Maternidad y creación:una aproximación híbrida1

Motherhood and Creation: A Hybrid Approach

García-del Blanco, Teresa

Universitat Politècnica de València
teresagdelblanco@gmail.com

Recibido: 28-05-2024
Aceptado: 29-10-2024
Publicado: 31-03-2025

Citar como: García-del Blanco, Teresa. (2025). Maternidad y creación: una aproximación híbrida. ANIAV - Revista de Investigación en Artes Visuales, n. 16, p. 47-61, marzo. 2025. ISSN 2530-9986. https://doi.org/10.4995/aniav.2025.21797

PALABRAS CLAVE
Maternidad; arte; parto; creación; arte contemporáneo; literatura; poesía; mujeres artistas.

RESUMEN
Como reflejan numerosos trabajos e investigaciones, las obras de mujeres artistas han sido generalmente invisibilizadas. Pero si ha existido una capa aún más oculta y menospreciada es la de aquellas propuestas que hablan de “temas de mujeres” o problemáticas femeninas. En este texto se plantea una revisión artística, literaria y poética de trabajos elaborados por mujeres que abordan la maternidad y concretamente el parto.

El trabajo surge y se nutre de la experiencia personal, que es el hilo conductor de la investigación y que entrelaza múltiples referentes generando un texto hibrido. La experiencia autobiográfica también es conocimiento que puede volverse universal y extrapolable. Participamos de las nuevas voces, los nuevos discursos que hablan sin tapujos y sin miedos de la maternidad, acompañándolo de una amalgama de artistas, escritoras y poetas que también lo hicieron.

KEYWORDS
Maternity; art; childbirth; creation; contemporary art; literature; poetry; women artists.

ABSTRACT
As reflected in numerous works and research, the works of women artists have been generally invisibilized. But if there has been an even more hidden and underestimated layer, it is that of those proposals that speak of “women’s issues” or feminine problems. This text presents an artistic, literary and poetic review of works by women that deal with maternity and specifically with childbirth.

The work arises and is nourished by personal experience, which is the guiding thread of the research and intertwines multiple referents generating a hybrid text. The autobiographical experience is also knowledge that can become universal and extrapolated. We participate in the new voices, the new discourses that speak openly and without fear of motherhood, accompanied by an amalgam of artists, writers and poets who also did it.

INTRODUCCIÓN

Si me paro a pensar en qué momento apareció mi deseo de ser madre, diría que cuando el amor invadió mi vida. Si pienso desde cuándo el germen maternal se instauró en mi cuerpo, diría que desde pequeña. Si analizo objetivamente de dónde nace ese ideal, surge, no tanto de las entrañas, ni de ese reloj que dicen biológico, y sí en gran medida del entorno, contexto y normalidad social. Fui criada en la religión cristiana, precisamente mi origen cristiano era un recordatorio invisible, pero constante, donde se daba por hecho la maternidad como futuro. Nadie dudó nunca que mi abuela sería madre, nadie dudó que mi madre también lo sería. Era un hecho.

Mi madre, a la que admiro profundamente, nació porque su hermano S. murió a los pocos días de nacer. Cuenta mi abuela que lloraba mucho y no mamaba. A los dos días, decidieron bautizarlo y a los cinco días murió. Aún estaba en cama cuando su madre le dijo: «¿Pero hija, no ves que está muerto?». Mi abuela siempre recuerda que S. estaba con los ojos abiertos. Lo llevaron caminando al cementerio seis niños en una caja pequeña y lo enterraron en una tumba en la tierra. En una clase de grabado nos mostraron una obra de Käthe Kollwitz: Mujer con niño muerto. Pensé en mi abuela al verla.

Históricamente ser madre para una mujer era prácticamente una obligación natural, ese debía ser su ansia vital, su trabajo, que además correspondía hacer con devoción y sacrificio. Era su rol principal. No nos hace falta irnos hasta la venus paleolítica de Willendorf donde fecundidad y mujer estaban unidas. Mujer y cuidados permanecían ligados necesariamente, aún hoy lo están. Dacia Maraini le explica a Perdi su hijo perdido, que: «La maternidad no es solo un hecho natural, es una manera de estar en el mundo. Es un valor que cambia según los siglos, según las condiciones de vida.» (Maraini, 2019, p. 40). El matrimonio y la maternidad (por supuesto primero uno y luego el otro, nada de uno sin el otro, y viceversa) eran pues la norma y la aspiración que debían tener las mujeres. La presión social era tal, que era prácticamente imposible salir airosa. Sor Juana Inés de la cruz no estaba dispuesta a sucumbir al matrimonio y al abandono de sus deseos de independencia y estudios y por eso se metió a religiosa. Curiosa paradoja (De la Cruz, 2023).

