Interspecies Dialogues: Cocreating with Bees
Centro Morelense de las Artes
gabydeisolbi@gmail.com
Espíritu Contreras, Zaira Eréndira 
Posdoctorante CONAHCYT en la Facultad de Artes, Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM)
zaira.espiritu@uaem.edu.mx
Recibido: 22-11-2024
Aceptado: 09-06-2025
Publicado: 30-09-2025

Citar como: Estrada De Isolbi, Gabriela; Espíritu Contreras, Zaira Eréndira. (2025). Diálogos interespecie: cocrear con las abejas. ANIAV - Revista de Investigación en Artes Visuales, n. 17, pp. 13-31, septiembre. 2025. ISSN 2530-9986. https://doi.org/10.4995/aniav.2025.22883
PALABRAS CLAVE
Diálogos interespecie; investigación artística; abejas; apicultura; arte transdisciplinario.
RESUMEN
Este artículo analiza el diálogo y posible colaboración interespecie facilitado por el arte, especialmente en la interacción con las abejas. El texto da cuenta de los resultados de un proceso de investigación artística transdisciplinario en el que convergen el arte y la apicultura. La realización de prácticas y objetos artísticos, con intervención de las abejas, funcionan como dispositivos para indagar las posibilidades del contacto interespecie. A través del análisis de la construcción de panales a partir de formas escultóricas, dadas por el proceso artístico, se exploran no solo las técnicas de manejo de abejas, sino también sus comportamientos y necesidades. El artículo retoma los postulados de la filósofa Donna Haraway, quien argumenta que los encuentros entre humanos y otras especies generan lazos significativos en diversos contextos de la vida cotidiana, incluida la apicultura.
KEYWORDS
Interspecies dialogues; artistic research; bees; beekeeping; transdisciplinary art.
ABSTRACT
This article analyzes the dialogue and possible interspecies collaboration facilitated by art, especially in the interaction with bees. The text reports the results of a transdisciplinary artistic research process in which art and beekeeping converge. The creation of artistic practices and objects, with the intervention of bees, function as devices to investigate the possibilities of interspecies contact. Through the analysis of the construction of honeycombs from sculptural forms, given by the artistic process, not only bee management techniques are explored, but also their behaviors and needs. The article takes up the postulates of philosopher Donna Haraway, who argues that encounters between humans and other species generate significant bonds in various contexts of daily life, including beekeeping.
El artículo es resultado de un proceso de investigación artística, el cual consistió en disponer objetos cotidianos dentro de una colmena para que fueran intervenidos por las abejas a partir de la construcción de sus panales. Esta práctica artística nos permitió indagar y reflexionar respecto a cómo –por medio de la contemplación de los comportamientos de estos insectos y las formas en que crean sobre superficies diversas– es posible establecer un vínculo, comunicación y comprensión de las abejas desde una perspectiva que se ubica en un “pliegue”1 entre el arte, la apicultura y la experiencia de vida. Este proyecto artístico transdisciplinar2, titulado Colmena: hogar compartido, se desarrolló como una práctica artística que nos permitió trabajar de forma muy cercana con las abejas, otorgándonos la posibilidad, por un lado, de interactuar e indagar con y sobre ellas a través de un tipo de investigación artística “indisciplinada o desde la indisciplina”3 (Calderón y Caro, 2020) y, por otro lado, abrir la reflexión, desde estos procesos de creación, hacia un diálogo transdisciplinario e intercambio de saberes y conocimientos, como el que generamos la antropóloga social e investigadora Zaira Espíritu y yo, como coordinadora y creadora del proyecto, para la redacción de este artículo.
El artículo se presenta en una estructura de “dos voces” que permite transmitir tanto la experiencia íntima y directa de la artista como una reflexión colectiva. A través de esta dualidad, el texto se convierte en un espacio compartido en el que se combinan perspectivas y saberes: la primera voz, cercana y profundamente conectada con el proceso artístico y los encuentros con las abejas; y una voz común, que surge del intercambio y análisis conjunto, entre una artista y una antropóloga. Así, el artículo no sólo documenta la investigación y creación, sino que también abre un espacio de diálogo transdisciplinario, permitiendo que la experiencia y el conocimiento se enriquezcan mutuamente y se entretejen en un relato que da cuenta de las posibilidades de relacionarse con las abejas a través del arte.
Mi trabajo como artista está ligado con mi historia familiar y de vida. Soy Gaby Deisolbi, creadora e hija de un apicultor, lo que me llevó a acercarme a las abejas a una edad temprana y entablar una relación con ellas distinta a la que tienen la mayoría de las personas. Diariamente, durante la infancia, las abejas me acompañaban dentro de mi casa y yo iba con mi papá a visitar sus casas: las colmenas. Esta indagación mutua dentro de nuestros espacios vitales continua hasta la fecha, pero fue a través del desarrollo del proyecto Colmena: hogar compartido que pude entablar no solo una relación personal con estos insectos, sino una colaboración directa con ellas.
Al analizar la interacción con las abejas desde el trabajo artístico, me di cuenta de que las conocía más de lo que yo pensaba. Este intercambio, o en palabras del filósofo Günther Witzany (2014) “biocomunicación”4, también se nutrió de un enfoque epistemológico diverso, ya que el proyecto otorga igual valor a los saberes de la apicultura, heredados por mi padre, que a los conocimientos científicos sobre las abejas y la información que las abejas comunican a través de sus comportamientos y formas de crear panales. Así, al incluir a estos insectos en mi quehacer artístico, busqué combinar conocimientos distintos con el objetivo de interactuar y trabajar con ellas desde una postura que, de alguna forma, busca empujar límites disciplinares. Este trabajo de investigación-creación parte de un enfoque que intenta ir más allá de una perspectiva científico-biológica sobre las abejas, lo que conlleva el reto de crear con agentes no humanos y con materiales poco explorados en la producción artística: panales de cera de abeja, sobre los que se tuvo que investigar y experimentar para lograr conservarlos, y respecto a los cuales aún no sabemos cómo se transformarán con el transcurrir del tiempo, ya que son materia viva.
