadounidense como Victoria Cabezas (1950-) y Rebeca Alpizar (1968-) la fotograf&#x00ED;a introdujo una perspectiva intimista que hac&#x00ED;a roncha con la pintura abstracta y la escultura modernista mayoritariamente masculina.</p>
<p>Es f&#x00E1;cil unir a Priscilla Monge a este grupo de artistas, aunque quiz&#x00E1; su inter&#x00E9;s por la fotograf&#x00ED;a sea menos estetizante y m&#x00E1;s documental. Algo patente en el registro de su <italic>performance</italic> Bloody Day (1998) presente en la <xref ref-type="fig" rid="fig-2-24865">Figura 2</xref>, en el que la artista viste un pantal&#x00F3;n de toallas sanitarias el d&#x00ED;a de su menstruaci&#x00F3;n y camina por las calles de San Jos&#x00E9;. En esta pieza, por obvias razones, lo fotogr&#x00E1;fico refiere a la mirada <italic>voyeur</italic> o persecutoria, en vez de la t&#x00E9;cnica fotogr&#x00E1;fica calculada. Conceptual y est&#x00E9;ticamente similares a los encuadres presentado por Cindy Sherman (1954-) en algunas tomas de su serie FilmStill (<xref ref-type="bibr" rid="ref-27-24865">1977-1980</xref>), lo que las une es lo que la imagen no muestra o calla, la mirada que estando fuera de cuadro, encuadra. El potencial indicador de la fotograf&#x00ED;a aqu&#x00ED; se muestra contundentemente, el &#x201C;esto ha sido&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-5-24865">Barthes, 1990</xref>) se complementa con el &#x201C;esto ha sido mirado&#x201D;, y esa mirada a sujetado, ha hecho sujeto.</p>
<fig id="fig-2-24865">
<label>Figura 2.</label>
<caption><title>&#x201C;Bloody Day / Un d&#x00ED;a en la ciudad&#x201D;, <italic>Priscilla Monge, 1998. Fotograf&#x00ED;a color sobre papel Hahnem&#x00FC;hele, 30cm x 40cm. Colecci&#x00F3;n CEGAC</italic>.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-2-24865.jpg"/>
</fig>
<p>Por otra parte, la diferencia rotunda entre ambas obras es la representaci&#x00F3;n de la soledad, en FilmStill (1977-1980) lograda por el peso de la arquitectura funcionalista y los espacios vac&#x00ED;os; en Monge, al contrario, construido por la cantidad de gente que la rodea y a la que le resulta indiferente su &#x201C;accidente&#x201D;: la ciudad latinoamericana. Hay tambi&#x00E9;n una Latinidad en la mesa de caf&#x00E9; de la obra La palabra es cosa de vida o muerte (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-24865">2005a</xref>): en el mantel rojo barroco y en la vajilla algo kitsch de flores rosa&#x2026; <italic>mi madre ten&#x00ED;a una igual que solo sacaba con las visitas.</italic> Bajo esa l&#x00F3;gica, el registro documental en la obra de Monge introduce una l&#x00F3;gica no estetizante de la imagen fotogr&#x00E1;fica en el marco costarricense, que remite a lo cotidiano y que socava los muros del museo, en resonancia con <xref ref-type="bibr" rid="ref-9-24865">Crimp (1993)</xref>.</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref-11-24865">Heather Diack (2020)</xref>, reafirma el potencial cr&#x00ED;tico de la fotograf&#x00ED;a en su condici&#x00F3;n contingente y ambigua: de representar lo real y evadirlo por su imposibilidad de recrearlo existencialmente. Del &#x201C;esto ha sido&#x201D; que se conserva y se mantiene abierto &#x201C;to endless alterations in meaning through its relationship to the world outside... [a infinitas alteraciones de significado a trav&#x00E9;s de su relaci&#x00F3;n con el mundo exterior]&#x201D; (p. 16). En ese sentido, la condici&#x00F3;n multitemporal de la fotograf&#x00ED;a induce a un tipo de irracionalidad contradictoria con lo que se desea ver en ella: la representaci&#x00F3;n objetiva de lo real. Como afirma la autora, la fotograf&#x00ED;a &#x201C;is figured as a space of resistance to science, and to traditional concepts of art, logic, and progress&#x2026; [se considera un espacio de resistencia a la ciencia y a los conceptos tradicionales del arte, la l&#x00F3;gica y el progreso]&#x201D; (p. 23). As&#x00ED;, la conclusi&#x00F3;n que presenta Diack, es que la fotograf&#x00ED;a asumida desde el conceptualismo se refuerza y constituye desde esa irracionalidad, pero no como parte de una cr&#x00ED;tica tautol&#x00F3;gica que la autonom&#x00ED;a del arte har&#x00ED;a inocua, sino m&#x00E1;s bien, &#x201C;as a strategy for confronting conventional ways of looking, framing, and depicting that were increasingly understood as an orchestrating system of hegemonic control. [como una estrategia para hacer frente a las formas convencionales de ver, enmarcar y representar, que cada vez m&#x00E1;s se entend&#x00ED;an como un sistema orquestado de control hegem&#x00F3;nico&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-11-24865">Diack, 2020</xref>, p. 24).</p>