El tabú que envuelve a la maternidad, se da entre otras cosas, como consecuencia de algunas interpretaciones del cristianismo y que se afianza en el Concilio de Trento, derivando en una imagen de la mujer embarazada como algo impuro y vergonzoso que debía esconderse (Crespo, 2013). La expulsión de la maternidad del imaginario occidental, nos obliga a poner el foco en la resaca que aún hoy arrastramos y que hace que las representaciones a lo largo de la historia sean en proporción insuficientes.

Pero más allá de la historia, mi acercamiento, mi búsqueda y el motor de mi practica artística ha sido por supuesto la experiencia. Sin llegar tan lejos como el colectivo Polvo de Gallina Negra, que en 1987 generó un proyecto llamado ¡Madres!, donde se quedaron embarazadas para investigar el tema que les interesaba, me propongo compartir mi recorrido, mi experiencia como generadora de conocimiento y paralelamente los hallazgos que he ido recopilando en relación a la maternidad en el arte, centrado en el arte contemporáneo, el ensayo, la literatura y la poesía.

Figura 1. Käthe Kollwitz, Mujer con niño muerto, 1903. Fuente: Grandes mujeres artistas, 2021, Phaidon.

Figura 2. Polvo de Gallina Negra, ¡Madres!, 1987. Fuente: https://archivoartea.uclm.es/obras/madres/

Figura 3. Andi Galdi Vinko, Sorry I Gave Birth I Disappeared But Now I´m Back, 2022. Fuente: https://elpais.com/babelia/2022-07-14/del-miedo-y-la-rabia-al-arrepentimiento-y-la-aceptacion-la-maternidad-en-imagenes.html#

DESARROLLO

La maternidad, y con ello me refiero también al embarazo, parto y posparto, al trauma y la conciliación y por supuesto al cambio radical de mi existencia, generó en mí una necesidad de búsqueda que se traducen y se condensan en este texto. Escribir sobre la maternidad y sobre el cuerpo se volvió, como dice Claudia Rodríguez, en «un trabajo fundamental como el de tragar saliva» (Rodríguez, 2024, p. 209). Se convierte además en mi vuelta después de un parto traumático. Andi Galdi Vinko tiene un fotolibro sobre la maternidad que titula Perdón, di a luz, desaparecí, pero ya he vuelto (Sorry I Gave Birth I Disappeared But Now I’m Back).

Una de las primeras inquietudes vinculadas al arte que se manifestaron después de tener a mi primera hija, fue el cambio que se produjo en mi práctica artística. Después de una rápida búsqueda me pregunté: ¿cómo es posible que hubiera tan pocas mujeres a lo largo de la historia que hubieran abordado la maternidad y concretamente el parto en sus obras?

Para muchas artistas, tratar temas exclusivamente femeninos les producía rechazo y lo evitaban para que se las tomara en serio. De hecho, han sido muchas mujeres las que decidieron no ser madres para no tener que dejar de ser artistas. Pero, ¿es acaso una elección? ¿O, como dice Tillie Olsen, «un mecanismo coercitivo de opresión sexista»? (Olsen, 2022, p. 105). ¿Qué hay de las que sí quisieron serlo? Leí Autorretrato de Celia Paul. Cuando fue madre, le entregó su hijo a su madre para que lo cuidara y fue la abuela la que lo crió. Celia decía:

Me gustaría dejarlo todo por él. Me gustaría que la marea poderosa del amor maternal me arrasara y me llevara. Me gustaría que mis ambiciones y mis deseos se ahogaran conmigo. Pero al mismo tiempo hay un instinto que se opone: yo también tengo que salvarme. (Paul, 2022, p. 153)

En 1992 en una revista llamada M/E/A/N/I/N/G, se preguntó a las mujeres artistas que habían tenido hijos sobre el impacto de la maternidad en su carrera. La mayoría coinciden en varios puntos: la dificultad a la hora de compaginar cuidados y creación, la preferencia por no mezclar la familia con los agentes que intervienen en la difusión y exposición de las obras y el cambio producido en la producción artística (Bee y Schor, 2023). La revista Concreta en su número 22, coge el testigo y vuelve a realizar las mismas preguntas a artistas madres en la actualidad. (Lertxundi et al., 2023). Extraigo casi las mismas conclusiones. Esto pone de manifiesto que la elección de ser madre y artista supone una renuncia en la mayoría de los casos que no se da en el hombre artista y que, por supuesto, la experiencia de la maternidad repercute directamente en la obra, ya sea como tema o en modo de proceder. Desde que fui madre mi modo de ver el mundo dio un vuelco, la creatividad, el procesamiento, la ampliación del pensamiento, mis intereses, mis deseos y preocupaciones cambiaron. Por supuesto todas estas modificaciones participaron y enriquecieron mi proceso creativo. Las experiencias vitales nos atraviesan y median en la creación, ¿cómo no va a influir la maternidad?