La investigación artística explora y analiza procesos de creación en diálogo con la naturaleza, la apicultura, la observación empírica y la teoría sobre cómo se comunican las abejas y construyen sus panales. Con el objetivo de indagar sobre las posibilidades creativas, estéticas, matéricas, de conservación y discursivas de la producción artística a partir de la comunicación interespecie entre abejas y humanos. La pregunta que guía esta indagación creativa y el artículo es ¿cómo establecer y significar una comunicación interespecie entre humano y abejas a través del arte? La hipótesis a esta cuestión es que una forma de biocomunicación entre humano-abejas es posible a través de prácticas artísticas que partan de enfoques transdisciplinarios en los que la observación empírica, la apertura a la experimentación y el error, así como el registro constante del comportamiento de las abejas en ambientes distintos de los tradicionales –creados a partir del conocimiento de sus necesidades y considerando su bienestar– es esencial para entablar una comunicación con ellas. En el caso de este proyecto, dicho diálogo se configuró a través del intercambio de información con las abejas por medio de los panales, los cuales pueden considerarse como una bitácora de vida que las abejas escriben, la cual yo-humano interpreto al reconocer patrones y descifrarlos, permitiéndome de esta manera crear en conjunto con ellas y comprenderlas más a través de dicho proceso.
La particular metodología seguida para la práctica y producción artística del proyecto –entendida ésta en sí misma como un dispositivo de investigación perceptual y transdisciplinar– así como la documentación de cada uno de los procesos que articula fueron la vía para, desde esta forma de hacer, vincular el arte con la apicultura. Metodológicamente, en cuanto a sus procesos y materiales, la propuesta se aleja tanto de las formas tradicionales de hacer arte, como de las maneras en que los apicultores suelen trabajar con las abejas. Asimismo, al abrazar, desde la puesta en práctica, los conceptos de “especie compañera y comunicación interespecie” de Donna Haraway y “biocomunicación” de Günther Witzany, exploramos cómo los procesos creativos, que emergen del cruce entre saberes y disciplinas distintas, pueden operar como herramientas generadoras de un diálogo entre abejas y humanos que vaya más allá de una interacción que suele concebir a estos agentes no humanos sólo como recursos biológicos.
Por ser hija de un apicultor, desde una edad muy temprana consideré a las abejas parte de mi familia. Este proyecto se desarrolló principalmente a través de la convivencia, la empatía, la observación y con una metodología que se alimenta epistemológicamente de los conocimientos desarrollados desde mi profesión como artista, los saberes sobre apicultura de mi padre y las miles de interacciones que he tenido con las abejas a lo largo de toda mi vida. Experiencias de campo y vida a las cuales damos la misma importancia que a otro tipo de conocimientos dentro de esta investigación. Ante la imperante necesidad y emergencia de observar y aproximarnos al mundo desde una perspectiva que reconoce a todas las especies e influencia que generamos unas en otras mediante nuestras interacciones, se requieren nuevas herramientas para sentir, pensar y actuar desde el reconocimiento de este valor que poseen todas las especies. Esta perspectiva señala la necesidad de reflexionar y pensar más allá de jerarquías epistémicas, al respecto Marta Segarra, a través del diálogo que establece con Donna Haraway en relación con su trabajo –el cual está registrado en el libro El mundo que necesitamos– apunta lo siguiente:
[En] tu libro Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno […] aludes a numerosas obras literarias […], pero también temas <<científicos>> […] Tratas estos discursos sin imponer una jerarquía, pese a que normalmente se presentaría el discurso científico o la teoría y luego las <<ilustraciones>> artísticas o literarias de la teoría. Pero, en tu trabajo, los tratas por igual, como estudios de caso de igual relevancia, o como estímulos para el pensamiento y la reflexión. (Haraway y Segarra, 2020, p. 10)
Esta exploración articula la indagación sobre la comunicación humano-abejas a través de la práctica artística y un análisis teórico, desde una mirada crítica, del cual se obtuvieron diversas reflexiones. No nos interesa particularmente mostrar datos cuantitativos para formular leyes universales sobre la comunicación interespecie, sino utilizar la información obtenida como medio para abrir una brecha hacia el estudio y abordaje transdisciplinar de este tema, el cual ha sido primordialmente analizado desde el enfoque de las ciencias biológicas. Por ello en este proyecto, los datos teóricos –al articularse con el arte y la apicultura a través de la experimentación– son colocados en un contexto distinto, puestos en tensión para –a partir de esa dislocación– abrir un espacio a la libre interpretación, la imaginación, la construcción de nuevos cuestionamientos, la oportunidad de ver vínculos y conexiones entre aspectos antes percibidos como inconexos, así como la posibilidad de andar por diversas derivas de sentido, ya que la investigación artística no responde a un patrón científico. En este orden de ideas, Zaira Espíritu y Gerardo Suter Latour (2023) en su artículo “La investigación artística en el entorno académico” afirman: “La investigación artística, en cambio, no responde a este patrón [científico], porque su objetivo no es construir certezas; se caracteriza más bien, por su capacidad de indagar y de proponer estrategias que permitan configurar y lanzar nuevas preguntas” (p. 3).