<p>En ese sentido, cruzando la teor&#x00ED;a de Diack con la obra de Monge, en La palabra es cosa de vida o muerte (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-24865">2005a</xref>) esa ambig&#x00FC;edad entre la imagen posible, pero falsa, como registro de potenciales eventos del pasado que atraviesan el tiempo para reflexionar sobre la normalizaci&#x00F3;n violenta del silencio en las relaciones de sujeci&#x00F3;n, es tejida con la pregunta sobre el medio fotogr&#x00E1;fico y la pr&#x00E1;ctica art&#x00ED;stica como part&#x00ED;cipe (condescendiente o cr&#x00ED;tica) en figurar las formas de lo que es debido representar y ver. Algo tambi&#x00E9;n presente en Bloody Day, donde lo que no se deber&#x00ED;a mostrar como Arte, lo abyecto, se muestra. Esos elementos liminares entre lo interno y externo que <xref ref-type="bibr" rid="ref-17-24865">Mandel (2013)</xref> ubica en la obra de Monge como cr&#x00ED;tica &#x201C;a los ideales est&#x00E9;ticos del cuerpo femenino como superficie sellada y acabada&#x201D; (p. 11).</p>
<p>En el contexto del arte costarricense de finales del siglo XX, dominado por la pintura y escultura abstracta, la obra de Priscilla participa de una cr&#x00ED;tica radical al gusto moral de la burgues&#x00ED;a vallecentralina costarricense y la autonom&#x00ED;a est&#x00E9;tica rentable en el mercado nacional, no solo por lo mostrado, sino tambi&#x00E9;n por los mecanismos visuales que se abr&#x00ED;an espacio y cuestionaban la institucionalidad que muestra y legitima.</p>
<p>Los juegos de palabras en la obra de Monge son recurrentes, en el conjunto de su obra, la tensi&#x00F3;n entre lo visible y lo decible se conforma por peque&#x00F1;as sustituciones que permiten desestabilizar o anclar lo que se ve. En otra obra similar: El amor es cosa de vida y muerte (<xref ref-type="bibr" rid="ref-20-24865">2005b</xref>), la palabra &#x00AB;palabra&#x00BB; se sustituye por &#x00AB;amor&#x00BB;. Barthes en Fragmentos del discurso amoroso (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-24865">2008</xref>) afirma que decir &#x201C;te amo&#x201D; es una proliferaci&#x00F3;n, un llamado imperioso, esperar una respuesta. Decir te amo es tambi&#x00E9;n amar como verdad: &#x201C;decir te-amo es hacer como si no hubiera ning&#x00FA;n teatro de la palabra, y esa expresi&#x00F3;n es siempre verdadera (no hay otro referente que su proferici&#x00F3;n: es un performativo)&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-24865">2008</xref>, p. 271). En ese sentido, en esta segunda obra, lo que se presentaba como una referencia al lenguaje y su potencial v&#x00ED;nculo con los actos se concreta sin aparente teatro alguno bajo la r&#x00FA;brica del amor. Sin embargo, la escritura indicial, vuelve a darle peso a esas palabras, las vuelve a inscribir en la imagen como su lugar de captura. Es en ella donde se encuentran raptadas, est&#x00E1;n tomadas &#x2015;de vida o muerte&#x2015;.</p>