Se sabe ya, gracias a un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience, que cuando una mujer tiene un hijo, el cerebro se modifica anatómicamente desde el momento en que comienza el embarazo. A esto se le llama matrescencia. (Paternina-Die, et al., 2024). En mi experiencia, estos cambios que se dan para la supervivencia del bebé, se aplicaron también en mi trabajo.

Las variaciones producidas en el cerebro no son las únicas. El cuerpo durante el embarazo, parto y posparto está en constante transformación. Mi cuerpo y mi yo se modificaron. Durante mi primer embarazo las trasformaciones corporales fueron las evidentes: se oscurecen los pezones, aparece la línea alba, los huesos se abren, los órganos se mueven, la piel se estira…

Figura 4. Senga Nengudi, RSVP I, 1977-2003. Fuente: Grandes mujeres artistas,2021, Phaidon.

Senga Nengudi habla de ese estiramiento y de la elasticidad del cuerpo en su pieza RSVP I 1977-2003, formas con reminiscencias corporales realizadas con malla de nailon y arena. Las náuseas y vómitos durante los cuatro primeros meses se alejaban un poco de la normalidad, sin embargo, en mi segundo embarazo sufrí hiperémesis gravídica. Totalmente incapacitante. Los vómitos me anulaban para la mayoría de tareas cotidianas. Kate Zambreno (2023) dice en Derivas: «…hay veces que solo soporto el extraño esfuerzo de mi náusea.» (p. 218). Pasaba el día en el lavabo, vomitando todo aquello que ingería, perdí peso y solo quería estar tumbada y que pasara el día, que por otro lado se hacía eterno. Los cambios los sentía como un castigo, Foucault (2010) dice en El cuerpo utópico: «Mi cuerpo es el lugar irremediable al que estoy condenado» (p. 8). Solo conocía a mi tía que había sufrido en varios de sus embarazos lo mismo. Cristina Pampín, periodista, fue la primera mujer conocida que vi hablando de manera pública de la hiperémesis.

Figura 5. Diane Arbus, Self-portrait with mirror, 1945. Fuente: https://collections.lacma.org/node/194314

Figura 6. Nicholas Nixon, Las hermanas Brown, 1975-2017. Fuente: Catálogo Nicholas Nixon, Las hermanas Brown, 2017, Fundación Mapfre.

Figura 7. Susan Hiller, Ten months, 1977-1979. Fuente: https://www.susanhiller.org

Las fotografías que guardo de mi cuerpo de los dos embarazos se vuelven universales en la individualidad. Diane Arbus tiene un bellísimo autorretrato embarazada Self-portrait with mirror (1945), donde me reconozco, me veo reflejada en ese espejo.

Descubro en el maravilloso catálogo de Las hermanas Brown una foto de 1992 donde una de ellas aparece embarazada. Su hermana posa la mano en su vientre y ella coge la mano de ella, mira a cámara con una enigmática sonrisa, como si supiera un secreto que nadie más conoce. Esa expresión misteriosa la encuentro también en la foto que me envía mi madre cuando estaba embarazada de mí. Aparece de lado, secundaria en una foto de mi padre y mi tío. Sentada en el brazo del sofá mira a alguien con una sonrisa, apenas se vislumbra un pequeño abultamiento.

E. hizo dos dibujos en mis dos embarazos, los recuerdo viendo dos fotografías, una de Harry Callahan y otra de Imogen Cunningham. Dos mujeres embarazadas sin rostro. Es sorprendente la apabullante semejanza y, a la par, la enorme distinción de los cuerpos en ese estado tan común y a la vez tan diferente e íntimo.

Cuando reviso las fotografías familiares estando embarazada, especialmente en el segundo embarazo, todo es barriga. Es inevitable posar la vista en ese bulto que sobresale. Susan Hiller aprovechó las fotografías que se había tomado a lo largo del embarazo, seleccionó el fragmento que correspondía a la barriga y los juntó en una pieza algo abstracta pero ciertamente interesante llamada Ten months (1977-1979).

Poco a poco vas sintiendo como tu cuerpo se aleja de lo que solía ser. Se desdibuja, se vuelve ajeno y va por libre. Se convierte en otro cuerpo distinto. Pienso en Brigitte Giraud y su libro Tener un cuerpo, éste se torna de alguna forma narrador, el cuerpo sensible, receptivo. «poco a poco voy estando poseída, y, por tanto, desposeída» (Giraud, 2018, p. 136).