Mis experiencias de vida –como una persona-artista que ha convivido toda su vida con las abejas– fueron esenciales para la configuración de herramientas vivenciales de indagación que me permitieron realizar esta investigación. El significado y presencia que tienen las abejas para mí fue lo que me llevó, digamos de forma orgánica, a incluirlas en este proyecto. Así como ellas estuvieron presente en mis espacios vitales durante mi infancia, con el proyecto Colmena: hogar compartido (Estrada de Isolbi, 2023) busqué estar yo presente en los suyos. Por tales razones, metodológicamente el proyecto implicó introducir en las colmenas algunos de mis objetos cotidianos. Entre estos objetos estaban, por ejemplo, la taza que usé durante mucho tiempo para tomar mi café por las mañanas. Metafóricamente dicho recipiente guarda una parte de mi historia y contiene momentos especiales de convivencia con mi familia y, por extensión, con las abejas.
Al estar presente en los hogares de las abejas de una forma simbólica –alojando en las colmenas objetos identitarios y cargados de sentido para mí, como la taza de café– exploré la posibilidad alegórica de hablarles a las abejas sobre mi propia vida y con ello abrir el canal de comunicación para que ellas me hablaran sobre la suya, esto a través de la construcción de sus panales alrededor de dichos objetos. Dicho proceso de intercambio fue el medio para compartir hogares al rehabitar nuestros espacios.
Los panales son una forma de escritura de las abejas, en los que ellas a diario registran sus historias de vida. A los cuales los humanos podemos dar lectura e interpretar para proporcionarles lo que necesitan con el objetivo de que la colonia tenga un buen desarrollo y permanezca sana. Así, para la producción del cuerpo de obra de este proyecto, tomamos en cuenta siempre el bienestar de estos insectos al suministrarles el alimento necesario, analizar con regularidad su estado de salud y respetar sus ciclos naturales en relación con los tiempos de floración y producción de miel. Tanto en las colmenas como en el estado silvestre en la naturaleza, las abejas por lo general construyen sus panales de una forma plana, de ahí que un hallazgo central de esta investigación, y motivo de análisis en este artículo, fue observar la magnífica adaptación que tuvieron las abejas al construir sus panales en formatos curvos, adecuándose a las formas de los objetos que les compartí. De esta manera, exploré una comunicación interespecie y de colaboración artística con estos insectos al llevar un registro de sus panales, una bitácora de sus procesos, analizar cómo se iban modificando las formas de intervención de las abejas, dar lectura a los panales y responder a estos escritos con acciones que contribuyeran al desarrollo, mantenimiento y bienestar de la colmena.
Diversos artistas han explorado la colaboración con las abejas, aportando perspectivas únicas a este diálogo interespecie. Por ejemplo, el artista chino Ren Ri destaca por su trabajo con esculturas de cera en las que guía a las abejas utilizando palitos de madera para que construyan panales dentro de cubos de acrílico transparente. Este proceso refleja un diálogo entre la intervención humana y la autonomía de las abejas. De manera similar, la artista canadiense Ava Roth investiga la intersección entre lo humano y lo no humano al integrar materiales mixtos –como textiles, cera de abeja, pigmentos– de manera que las abejas completan la producción al intervenir las piezas con la construcción de sus panales. Su obra invita a reflexionar sobre los puntos de encuentro entre la naturaleza y la fabricación.5 El eslovaco Tomáš Gabzdil Libertíny también ha dejado su huella, creando estructuras de metal o madera que sirven como guías para que las abejas completen la construcción de sus esculturas, fusionando su visión artística con la labor de estos insectos.
En el proyecto Colmena: hogar compartido, buscamos expandir estos diálogos artísticos con las abejas. Si bien esta investigación artística tiene puntos de confluencia con los referentes antes citados, no debemos obviar que esta se desarrolla en un contexto geográfico y biocultural particular, situado en un apiario familiar en el estado de Morelos, México: un estado campesino en el que la relación con la naturaleza es esencial para la subsistencia. Con la intención de explorar las complejidades de la comunicación y la colaboración entre humanos y abejas, al igual que Ren Ri, Ava Roth y Tomáš Gabzdil Libertíny, me interesó colaborar con las abejas, de forma respetuosa, para permitir que estos insectos expresaran su propia creatividad y estilo en la construcción de panales, mientras se fomentaba una simbiosis única entre la visión artística humana y la naturaleza intrínseca de estos polinizadores para construir su hábitat. Este enfoque no solo celebra la estética de la colaboración, sino que también subraya la importancia de comprender la comunicación interespecie resaltando la necesidad de poseer conocimientos apícolas y de fomentar una empatía auténtica hacia estos seres. Así se estableció una relación basada en la reciprocidad y el entendimiento profundo, promoviendo un ambiente de cooperación que beneficia a ambas especies.
Una de las características más importantes del proyecto es su firme compromiso con el bienestar de las abejas, priorizando este aspecto sobre la creación de una pieza artística. En este contexto, en Colmena: hogar compartido, las abejas crearon en condiciones favorables dadas por un ambiente estable y óptimo para su desarrollo. Este diálogo con agentes no humanos se tradujo en la construcción de panales sobre objetos diversos en condiciones que nos permitieron detectar y satisfacer continuamente las necesidades de las abejas, garantizando su salud y bienestar. Por ello, la selección del material para trabajar con las abejas y otros agentes no humanos desde una perspectiva “artística”, no puede o debe solo obedecer a factores estéticos, es fundamental priorizar siempre la salud de los seres con los que colaboramos.