<p>Sobre el rapto, Barthes recuerda la vieja relaci&#x00F3;n de vocabulario entre el amor y la guerra: estar flechado, estar herido, conquistar, capturar. Este &#x00FA;ltimo, con clara resonancia con la fotograf&#x00ED;a y la pintura: &#x201C;amamos primeramente un cuadro. Puesto que es necesario para el flechazo el signo mismo de su instantaneidad (&#x2026;) el cuadro consagra el objeto que voy a amar&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-24865">2008</xref>, p. 240); as&#x00ED; la pintura tambi&#x00E9;n se entromete. Sobra recordar las pinturas hist&#x00F3;ricas sobre raptos inspiradas en los mitos grecolatinos, porque tambi&#x00E9;n un cuadro es la incitaci&#x00F3;n imperiosa para ver, el llamado desp&#x00F3;tico que dice: &#x201C;&#x00BF;Quieres mirar? &#x00A1;Pues aqu&#x00ED; tienes, ve esto!&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-14-24865">Lacan, 1987</xref>, p. 108). Pero no sin mostrar sus l&#x00ED;neas de fuga, como con Ganimedes deseado por Zeus en la Cr&#x00E1;tera del <xref ref-type="bibr" rid="ref-22-24865">Pintor de Berl&#x00ED;n (500-475 a.C.)</xref> que lo enmarca, pero mantiene siempre inalcanzable en la otra cara. O como Gradiva (<xref ref-type="bibr" rid="ref-13-24865">Freud, 1977</xref>), la que avanza, que, aunque enmarcada en un antiguo friso, caminaba libre y se escabulle por las grietas de Pompeya. En la obra de Monge, las l&#x00ED;neas de fuga son precisamente la consistencia indicial que atraviesa la puesta en escena hasta la mirada que la hace posible: de la elaboraci&#x00F3;n detallada de estos bodegones y su fractura en direcci&#x00F3;n al espectador. Porque, ante todo, quiz&#x00E1; se ha tenido prisa, y no se ha advertido que estamos ante bodegones, cuyos rastros de escritura han desestabilizado.</p>
<p>En ese sentido, la escritura tambi&#x00E9;n juega un rol cr&#x00ED;tico en torno a la idea de la autonom&#x00ED;a discursiva de lo visual que se estereotipa en el dicho: &#x00A1;una obra tiene que hablar por s&#x00ED; misma! En la obra de Monge, la persona espectadora pareciera tener el deber de hacerla hablar, de reconocer en ella las formas en que la escritura participa no solo de un enunciado, sino de una enunciaci&#x00F3;n que la ha gestado. Aqu&#x00ED; lo escrito se vuelve visible y lo visible escrito, catexis entre semi&#x00F3;ticas o reg&#x00ED;menes de signos.</p>
<p>Como indican <xref ref-type="bibr" rid="ref-10-24865">Deleuze y Guattari (2015)</xref>, hay m&#x00FA;ltiples semi&#x00F3;ticas, cada una entendida como un r&#x00E9;gimen de signos dif&#x00ED;cil de ser pensado en s&#x00ED; mismo, dado que su plano de contenido y expresi&#x00F3;n hacen constante agenciamiento con otros signos. Desde esa idea, la obra de Monge se puede relacionar con la potencia discursiva del arte como un entramado de signos fluctuantes, en la que la mirada tiene el deber de perseguir esas l&#x00ED;neas de fuga, de situar irrupciones en el continuo de las experiencias precondicionadas de lo visual. Como afirma <xref ref-type="bibr" rid="ref-23-24865">Juan Mart&#x00ED;n Prada (2023)</xref>, el arte puede ser desilusionador, en tanto &#x201C;sofisticada pr&#x00E1;ctica de problematizaci&#x00F3;n de los modos de relacionarnos con lo visual&#x201D; (p. 12). Y es que precisamente, como acota el mismo autor, la saturaci&#x00F3;n de lo visual parad&#x00F3;jicamente conlleva a una inadvertida ceguera social. Una ceguera social m&#x00E1;s cercana a un no querer ver que a un no poder ver. Lo mostrado en la obra de Priscilla Monge, en ese sentido, no es solo la violencia, sino las formas en que se muestra y se calla, los que la producen y dejan de producir fuera de cuadro, los reg&#x00ED;menes de im&#x00E1;genes, del arte y sus complicidades.</p>
</sec>
</sec>
<sec id="sec-4-24865">
<title>A Manera De Conclusi&#x00F3;n</title>
<p>Tzvetan Todorov en la Pintura de la Ilustraci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref-29-24865">2014</xref>) menciona como desde el siglo XV se instituy&#x00F3; el bodeg&#x00F3;n como g&#x00E9;nero al omitir las figuras humanas, pero no completamente. Como afirma dicho autor, en los bodegones se &#x201C;representa objetos materiales de tama&#x00F1;o reducido, fabricados por el hombre o procedentes del mundo mineral, vegetal o animal, pero siempre resultado de la intervenci&#x00F3;n humana&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-29-24865">2014</xref>, p. 64). Explicar&#x00E1; as&#x00ED; su estatus intermedio como una escena que, sin mostrar al ser humano, en realidad lo muestra por medio de sus acciones pasadas, fuera del cuadro. Cuesti&#x00F3;n que encuentra coherencia en algunos de sus nombres como <italic>stilleven</italic> (vida silenciosa) o naturaleza muerta: &#x201C;La vida sin duda ha estado ah&#x00ED;, pero sus efectos est&#x00E1;n inmovilizados, y por lo tanto como muertos&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-29-24865">2014</xref>, p. 64).</p>