La pieza que realicé después del nacimiento de mi primera hija Tú, yo, nosotros (2021) habla de la maternidad, de los vínculos, del cuerpo. Dos fotografías de gran formato, dos cuerpos detrás de dos pieles. En el proyecto inicial, había una tercera piel, más pequeña, pero resultó ser innecesaria. Tú, yo, nosotros hace referencia no solo al nosotros como pareja, si no al nosotros como familia. A partir de esta pieza, surgió la siguiente: Madre e hija (2022), donde las pieles se vinculan a través de un cordón umbilical y una placenta.

Figura 8. Teresa García-del Blanco, Tú, yo, nosotros, 2021-2022. Impresión digital sobre papel baritado. 113cm × 74cm.

Figura 9. Teresa García-del Blanco, Madre e hija. 2022. Látex coloreado, lana, alambre y tubo termoretráctil. Dimensiones variables. 176 × 200 × 108 aprox.

Figura 10. Helena Taberna, Nerabe, 1996. Fuente: https://www.helenataberna.com

El embarazo me resultó demasiado largo, el miedo y la espera infinitos. Al ver el cortometraje de once minutos de Helena Taberna, Nerabe (1996) tengo sentimientos encontrados. Siento cierta distancia con esa espera idílica, lánguida, colorida, poética, con juegos y bailes; sin embargo, me emociona muchísimo.

A las treinta y seis semanas de mi primer embarazo, comenzaron las contracciones y, después de muchas horas y del sufrimiento más atroz, nació mi hija. La mejor obra de mi vida. Mi carne en otra carne. Precisamente durante el embarazo leí que Louise Bourgeois decía: «Yo soy mi obra, me encarno en los objetos que fabrico» (Frémon, 2010, p. 40).

Pero me centraré en mi segundo y último embarazo que es el que nos ocupa, por último y por traumático. Marguerite Duras (2024) dice:

Es entre la cadera y los costados, en el sitio al que se da el nombre de flanco, donde ha ocurrido. En este sitio escondido, muy blando, que no recubre ni huesos ni músculos, sino órganos delicados. Ha brotado una flor. Que me mata. (p. 107)

La sintomatología, los cambios físicos y mentales parecían un presagio de lo que vendría después. Rakel Cusk (2023) en Un trabajo para toda la vida escribe: «Este mismo cuerpo encerraba la promesa de una violencia futura» (p. 32). Y así fue.

Lo primero que me ocurrió y que nunca antes había oído, es el terror a la muerte. La neurosis se apoderó de mí. La doctora en la ecografía de las cuarenta semanas dijo: «Es demasiado grande, hay que sacarlo ya, inmediatamente». En el informe que me dan pone: «PFE 4400-4600gr, se programa para finalizar gestación por feto grande. Entrego consentimiento informado para inducción.» (informe médico, 13 de marzo de 2023). Me imaginaba a mi hija como la pieza de Ron Mueck llamada A girl, un bebé hiperrealista gigantesco.

El miedo me corroe, un miedo negro. O, como señala Jazmina Barrera (2020): «Un miedo sin nombre» (p. 26). Pienso y le digo a E., «este bebé me va a desgarrar, me va a partir, no puedo imaginar cómo es posible que mi hija nazca sin destruirme.» (comunicación personal, 13 de marzo 2023). El nombre de mi hija parecía el presagio del génesis 3:16 «parirás con dolor». Me viene a la mente la pintura de Egon Schiele Tote mutter, madre muerta. Busco la imagen en las obras completas, me sobrecoge. La vida y la muerte, su vida y mi muerte.

Emma Talbot tiene una instalación llamada Sounders of the Depths que incluye una pieza explícita titulada A Your Birth, The Epic Historical Moment You Can’t Remember (2019), donde desgrana casi narrativamente el proceso del parto. Me resulta de gran interés por el material utilizado, el tejido. En la pieza que realicé en 2020, Placenta I realizada con tejido teñido y cosido, buscaba lo orgánico, y es precisamente el coser y el tejido lo que me ofrecía dicho atributo, no solo por sus características materiales, si no también simbólicas.

Figura 11. Teresa García-del Blanco, Placenta I, 2021. Tejido teñido, venda, cordón y pinza Kocher curva. Dimensiones variables.

Figura 12. Emma Talbot, Your Birth, The Epic Historical Moment You Can’t Remember, 2019. Fuente: https://www.emmatalbot.org

Figura 13. Johanna Hamann, Barrigas, 1979-1983. Fuente: https://hammer.ucla.edu/radical-women/art/art/barrigas-bellies

Tienen que provocarme el parto. Busco en internet y me aparece la palabra tocofobia que no conocía y que hace referencia al miedo patológico a morir durante el embarazo y el parto. Gioconda Belli (2023) dice: «Yo era un solo dolor miedoso, /esperando ver salir de entre mis piernas/ un sueño de nueve meses /con cara y sexo.» (p. 135).