Donna Haraway, Bruno Latour y Jorge Riechmann abordan en sus investigaciones la crisis ecológica que afecta al mundo contemporáneo, promoviendo un enfoque ético y relacional hacia la naturaleza y las especies no humanas. En este sentido, el proyecto desarrollado aborda la interacción con las abejas en tanto especie fundamental para el equilibrio ecológico. Jorge Riechmann (2023) sugiere que la humanidad debería abandonar la mentalidad de control sobre la naturaleza para avanzar hacia una cultura de relación cooperativa con el entorno. En esta misma línea, en esta propuesta de investigación-creación, el entendimiento y conocimiento de las necesidades de la especie Apis mellifera6, así como la comunicación establecida con estos insectos, fueron esenciales para generar un diálogo y cooperación interespecie. Pero, ¿podemos realmente comunicarnos con las abejas?, ¿cómo sortear las diferencias biológicas para lograr comunicarnos con agentes no humanos?
El momento preciso en que me di cuenta que existía un entendimiento a través de signos y una comunicación entre las abejas y yo fue cuando, junto a una amiga fotógrafa, intentamos registrar el comportamiento de las abejas para un proyecto de exploración creativa. Coloqué miel en el suelo para poder grabar y fotografiar a una abeja mientras comía, al poco tiempo supe que iba a volar y que debíamos apresurarnos para tomar la mayor cantidad de fotografías posible. Solo yo percibí el significado de sus sutiles movimientos. Interpreté que, al agitar sus patas y aletear de una manera específica, la abeja me estaba comunicando una respuesta positiva, ya que había satisfecho una de sus necesidades vitales: alimentarse. Con esos movimientos también me indicó que su siguiente acción sería emprender el vuelo. Al finalizar el trabajo, decidí convertir esa experiencia en una oportunidad más para dialogar con ellas. Al reflexionar sobre lo sucedido, confirmé que mi entendimiento y relación con estos insectos es más cercano que el que tienen la mayoría de los humanos. Ese conocimiento para descifrar sus comportamientos fue aprendido de mi padre, pero también lo fui desarrollando a través de las múltiples interacciones que he tenido con ellas a lo largo de muchos años. Entre esas interacciones destacan el análisis de sus movimientos, la observación de su comportamiento y la percepción que tuve, desde muy pequeña, al considerarlas mis amigas, y que ahora, en mi adultez, me permite vincularme con ellas desde lo afectivo y percibirlas no solo como una especie compañera, sino también como mi animal de compañía.
Es importante poner en contexto de porqué considero a las abejas más que una “especie compañera”, ya que quizá podría hablar de ellas en términos de “animal de compañía”. Según la filósofa Donna Haraway (2019) en su libro Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno,
[...] En mundos humano-animales, las especies compañeras son seres-en-encuentros comunes en la casa, el laboratorio, el terreno, el zoológico, [el apiario], el parque, el camión, la oficina, la prisión, el rancho, el anfiteatro, la aldea, el hospital humano, el bosque, el matadero, el estuario, la clínica veterinaria, el lago, el estadio, el establo, la reserva de vida silvestre, la granja, el cañón submarino, las calles de la ciudad, la fábrica y más. (p. 36)
En su libro Manifiesto de las especies de compañía: Perros, gentes y otredad significativa, Donna Haraway (2016) acuña el término especies de compañía, para definir los vínculos de parentesco que se establecen entre humanos y otros seres. “Especies de compañía” es una categoría más grande y heterogénea que “animal de compañía”, y no sólo porque la primera debería incluir seres orgánicos tales como el arroz, las abejas, los tulipanes y la flora intestinal, todos los cuales hacen de la vida humana lo que es y viceversa (Haraway, 2016, p. 20). Me atrevo a decir que las abejas para mí son más que una especie compañera, quizá el término “animal de compañía” se da generalmente a los seres que tienen una interacción directa y evidente con el humano, es por eso que tal vez los insectos para la mayoría de las personas no juegan un papel de compañía. Percibo a las abejas, por mi interacción con ellas, como animales de compañía porque son parte de mi familia. No, yo no llego y acaricio siempre a la misma abeja como acaricio a mi perro, pero, así como podemos determinar cuándo nuestro perro está contento porque mueve la cola o enojado porque gruñe, yo puedo detectar si una abeja está enojada por el movimiento de sus alas, si ya va a terminar de comer y va a volar porque se limpia la lengua y mueve sus patas de cierta manera. Es decir, hay una comunicación e interacción más cercana que la que yo establezco, por ejemplo, con el arroz. Sin embargo, creo que Donna Haraway no cataloga irrefutablemente a las especies, ya que esa catalogación va a ser determinada por nosotros a través del entendimiento y vínculo establecido con otras especies.
La necesidad de retratarme a través de objetos y que las abejas fueran parte de la producción de estos surge en el año 2019, en medio de la pandemia de la COVID-19. El distanciamiento social obligatorio, que me impidió tener contacto con mis padres por largo tiempo, me hizo añorar mi infancia, la convivencia con mi familia y con las abejas. Ello me condujo a recordar aquellos momentos cuando, de niña, acompañaba a mi papá a su trabajo para visitar los apiarios. La remembranza de esas visitas aún me transporta al pasado. Comencé a cuestionarme respecto a cómo incluir mi historia, mi familia y a las abejas en este proyecto creativo. Deseaba encontrar una forma de incorporarlas a estos autorretratos porque son parte fundamental de mi vida. ¿Qué pasaría si colocara objetos cotidianos, utilizados en mi hogar y vinculados a experiencias personales, dentro de las colmenas –el hogar de las abejas– como una forma de compartir y rehabitar nuestros hogares? De estos cuestionamientos también nace Colmena: hogar compartido.
Cuando las condiciones sanitarias relacionadas con la COVID-19 lo permitieron regresé al campo con mi padre. No solo me entusiasmó volver a verlo, sino la posibilidad de crear un proyecto con él y las abejas. Al reencontrarnos fuimos juntos nuevamente, como en mi infancia, a revisar las colmenas. Durante todo el trayecto brotaban recuerdos sin cesar: las visitas al río, los pícnics familiares cerca del apiario, el contemplar los cazahuates del monte —un árbol silvestre originario de México que produce unas flores blancas que resaltan por su color en las montañas y cuyo néctar, además, les encanta a las abejas—.