<p>Esa vida silenciosa, sobre todo en el bodeg&#x00F3;n flamenco inscrito en el marco protestante, refiere a un estatus social y a un bienestar moral y econ&#x00F3;mico. Los excesos en alimentos, los libros, los instrumentos musicales refieren a las vanidades que deben cultivarse, pero con sus debidas advertencias: calaveras y relojes siempre merodean para evocar &#x201C;el paso del tiempo y la finitud de todas las cosas&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-29-24865">2014</xref>, p. 66). As&#x00ED;, desde su independencia como g&#x00E9;nero, el bodeg&#x00F3;n articula una vanidad, una condici&#x00F3;n de clase y la inevitable muerte: <italic>memento mori.</italic></p>
<p>Pero quiz&#x00E1; no es algo que ha quedado en el pasado de la historia y la iconograf&#x00ED;a. En Ret&#x00F3;rica de la Imagen (<xref ref-type="bibr" rid="ref-4-24865">1986</xref>), Barthes demuestra c&#x00F3;mo en una de sus &#x00FA;ltimas connotaciones, la publicidad francesa de unas pastas y de la compra matutina, remite al bodeg&#x00F3;n art&#x00ED;stico para anclar la imagen a lo que en el texto se afirma contundentemente: A <italic>l&#x2019;italienne de luxe</italic> o estilo italiano de lujo. Esta demostraci&#x00F3;n permite reconocer una asociaci&#x00F3;n marcada y a&#x00FA;n incrustada en el marco social, de la pintura de bodeg&#x00F3;n como referente a un estatus social.</p>
<p>Antes de Priscilla Monge, debemos a Clara Peeters (1580/89- 1636/o posterior) uno de los mejores cuestionamientos al g&#x00E9;nero del bodeg&#x00F3;n y a la pintura. Dada la exclusi&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica patente de las mujeres artistas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-21-24865">Nochlin, 1971</xref>), Peeters encontr&#x00F3; en los reflejos de la cristaler&#x00ED;a y la plata la forma de volver hacer presente eso que el bodeg&#x00F3;n hab&#x00ED;a excluido y que lo hac&#x00ED;a moralmente seguro para las pintoras mujeres: el cuerpo, su cuerpo. Pero, adem&#x00E1;s, firm&#x00F3; no como qui&#x00E9;n observ&#x00F3; y pint&#x00F3; a distancia la escena, sino integrada a ella: su nombre se inscribe en la cuberter&#x00ED;a m&#x00E1;s fina, afirmando su dominio.</p>
<p>Monge, como una gran cantidad de mujeres artistas, contin&#x00FA;a el radical gesto de Peeters: afirmando que la disputa del territorio del arte es fundamental para encontrar una subversi&#x00F3;n personal e intersubjetiva, en la que bajo el recogimiento de lo propio y lo singular, ahora vuelto una mesa compartida, se posibilite configurar un espacio com&#x00FA;n, de lo que mira y es mirado, de lo que habla y calla. Todo ello bajo la certeza de una muerte venidera y la urgencia de romper con los c&#x00ED;rculos de violencia y dignificar la vida.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
<fn id="fn1"><label>1</label> <p>La Bienarte o Bienal Internacional del Arte Contempor&#x00E1;neo fue una exhibici&#x00F3;n Nacional y Centroamericana realizada en la primera y segunda d&#x00E9;cada de los a&#x00F1;os 2000, con al menos 8 eventos, organizada por la agrupaci&#x00F3;n Empresarios por el Arte. Esta, a lo largo de los a&#x00F1;os, se constituy&#x00F3; como el espacio reconocido y legitimado para los lenguajes contempor&#x00E1;neos, generando controversias y discusiones muy variadas.</p></fn>
</fn-group>
<ref-list>
<title>Referencias bibliogr&#x00E1;ficas</title>
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<title>Biograf&#x00ED;a</title>
<p><bold>Pablo Bonilla Elizondo</bold> es catedr&#x00E1;tico e investigador en la Escuela de Artes Pl&#x00E1;sticas de la Universidad de Costa Rica. Especialista en Teor&#x00ED;a del Arte y Semi&#x00F3;tica, su labor acad&#x00E9;mica se centra en el estudio de la imagen y su impacto en la cultura contempor&#x00E1;nea.</p>
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