Si la maternidad es un tema que ha sido pobremente representado, el parto concretamente es todavía más escaso. Johanna Hamann en la pieza Barrigas (1979-83) nos muestra una visión visceral a propósito de la maternidad en tres barrigas colgadas de yeso y resina. Más allá del cuestionamiento del papel de la mujer en la sociedad, mi interés se centra en la narrativa de la pieza y el tránsito de la materialidad, la carne y el tejido abierto, el desgarro y la crudeza. Un paralelismo claro con mi vivencia.

El parto es la experiencia más salvaje, animal y delirante que he vivido. Cuando pares, pierdes el juicio, estás en una especie de existencia paralela, una nebulosa que no se asemeja a nada que has experimentado antes. Hannah Höch en 1921 realizó una pintura titulada Die Geburt (nacimiento) donde exponía la dureza del parto.

Louise Bourgeois es una de las artistas que más ha representado el embarazo y el parto en diferentes medios. En esculturas como Do not abandon me (1999) o The arrival. En las láminas de acuarela de un rojo intenso, me trasladan de una manera directa y asombrosa a la imagen de mi sangre en la frente de la residente que sostuvo a mi hija al nacer y mi mano antes de entrar a quirófano.

Figura 14. Hannah Höch, Die Geburt, 1921. Fuente: https://frauenwelten.gnm.de/de/hannah-hoech

Figura 15. Louise Bourgeois, The birth, 2007. Fuente: https://www.mutualart.com/Artwork/THE-BIRTH/2EB8045B5726CEEA

Figura 16. Louise Bourgeois, The arrival, 2007. Fuente: https://www.moma.org/s/lb/collection_lb/object/object_objid-155785.html

Mi parto fue desastroso. Nada se parecía al primero. Después de la programación para la inducción del parto, acudimos al hospital muertos de miedo. Nadie estaba preocupado pese a la turbación de la ginecóloga que lo programó. No hay camas y E. no puede pasar hasta pasadas unas horas. Hago caso a lo que me dicen, primero maduración cervical con Propess.2. Les informo que con mi otra hija no hizo nada. Efectivamente nada ocurrió. Cada seis horas me revisan en paritorios. No es hasta el día siguiente que me ponen oxitocina y comienza el desastre. Respondo afirmativamente a lo que el equipo de ginecología me aconseja. Me dejo hacer, porque ellos saben y yo no, montan guardia y van apareciendo ginecólogas que deciden no irse, se quedan allí, por si acaso. Pasan las horas y hay una energía extraña, de tensión y miedo. Yo mientras tanto consiento. Respeto su criterio.

Apenas un mes después de descubrir que estoy embarazada, entre vómito y vómito leo Umbilical de Andrés Neuman, dice a propósito del parto de su mujer:

Dejo que le hagan mal por un bien que no veo. Colaboro con ese ritual de indefensión, zarandeos y furia intravenosa. Apenas consentido, todo tiene la cualidad implícita del suero. No me sublevo y soy la humillación del cómplice, el cuerpo que calla. (Neuman, 2022, p. 51)

Nació mi hija, fue efectivamente «El momento en que dos mundos se encuentran» (Olds, 2017, p. 167). Escuché el crujir de la carne y después todo fue muy rápido. Mi hija me desgarró completamente. Tuve un desgarro grado IV, el de mayor gravedad y el menos frecuente. En el informe pone: «Desgarro obstétrico grado IV con rotura completa y separación de cabos del EAE de 120°. Rotura de 1,5 cm de longitud del EAI. Desgarro de la mucosa anal. Sangrado y edema de todos los tejidos de la zona». Y añade: «Reparación esfinteriana doble más reconstrucción del tabique anovaginal. Complejidad quirúrgica: Grado V/V MÁXIMA.» (informe médico, 18 de marzo de 2023). Ojeando un libro de 1925 sobre obstetricia de mi bisabuelo, me quedo estupefacta. No aparece el grado IV, pero del III dice:

En la rasgadura perineal de tercer grado sobreviene además una incontinencia de heces (imposibilidad de retener voluntariamente las materias fecales y los gases) que necesariamente ha de tener las peores consecuencias. Este padecimiento crea un estado de grandes sufrimientos. El contacto de las heces con las nalgas y los muslos determina un eritema doloroso, la fetidez continua consecuencia de tal estado, dificulta el trabajo y el trato social de tales mujeres.” (Stoeckel, 1925, p. 906)

La obra de Judi Chicago Birth Tear-Tear (1982) de la serie Birth Project me impresionó cuando la vi. A pesar de leer que este proyecto «constituye un homenaje arrebatado a la figura de la madre» (Mayayo, 2003, p.112), supone para mí la representación pictórica y literal de mi experiencia. El cuerpo abierto, desgarrado en lo más profundo.