La primera etapa del proceso consistió en introducir los objetos en las colmenas para ser intervenidos por las abejas. De acuerdo a los conocimientos que compartió mi padre Enrique Estrada de la Mora –quien lleva más de cuarenta y cinco años trabajando con abejas, casi cuarenta años criando abejas reinas y permanentemente ha buscado un mejor entorno para estos insectos– me aconsejó trabajar siempre como lo hacen las abejas, adaptándonos a sus ciclos naturales y respetando en todo momento su bienestar y comodidad para evitar el trabajo extra de estos insectos. Por ello, para la intervención de las piezas, debimos esperar que dos tipos de factores estuvieran a nuestro favor. Primero, los factores externos, que comprenden todo aquello que nosotros no podemos controlar: un clima propicio, una temperatura adecuada, esperar la temporada de floración para que hubiera una mayor producción de cera y así respetar los ciclos naturales. Segundo, los factores controlables, que dependían de nosotros como: mantener las colmenas fuertes, saludables y descartar aquellos objetos que no cumplieran con los requerimientos de bienestar para la colonia, el que estuvieran hechos con materiales dañinos para las abejas o que, por sus dimensiones y formas, requieran de cierta manipulación que produjera incomodidad en ellas. Otro aspecto controlable determinante para elegir con qué objetos trabajar fue la consideración de su tamaño. Existen varias medidas de cámaras de cría y alzas que componen una colmena, en el caso de este proyecto utilizamos una cámara de cría7 jumbo que mide 42 cm × 52 cm × 31 cm, en la cual se introdujeron bastidores. Mientras que, en la parte superior, colocamos otra cámara de cría vacía para introducir cada objeto, uno a la vez. De esta manera aseguramos que las abejas quedaran protegidas, ya que si están expuestas a la intemperie son más propensas a ser atacadas por otros animales, que les hagan pillaje8 o que la cera sufra daño al estar expuesta al sol.
Una vez que los objetos se encontraron dentro de las colmenas no teníamos claro el tiempo que permanecerían ahí, ni tampoco el resultado estético de esta colaboración. A las colmenas normalmente hay que revisarlas cada semana y media para verificar su estado de salud y necesidades. En estas revisiones periódicas mi padre y yo tomamos registros, que asenté en una bitácora, de los procesos de construcción de las abejas y analizamos la transformación de las formas de intervención de estas en los objetos. Estas observaciones y trabajo de campo me dieron la oportunidad de explorar la colaboración y diálogos interespecie a través de sus panales (Figura 1 y Figura 2). Después de cuatro semanas de trabajo colaborativo con las abejas, mi padre y yo decidimos retirar los objetos y varias de mis preguntas tuvieron algunas respuestas. Para mi sorpresa, las abejas trabajaron bajo formas irregulares, no planas como lo hacen comúnmente en la naturaleza o en las colmenas, en este caso particular siguieron el patrón que yo establecí a través de las formas de los objetos que se dispusieron. Si bien el trabajo no fue uniforme —como suele suceder en un panal trabajado en un bastidor o de forma natural en un enjambre— la cera fue modelada irregularmente. Mi hipótesis es que este resultado está relacionado con dos factores: el primero repercutió sobre la forma del objeto y; el segundo, las abejas probablemente retiraron cera a fin de utilizarla para otros objetivos dentro de la colmena.

Figura 1. “Dos semanas de colaboración con las abejas”, Gaby Deisolbi, 2020.

Figura 2. “Tres semanas de colaboración con las abejas”, Gaby Deisolbi, 2020.
Después de cuatro semanas, las abejas también empezaron a introducir néctar y polen en los objetos (Figura 3). Dos horas después de haber retirado las piezas de las colmenas y haberlas llevado a mi estudio empecé a recibir nuevas visitas, hormigas y lagartijas comenzaron a alimentarse del néctar y polen almacenados en ellas. Esto me hizo replantear el proceso creativo en cuanto al tiempo de permanencia del objeto dentro de la colmena.

Figura 3. “Cuatro semanas de colaboración con las abejas”, Gaby Deisolbi, 2020.
Las abejas dialogan con los humanos a través de los relatos que escriben al producir sus panales, en ellos nos narran sus vivencias. A estos los considero una especie de retratos generados por dichos insectos, que preservan las miles de historias compartidas por un enjambre o colmena. Para mí, los panales de las abejas funcionan como bitácoras diarias sobre la historia de vida de la colonia, ante los que los seres humanos, en respuesta a estos comunicados, generan para las abejas un ambiente controlado que les proporciona mayores posibilidades de sobrevivir. Las abejas obreras, por ejemplo, entre la semana tres y seis de vida, a través de unas estructuras llamadas glándulas cereras, producen un líquido que brota de su abdomen y que en contacto con el aire se endurece en pequeñas escamas de cera, que posteriormente manipulan y moldean con su mandíbula para la construcción o reparación de sus panales. El color de la cera es blanco, pero en ocasiones puede cambiar dependiendo del color del polen almacenado en los panales, ello está determinado por el tipo de floración que existe en una época del año, zona específica o por el tiempo que han sido utilizados los panales por las abejas, entre más tiempo más oscura se pone la cera. A través de un panal podemos observar si la colonia está saludable analizando la postura, la cría, las reservas de alimento, la existencia de parásitos como la varroa u otras enfermedades. Estos son solo algunos ejemplos de las lecturas que le podemos dar a la cera trabajada por las abejas para entender su historia y seguir cultivando una sana y respetuosa relación interespecie con ellas.
Las relaciones entre factores múltiples, como los expuestos anteriormente, es posible observarlos en el resultado de un cuerpo de obra trabajado en colaboración con las abejas, el cual en el caso de este proyecto está compuesto por 21 retratos objetuales como yo les llamo (Figura 4, Figura 5 y Figura 6). Este proyecto nos reveló que la relación humano-abejas es mucho más profunda y transita en varios niveles. Las piezas artísticas detonan acciones sistemáticas que corroboran la biocomunicación. Las abejas son tan sensibles a factores externos que pueden ser consideradas como agentes fundamentales para medir las condiciones en la que se encuentra un ecosistema. Actualmente las abejas están en peligro de extinción y en muchas partes del mundo sobreviven gracias a los cuidados que les proporcionan los apicultores. La supervivencia de las abejas se ve amenazada por varios factores como: el daño que les hace un parásito llamado Varroa destructor, un ácaro que se alimenta de la hemolinfa y los tejidos grasos de las abejas. Este hospedador es originario de otra especie de abejas llamada Apis cerana, es por eso que la Apis mellifera, la especie con la que se colaboró para la producción de este proyecto, no tiene las mismas defensas adaptativas que la especie asiática y esto ha hecho que sea una de las principales amenazas para su vida. Otros factores de amenaza son el uso de neonicotinoides y otros pesticidas, la deforestación o pérdida de hábitat, el cambio climático y los monocultivos agrícolas. Pero ¿qué papel jugamos aquí los humanos? En principio, somos los principales generadores del cambio climático y la única especie que utiliza pesticidas dañinos para estos insectos (y otras formas de vida). Pero, paradójicamente, también somos los humanos quienes podemos explorar y configurar dispositivos creativos para dialogar con la naturaleza, por lo tanto, tenemos la posibilidad de encontrar formas que nos permitan colaborar con ella para preservarla.

Figura 4. Panal de abeja sobre objeto cotidiano, Retrato Objetual I, Gaby Deisolbi, 2021. Fotografía: Felipe Ortega

Figura 5. Panal de abeja sobre objeto cotidiano, Retrato Objetual II, Gaby Deisolbi, 2021. Fotografía: Felipe Ortega

Figura 6. Panal de abeja sobre objeto cotidiano, Retrato Objetual III, Gaby Deisolbi, 2021. Fotografía: Felipe Ortega
Si consideramos a los seres humanos como agentes de ayuda mutua con la naturaleza, es inevitable pensar en los apicultores. Ellos, por lo general, conocen profundamente a las abejas, las cuidan y las protegen con dedicación. El conocimiento necesario para interpretar las historias plasmadas en estas bitácoras de vida —los panales— resulta esencial para actuar, ya sea de manera consciente o inconsciente, en beneficio de las abejas. El trabajo de los apicultores se concentra en propiciar un ambiente en el cual se puedan desarrollar las colonias de una forma exitosa para ayudar a las abejas a sobrevivir. Tomando en cuenta los motivos por los cuales las abejas se encuentran en peligro de extinción, la tarea del apicultor comienza al seleccionar el territorio donde se colocarán las colmenas. Este debe tener ciertas características para que las abejas se desarrollen correctamente, por ejemplo: tener alguna fuente de agua sin contaminación cerca del apiario, para que estos insectos puedan beber de él, tener acceso a una diversidad de flores aptas para una alimentación variada y balanceada, también las colmenas deben estar alejadas de los cultivos que utilizan pesticidas y, por último, en países en donde hay presencia de abeja africana (Apis mellifera scutellata) –una especie muy defensiva, como es el caso de México, país en el que realizamos este proyecto– los apiarios por regulación oficial deben estar a cierta distancia de caminos o zonas habitadas. Muchas veces, el lugar elegido inicialmente, aunque parezca adecuado, debido a los cambios en el entorno derivados del paso del tiempo, pueden indicar la necesidad de trasladar el apiario a una zona más favorable y con mayores beneficios para la colonia. Esto nos permite constatar que, para lograr una comunicación efectiva entre especies, es fundamental establecer relaciones de cooperación e interconexión.
¿Qué pueden leer los apicultores y otros humanos en esas bitácoras (panales) que cambian día a día, en las que estos insectos nos comunican claramente su estado y sus necesidades? Las abejas, tanto en la naturaleza en colonias silvestres como domesticadas, ya sea en panales de formato plano o, como en este caso, en formas curvas construidas sobre objetos cotidianos, muestran siempre las mismas necesidades. Cada colmena utilizada en este proyecto contiene aproximadamente diez bastidores, dispuestos uno junto a otro (Figura 7), y los signos de lectura se repiten constantemente. En los bastidores centrales, la abeja reina deposita la cría para mantener una temperatura adecuada y, si observamos el panal de frente, justo en el punto medio, encontramos esta cría. A continuación, se coloca el polen, la principal fuente de proteínas; mientras que, en el siguiente segmento que da al exterior, colocan el néctar de las flores, la fuente de carbohidratos (Figura 7). En los bastidores externos las abejas generalmente almacenan alimento, pero, los objetos introducidos para su intervención fueron utilizados con esta misma función, producir cera y almacenar néctar y polen, algo similar a lo que sucede en los panales superiores que normalmente se tienen en las colmenas (Figura 3).

Figura 7. “Bastidor de una colmena”, Gaby Deisolbi, 2024.