Figura 17. Judi Chicago Birth Tear-Tear, 1982. Fuente: https://judychicago.com

Figura 18. Bill Viola, Tríptico de Nantes, 1992. Fuente: Catálogo Bill Viola Guggenheim Bilbao, 2017, La fábrica.

Me llevaron al quirófano de urgencia. Por primera vez en mi vida, creí que iba a morir. Me encontré repentinamente como en el Tríptico de Nantes de Bill Viola en una misma experiencia, pero en un orden distinto. Primero el nacimiento, luego la muerte y después un estado simbólico, suspendida, flotando, fuera de mí.

Después de un parto semejante, el cuerpo se vuelve un escrito involuntario, mi cuerpo habla del dolor y el miedo, habla de mi hija. Leire Bilbao (2023) dice: «Nadie dirá tu nombre /mejor que mi cuerpo.» (p. 35).

En Diario de duelo, Roland Barthes después de la muerte de su madre escribe: «Durante meses fui su madre» (2021, p. 66). En algunos momentos del posparto, especialmente en la fase hospitalaria, dependía completamente de mi hija para habitar mi cuerpo. Inspiraba su aliento que desprendía un olor dulzón y suave. Ella hacía que volviera en mí. Marguerite Duras dice en Cuadernos de guerra: «A veces cuando bosteza, respiro de su boca, el aliento de su bostezo. No soy una madre chiflada. No vivo más que de esta risa, de este aliento.» (Duras, 2024, p. 201).

Me encontraba en un estado completamente disociado los tres primeros días. En los ratos que reaparecía, lloraba desconsoladamente. El dolor y el miedo se habían adueñado de mí y no encontraba el modo de gestionar lo ocurrido. Deseaba ser etérea. Adrienne Rich (2019) dice: «El cuerpo ha acabado siendo tan problemático para las mujeres que a menudo han preferido prescindir de él y viajar como un espíritu incorpóreo.» (p. 85).

Cada movimiento por pequeño que fuera, era doloroso. El sentir, también era doloroso. García Lorca en Yerma escribe: «Lo mío es dolor que ya no está en las carnes» (1994, p. 88). Pero yo tenía una hija recién nacida, era necesario amamantarla, cogerla, calmarla. Tenía otra hija que estaba al cuidado de mis padres y que también me generaba ansiedad. ¿Cómo cumplir con las exigencias, las expectativas en mi estado? Con la máscara. En mi cuaderno escribí: «Me visitan médicos continuamente y yo entiendo que tengo que hablar, porque si no sería raro».

Figura 19. Rineke Dijkstra, Julie, Den Haag, 1994. Fuente: https://www.tate.org.uk/art/artworks/dijkstra-julie-den-haag-netherlands-february-29-1994-p78097

Figura 20. Ana Alvarez-Errecalde, El nacimiento de mi hija, 2005. Fuente: https://alvarezerrecalde.com

Salían muchos cables de mi cuerpo, la epidural con bomba de infusión que no supe usar hasta que solicité que me la quitaran, un drenaje para la sangre, una sonda para la orina y la vía con más droga. Si me hubieran hecho una foto después de parir, ni siquiera hubiera podido aparecer de pie, como en las fotos de Rineke Dijkstra, o como las de Ana Alvarez-Errecalde, llena de sangre, sí, con la placenta, sí, pero también con ese brillo en los ojos y esa felicidad propia del nacimiento de un hijo.

Después de cuatro días, a petición mía, S., la cirujana (mi ángel de la guarda), me dio el alta a cambio de estar en casa como si estuviera ingresada en el hospital. Reposo absoluto, nada de carga, ningún peso, (no coger a mis hijas), poco movimiento y alguien que se encargara de limpiarme delicada y concienzudamente y curarme cada vez que fuera al baño. En el cuaderno escribí: «y luego está él, la intimidad escatológica».

La lactancia es un trabajo a jornada completa. Jazmina Barrera (2020) contabilizó con una aplicación el tiempo que pasaba lactando, eran ocho horas. El inicio siempre es difícil incluso para la que ya no es primeriza. Las grietas aparecieron la primera noche, el dolor era horrible. Janine Antoni tiene una pieza preciosa e impecable llamada Destete. Fundida en la pared, aparece una serie, un proceso materializado en unos vaciados de su pecho, el pezón, las tetinas del biberón.

Durante el primer mes deseaba continuamente esconderme y desaparecer. Acurrucarme y que alguien me abrazase, o como hace Eglé Rakauskaité en In honey volver al útero materno, meterme en la Womb room de Faith Wilding y esperar para poder volver siendo la persona que era antes de parir. Pero evidentemente una ya no vuelve a ser la misma.