¿Qué debemos medir a partir de la información que nos comparten las abejas? Para comprender mejor las necesidades de las abejas y su entorno es fundamental realizar diversas mediciones. Las reservas de alimento, por ejemplo, varían según la temporada: en época de floración las abejas aumentan la producción de cera para construir panales y almacenar alimentos que les permitan sobrevivir en los meses de escasez. Si las condiciones medioambientales no proveen los recursos necesarios, el apicultor debe intervenir, ya sea alimentando o medicando a las colmenas para preservar su salud y fortaleza.
La observación constante de los panales también permite identificar algunas enfermedades. El color de la cría, por ejemplo, indica su estado de salud: una cría sana se ve blanca, mientras que una coloración amarilla puede ser signo de enfermedad. Otro aspecto que puede observarse es la presencia de varroa, un ácaro que afecta tanto a las abejas adultas como a las larvas, aunque suele concentrarse en estas últimas debido a su vulnerabilidad. Este parásito se alimenta de la hemolinfa y otros componentes celulares, debilitando a las abejas y haciéndolas más susceptibles a enfermedades, cuando la colonia tiene poblaciones altas de este ácaro las abejas nacen con las alas deformes. Conocer estos detalles es esencial para entender a la colonia y proporcionarle las herramientas necesarias para mantenerse fuerte y saludable. Si las abejas perciben amenazas o no encuentran los recursos que necesitan en la naturaleza (algo cada vez más común debido a las dificultades ecológicas actuales), podrían abandonar sus colmenas o hábitats naturales. En estos casos, la intervención humana es crucial para su supervivencia. Estos son solo algunos de los factores que un apicultor, o artista que trabaje con ellas, debe comprender para satisfacer las necesidades de cada colonia y lograr una comunicación y colaboración interespecie.
En este proceso de biocomunicación y colaboración, las abejas transformaron mis objetos cotidianos (autorretratos objetuales), uniendo mi práctica artística con sus ciclos de vida. Al crear un entorno adecuado para ellas, observamos cómo las abejas responden saliendo a recolectar néctar, que luego almacenaron en los panales sobre mis autorretratos (los objetos cotidianos intervenidos). Este intercambio genera una relación simbiótica: las abejas cubren mis objetos con cera y almacenan alimentos en ellos, mientras que yo, como artista, intervengo en su hábitat para facilitar su bienestar. Este diálogo creativo entre especies es parte de un sistema mayor en el que las abejas cumplen un rol ecológico esencial.
Además de alimentar a su colonia, al recolectar néctar y polen, las abejas realizan una tarea fundamental para el ecosistema: la polinización. Este proceso es vital para la reproducción de numerosas especies de plantas. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés: Food and Agriculture Organization (FAO): “aproximadamente el 80 % de todas las especies de plantas con flores dependen de la polinización por animales, principalmente insectos, y representan el 35 % de la producción agrícola mundial”.9 Así, el proceso creativo no sólo da lugar a una obra estética, sino que se convierte en una herramienta de interconexión y cooperación entre humanos y abejas. Los objetos transformados por estos insectos son una mezcla de dos naturalezas: la mía como artista y la de las abejas, cuya existencia es esencial para la vida en la Tierra.
Las complejas interacciones entre abejas y humanos revelan no solo el enriquecimiento mutuo que ambas especies obtienen al compartir y entender su entorno, sino también la posibilidad de cocrear a partir de esta relación y de la interpretación de los panales como formas de escritura viva, diarios donde las abejas registran sus historias cotidianas. Al reflexionar sobre conceptos como “especie compañera”, “biocomunicación” y “comunicación interespecie”, se amplía nuestra comprensión de la colaboración entre agentes humanos y no humanos. En este marco, la creación artística con abejas no es una imposición de la visión humana ni una explotación de recursos, sino un proceso de cocreación que respeta los ritmos y dinámicas naturales de estos insectos. Esta interacción simbiótica sugiere una nueva ética de relación con la naturaleza, basada en el respeto, la empatía y la colaboración, donde ambos actores influyen mutuamente en su entorno.
Esta investigación articula la producción artística, el conocimiento apícola heredado, el trabajo en familia y la observación empírica, logrando establecer una forma de comunicación interespecie que no solo enriquece el arte, sino que nos invita a habitar el mundo de manera consciente, subrayando la necesidad de repensar el arte como una herramienta crítica que fomente una mayor conciencia ecosistémica. La metodología transdisciplinaria utilizada, que integra exploraciones empíricas, apícolas y artísticas, permitió un diálogo enriquecedor con las abejas, cuestionando las formas tradicionales de creación artística y promoviendo una relación respetuosa con estos seres. Al considerar a las abejas como agentes creativos y no como meros objetos de estudio o recursos naturales, el proyecto aporta un cambio de perspectiva, invitándonos a replantear nuestra relación con el mundo natural.
Por último, el trabajo también plantea reflexiones cruciales sobre los materiales en la creación artística y su impacto en las especies involucradas. La elección de materiales adecuados para las colmenas fue fundamental para asegurar el bienestar de las abejas, marcando un punto ético central en esta colaboración. Este proyecto se enmarca así en un contexto más amplio de reflexión sobre la crisis ecológica y la urgente necesidad de replantear nuestra relación con la naturaleza.
Calderón, N., y Caro, B. (2020). A manera de introducción. En N. Calderón y B. Caro (Coords.), ¿Indisciplinar la investigación artística? Metodologías en construcción y reconstrucción. Universidad Veracruzana, Instituto de Artes Plásticas, SPIA.
Espinoza Lolas, R. (2009). Deleuze: Leibniz... en torno a los pliegues. Revista de Filosofía, 21(28), 125–139. https://periodicos.pucpr.br/aurora/article/view/1153/1078
Espíritu Contreras, Z. E., y Suter Latour, G. (2023). La investigación artística en el entorno académico. Arte e Investigación, (23), e098. https://doi.org/10.24215/24691488e098
Estrada de Isolbi, G. (2023). Colmena: Hogar compartido [Tesis de Maestría en Creación Artística, Centro Morelense de las Artes]. Escuela de Investigación y Posgrado, México.
FAO. (s.f.). Polinización. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. https://www.fao.org/pollination/es](https://www.fao.org/pollination/es
Haraway, D. (2016). Manifiesto de las especies de compañía: Perros, gentes y otredad significativa. Sans Soleil Ediciones. (Trabajo original publicado 2003).
Haraway, D. (2019). Seguir con el problema: generar parentesco en el Chthuluceno (H. Torres, Trad.). Consonni.
Haraway, D., y Segarra, M. (2020). El mundo que necesitamos: Donna Haraway dialoga con Marta Segarra. Icaria Señales.
Riechmann, J. (2023, 21 de junio). Entrevista a Jorge Riechmann: La ecología política y el colapso civilizatorio [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=I3wYU87LPRU
Torija Aguilar, J. (2022). El humanismo a través de la transdisciplinariedad en el arte para la transformación social. Revista de la Educación Superior, 51(203), 15-32.http://resu.anuies.mx/ojs/index.php/resu/article/view/2216/618
Witzany, G. (2014). Biocomunicación de los animales. Dordrecht: Springer.
Gaby Deisolbi. Estudiante del Doctorado en Arte por la Universitat Politècnica de València, maestra en creación artística e historiadora del arte. Como docente, investigadora y creadora, explora la comunicación interespecie entre humanos y abejas. Ha realizado nueve exposiciones individuales y cincuenta colectivas en México, España y Estados Unidos.
Zaira Espíritu. Doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y Sistema Nacional de Investigadores - Candidata (SNII) del CONAHCYT. Docente en la Universidad Autónoma de Morelos, ha recibido tres becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Actualmente realiza una estancia posdoctoral en investigación artística y metodologías creativas en la construcción de saberes.
_______________________________
1 La noción de “pliegue” la retomamos de Giles Deleuze, quien, de acuerdo con Ricardo Espinoza Lolas (2009) la utiliza para referirse a
[...] ese plano de consistencia o inmanencia, de sensaciones, de materialidad, de cuerpo sin órganos que acontece y se abre creativamente. La materia, las cosas son compuestos siempre en movimiento de repliegue y despliegue; de un constante estar en pliegue, pliegue de pliegue de pliegue; la materia es, de suyo, barroca, se despliega al infinito; y las almas al ser simples se nos muestran como pliegues en ella, singularidades que abran puntos de vistas, perspectivas. (p. 131)
2 En relación a la noción de transdisciplinariedad retomamos la reflexión de Jaime Torija Aguilar (2022), quien señala lo siguiente:
En el segundo tercio del siglo xx se “instauró” la palabra transdisciplinariedad a través del epistemólogo y biólogo Jean Piaget para identificar fenómenos que no necesariamente tienen que estar circunscritos a las formaciones disciplinares tradicionales. Más adelante, se expandiría el concepto hacia otros campos del ámbito académico y así lograr encontrar nuevas respuestas a la complejidad del mundo actual. En este artículo trataremos la noción de transdisciplinariedad como el encuentro y disolución de diversas disciplinas, específicamente entre las ciencias sociales y el arte –en los últimos años las ciencias experimentales también encuentran una mutua relación– para lograr el equilibrio armónico entre el ser humano y la naturaleza (p. 19).
3 Natalia Calderón y Brenda Caro (2020) al respecto refieren: “La indisciplina es un concepto provocador y desestabilizante, especialmente si tenemos en cuenta que las metodologías de investigación las asumimos como procesos disciplinados o, mejor dicho, que asumimos que determinadas metodologías de investigación son las que otorgan validez y certeza al conocimiento. La iniciativa de explorar la indisciplina pretende cuestionar nuestros propios marcos de entendimiento y estructuras de significación y de aprendizaje. Es en ese sentido que, tal vez, la indisciplina pueda abrir algunas grietas, activar nuevas posibilidades en la retícula disciplinaria tanto de las instituciones como de los cuerpos. Por esto consideramos urgente emancipar la investigación hacia nuevas formas de organización que vinculen los saberes académicos y artísticos con la vida y con el sentido común. Situarnos en lo desconocido para aprender nuevas formas de ser, hacer, imaginar y pensar” (p. 6 y 7).
4 “[...] la comunicación se define como la interacción mediada por signos entre al menos dos agentes vivos, que comparten un repertorio de signos que se combinan en diferentes contextos para transportar contenido. Pero la biocomunicación de los animales integra la biología de más bien diferentes especies con sus competencias comunicativas” (Witzany, 2014).
5 Honeycomb Collection, serie artística de Ava Roth, reúne materiales tanto artificiales como naturales. La mayoría de las obras de la serie están compuestas por dos marcos. Dentro de un aro de bordado, Roth comienza a trabajar con cera, cuentas, tela, crin de caballo y otros materiales. Después, el aro se coloca dentro de un marco que se inserta dentro de una colmena. Así, las abejas construyen un panal que se integra naturalmente –e incluso invade– el trabajo de Roth. El resultado es una colaboración entre especies. Veáse en: https://mymodernmet.com/es/ava-roth-arte-abejas/
6 La abeja europea (Apis mellifera), también conocida como abeja doméstica o abeja melífera, es una especie de himenóptero apócrito de la familia Apidae.
7 Una cámara de cría es una caja que se coloca encima de la base de una colmena y en la que se mantiene a la reina y a la cría.
8 Pillaje se refiere al robo de alimento de una colonia a otra.
9 Veáse FAO (s.f.), Pollination, en: https://www.fao.org/pollination/es