Fue una cura de reposo obligatorio. Charlotte Perkins Gilman lo supo muy bien con las recomendaciones que le hicieron después de una depresión posparto «llevar una vida lo más doméstica posible», «restringir la actividad intelectual a dos horas al día» (Perkins, 2023, p. 90). La crianza en sí misma, a veces ya supone esta cura de reposo, inmovilizada, supone un plus añadido.

Figura 21. Janine Antoni, Destete, 1989-1990. Fuente: https://www.janineantoni.net

Figura 22. Eglé Rakauskaité, In honey, 1993. Fuente: El cuerpo del artista, 2006, Phaidon.

Figura 23. Faith Wilding, Crocheted Environment, 1972-1995. Fuente: Grandes mujeres artistas, 2021, Phaidon.

Estuve fuera de mí los tres primeros meses. Tenía un miedo atroz que, de algún modo, me protegía de percibir la vida tal y como era. Me sentía La loca de la puerta de al lado. Alda Merini (2020) dice: «El miedo es todo lo que me abstrae prodigiosamente de la vida» (p. 76).

La rehabilitación en algún momento fue atroz. Realizo una escala de puntuación (Edinburgh Postnatal Depression Scale) que dice que una puntuación mayor de 12 es motivo de preocupación (Stern et al., 2005). Mi puntuación es de 26. Contesto en relación al momento presente, pasado un año del nacimiento de mi hija, la situación parece seguir siendo preocupante. La puntuación es 18.

Estoy inquieta, tengo un bulto en el cuello que descubrí estando embarazada y que a veces me duele, se me duerme el brazo y la pierna y me encuentro realmente deprimida. La apatía es generalizada, apenas salgo, no quiero ver a nadie, estoy constantemente irritada, lloro mucho. Pienso continuamente en la muerte y en los desastres horribles que pueden suceder. Valérie Mréjen en Tercera persona (2021) dice: «Ya no pueden vivir sin temblar de antemano. Todo lo ven de manera diferente, potencialmente dolorosa y trágica.» (p. 55).

Así que después de un año de infinitas citas con cirugía, ginecología y rehabilitación, decido ir al médico de cabecera por primera vez. No paso por la puerta y los ojos me empiezan a gotear sin control, soy incapaz de articular palabra. ¿Me voy a morir? Mar García Puig sufrió depresión posparto, en La historia de los vertebrados (2023) cuenta: «…me rompo en un cavernoso llanto y le digo que voy a morir, y no puedo morir, tengo dos hijos. ˝Ya no puedo morir—le grito—. Soy madre. ˝» (p. 28). Mi amiga L. me pasa el teléfono de una psicóloga experta en depresión posparto, lo guardo en mi agenda, pero no llamo, todavía. Confío en la creación como mi salvavidas.

Ojeando por encima una biografía de Sibilla Aleramo me topo con esto que escribió en la vejez:

El destino de la mujer, mucho menos feliz que el del hombre, tiene un privilegio que el hombre siempre le envidiará: el privilegio de lograr, con su maternidad, durante los instantes que suceden a la tortura del parto, el éxtasis más intenso, ligado a la naturaleza humana, un éxtasis superior al del amor—incluso al más perfecto—, superior también al que —creo— alcanza el genio en los momentos de la creación, solo comparable al del santo en sus arrebatos místicos. (De Ceccatty, 1996, p. 47).

Sibilla abandonó a su hijo.

No puedo hacer prácticamente nada, mi segunda hija, a diferencia de la primera, es imparable desde muy pequeña. Tiene un nervio que no me permite siquiera realizar algunas de las tareas básicas de la casa, sentarme a leer, escribir o bajar al estudio a trabajar es prácticamente imposible. Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes (2017), hablando de su oficio dice: «Después nacieron mis hijos, y yo, al principio cuando eran muy pequeños, no lograba entender cómo se podía escribir teniendo hijos.» (p. 95).

La necesidad de crear y no poder se convierte en algo doloroso, incluso la creación misma se vuelve desgarradora. Gertrude Kolmark expone: «Toda creación poética es para mí un parto. (Los dolores son a veces atroces)» (Gutiérrez, 1996, p. 21). La pintura de Monica Sjöö llamada Dios dando a luz donde se ve la figura de una mujer pariendo, parece una buena representación. La creación, como el parir, la creación dolorosa, violenta.

Almaceno y archivo todo lo que tiene que ver con mis hijas. Voy reuniéndolo como si fuera un tesoro. Recojo el tiempo pasado. Soy una coleccionista de lo que se van desprendiendo. Mary Kelly en Documento posparto nos muestra sus propias reliquias junto a fragmentos de su diario. En una especie de desahogo nos habla de la ansiedad por separación (que suele atribuirse siempre al hijo) «subrayando en este caso las consecuencias para la madre» (Davey, 2020, p. 69).

Solicito mi expediente médico. Tarda un mes y medio en llegar por correo certificado. Los documentos (por cambio de domicilio y asignación de otro hospital), corresponden exclusivamente a mi último embarazo, parto y posparto. Aproximadamente cien páginas que incluyen, además de los informes y los consentimientos informados firmados, la cardiotocografía3 del parto. Comienza a las 8:54 h y termina cuando nació mi hija a las 20:55 h. Al ver el resumen gráfico de trece horas ininterrumpidas en tan solo 25 páginas sin ningún dato más allá de la hora de la epidural, me sobreviene una especie de histeria, mi cuerpo se revela por una sensación física de injusticia, el cuerpo sabe y recuerda y esas hojas resultan ser un relato ajeno. Me pongo a garabatear en la libreta de proyectos.

Figura 24. Monica Sjöö, God giving birth, 1968. Fuente: Arte y feminismo, 2005, Phaidon.

Figura 25. Mary Kelly, Post-partum Document, 1976. Fuente: https://www.frieze.com/article/mary-kelly

Figura 26. Lea Lublin, Mon fils, 1968. Fuente: Juan Albarrán, 2019. Performance y arte contemporáneo. Cátedra.

Lea Lublin realizó en 1968 un performance llamado Mon fils donde se dedicaba a cuidar a su hijo, alimentarlo, jugar con él. Después de uno de los años de mi vida más complicados emocional y físicamente llevo a mi hija a la guardería, durante los últimos dos meses del curso, para ver si soy capaz de terminar este texto. La dejo y me voy corriendo. No puedo ver si llora porque me desmorono. Llego a casa, me hago un café y me pongo a escribir. Me duele la barriga. A las once llamo al colegio, me dicen que se encuentra bien, jugando en el patio. Sonrío. Estoy asediada por torres de libros y el ordenador, miro a mi alrededor y la casa me parece diferente, extraña. No se escuchan los pasitos de mi hija por el comedor, no oigo el sonido de mis libros caer sin parar de la estantería, no escucho el silencio previo a la trastada, su voz, hablando ese idioma desconocido…

CONCLUSIONES

Se necesitan referentes para reconocerse, para ver que una es muchas también, que no estamos tan solas ni tan chifladas, también para comprender otras experiencias, pero es ineludible encontrarlos, nos ayuda a pensarnos de otros modos. La búsqueda que realicé durante estos últimos cuatro años, por un lado, me ha permitido ver a artistas en diferentes disciplinas (una pequeña muestra aparece en este texto); pero, por otro lado, me confirma el primer pensamiento que tuve: no es suficiente. Necesitamos más. Necesitamos dejar atrás ideas anticuadas y erróneas, necesitamos traspasar tabúes, poner el foco en un tema tan universal y trascendental como la maternidad. La maternidad nos atraviesa. Necesitamos más referentes, más bibliografía, abundante, variada, que sobre, que nos empachemos, tal y como se ha hecho con cuestiones esenciales como el amor, el deseo o la muerte. La práctica artística se empapa de experiencias y esta, como tantas otras, ha de tener cabida. Debe tener su espacio, sin vergüenzas ni menosprecio, como un tema más que pueda ser explorado y abordado por aquellas artistas que lo deseen.

FUENTES REFERENCIALES

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BIOGRAFÍA

Teresa GarcĂ­a del Blanco (Valencia, 1991). Escultora, diplomada en Magisterio de Educación Especial, graduada en Terapia Ocupacional, máster en Neurociencia Cognitiva y Necesidades Específicas de Apoyo Educativo. Actualmente está finalizando el grado en Bellas Artes en la Universitat Politècnica de València.

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1 El presente trabajo se aborda en primera persona, la mezcla entre la experiencia personal y el encuentro con diferentes referentes, conforma un texto híbrido que queremos presentar tal y como se conformó, permitiendo al texto la poética y crudeza de lo biográfico.

Este texto es el inicio de una investigación con perspectivas de futuro. Una primera aproximación para una investigación basada no solo en los referentes aquí expuestos, si no en la propia práctica artística.

2 Propess contiene el principio activo dinoprostona 10 mg y se utiliza para ayudar a comenzar el proceso del parto, siempre que se hayan completado 37 semanas de gestación. (https://cima.aemps.es/cima/dochtml/p/62088/P_62088.html)

3 Registro simultáneo de la frecuencia cardiaca fetal y de las contracciones uterinas. https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/cardiotocografia#:~:text=f.,y%20de%20las%20contracciones%20uterinas.